La creadora japonesa falleció a los 97 años tras más de siete décadas de trayectoria. Sus instalaciones con espejos, luces y patrones repetitivos la convirtieron en una de las figuras más reconocibles del arte contemporáneo.
El mundo del arte despidió a Yayoi Kusama, una de las artistas japonesas más influyentes de las últimas décadas, quien falleció a los 97 años en un hospital de Tokio.
La noticia fue confirmada por su estudio, que destacó la extensa trayectoria de la creadora y su permanente dedicación al arte. Kusama continuó trabajando hasta poco antes de su muerte, manteniendo una producción que atravesó distintas disciplinas, desde la pintura y la escultura hasta las instalaciones, el performance y la literatura.
Durante más de siete décadas, la artista construyó un lenguaje visual propio a partir de lunares, redes, espejos, luces, calabazas y patrones repetitivos, elementos que terminaron convirtiéndose en parte de su identidad artística.
Una trayectoria marcada por el infinito
Kusama nació el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón. Desde temprana edad comenzó a experimentar visiones y alucinaciones que influyeron posteriormente en su manera de crear y en la repetición de formas que marcaría buena parte de su obra.
En 1957 se trasladó a Estados Unidos y al año siguiente comenzó a exhibir en Nueva York. En esa ciudad desarrolló parte importante de su propuesta artística, con pinturas, esculturas e instalaciones que exploraban conceptos como la repetición, la infinitud y la desaparición del individuo.
Sus característicos lunares fueron adquiriendo nuevas dimensiones con el paso de los años. Dejaron de aparecer solamente sobre telas y comenzaron a cubrir objetos, esculturas y espacios completos.
Las obras que marcaron su carrera
Entre sus creaciones más reconocidas están las “Infinity Mirror Rooms”, instalaciones en las que espejos, luces y elementos repetidos generan la sensación de encontrarse dentro de un espacio que continúa indefinidamente.
Una de las primeras obras de esta serie fue “Infinity Mirror Room—Phalli’s Field”, presentada en 1965. A partir de entonces, Kusama desarrolló numerosas instalaciones que profundizaron su exploración del infinito y la percepción.
También destacó “Infinity Mirrored Room—All the Eternal Love I Have for the Pumpkins”, donde sus conocidas calabazas aparecen multiplicadas mediante el uso de espejos y luces.
Otro trabajo fundamental fue “Infinity Nets”, una serie de pinturas formada por pequeñas marcas repetidas hasta construir extensas redes sobre las superficies. Estas obras fueron especialmente relevantes durante sus primeros años en Nueva York.
En 1966 presentó “Narcissus Garden” en la Bienal de Venecia. La instalación estaba compuesta por cientos de esferas metálicas reflectantes que generaban múltiples reflejos y planteaban una reflexión sobre la imagen, el ego y la relación entre el espectador y la obra.
Las calabazas y los lunares como sello artístico
Las calabazas se transformaron en uno de los principales símbolos de Kusama. La artista comenzó a incorporarlas en su producción a fines de la década de 1940 y posteriormente las llevó a pinturas, esculturas e instalaciones.
Entre ellas destacan las reconocibles calabazas amarillas cubiertas de puntos negros, que terminaron convirtiéndose en una de las imágenes más asociadas a su trabajo.
Los lunares también ocuparon un lugar central en su propuesta. La repetición de estos patrones permitió a Kusama cubrir superficies completas y desarrollar la idea de una expansión visual que parece no tener límites.
Cuando Kusama llegó a Chile
La obra de Yayoi Kusama también pudo ser apreciada en Chile. En 2015, Santiago recibió la exposición “Yayoi Kusama: Obsesión infinita”, retrospectiva que reunió más de 100 obras realizadas entre 1950 y 2013.
La muestra se presentó en el Centro de las Artes 660 (CA 660) y permitió al público conocer distintas etapas de la trayectoria de la artista japonesa mediante pinturas, esculturas, trabajos sobre papel, videos e instalaciones.
Uno de sus principales atractivos fueron precisamente los espacios inmersivos, donde los espejos, las luces y los patrones repetitivos modificaban la percepción del visitante y lo introducían en el particular universo visual de Kusama.
Su paso por Santiago permitió acercar a Chile una parte de la obra de una artista que convirtió sus experiencias personales y obsesiones en un lenguaje reconocible en distintos lugares del mundo.
Con su muerte, el arte contemporáneo pierde a una de sus figuras más singulares. Sin embargo, el universo de lunares, espejos, calabazas e infinitos construido por Kusama durante décadas continuará formando parte del imaginario artístico contemporáneo.
El Maipo




