La iniciativa del INIA y el Gobierno Regional de Arica y Parinacota busca mejorar la producción de semillas de la alfalfa «Alta Sierra», un ecotipo adaptado a la salinidad y al boro que se cultiva desde hace siglos en los valles de Camarones y Lluta.
En los valles de Camarones y Lluta, donde la radiación solar es extrema y el agua es un recurso limitado, sobrevive un legado agrícola de más de 300 años: la alfalfa «Alta Sierra». Este ecotipo ancestral, introducido originalmente por los españoles y seleccionado durante generaciones por comunidades aymaras, es el foco de un proyecto de rescate liderado por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA Ururi).
La iniciativa cuenta con el financiamiento del Gobierno Regional de Arica y Parinacota y busca conservar, multiplicar y mejorar la producción de una semilla clave para la ganadería del extremo norte. La alfalfa alimenta a miles de animales, entre camélidos, ovinos y caprinos.
Una semilla adaptada al desierto
El proyecto «Alfalfa ancestral Alta Sierra para una ganadería sustentable» busca resolver una de las principales dificultades que enfrenta esta variedad: la baja producción y calidad de sus semillas.
«La ‘Alta Sierra’ está perfectamente adaptada a estos territorios. El problema es que su semilla, producida de manera casi artesanal, tiene una germinación muy baja, entre 30% y 60%, además de muchas impurezas», explicó el doctor Luis Inostroza, director del proyecto y especialista en praderas del INIA.
El investigador agregó que la semilla tampoco cuenta con inoculación de rizobios, bacterias que cumplen un papel clave en la fijación de nitrógeno en el suelo.
Una de las principales características de la alfalfa «Alta Sierra» es su capacidad para crecer en terrenos con altos niveles de salinidad y boro. Estas condiciones pueden afectar seriamente a otras variedades comerciales, pero la semilla ancestral ha logrado adaptarse a ellas durante generaciones.
La producción podría quintuplicarse
Pese a su resistencia, la producción de semillas continúa realizándose principalmente mediante métodos artesanales. Esto limita el rendimiento y dificulta la expansión de los cultivos.
Mientras en la zona central de Chile se pueden obtener hasta 1.000 kilos de semilla por hectárea, en Arica y Parinacota la producción llega actualmente a unos 100 kilos por hectárea.
El proyecto contempla una inversión superior a los $118 millones y busca aumentar esa cifra hasta los 500 kilos por hectárea. Para lograrlo, se aplicarán técnicas como siembra de precisión, riego tecnificado y polinización asistida.
La iniciativa beneficiará a más de 400 familias agricultoras de comunas como Putre, Arica y Camarones. La alfalfa resulta especialmente importante para una región donde la pradera natural es prácticamente inexistente.
Buscan incorporar la semilla al registro oficial
Otro de los objetivos del proyecto es lograr la inscripción de la alfalfa «Alta Sierra» en el registro oficial del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).
Si el proceso resulta exitoso, los agricultores podrán multiplicar y comercializar la semilla con respaldo oficial. Además, el proyecto contempla la creación de una red de agricultores especializados en su producción.
El gobernador regional, Diego Paco Mamani, destacó que la iniciativa busca generar beneficios económicos directos para las comunidades rurales.
«Esta inversión pública está pensada para entregar herramientas reales que mejoren los ingresos de las familias del campo, fortalezcan la economía local y, sobre todo, creen nuevos puestos de trabajo desde el territorio», señaló.
El proyecto se extenderá por dos años. Como parte de sus resultados, también contempla la elaboración de manuales técnicos que quedarán disponibles en la Biblioteca Digital del INIA.
El Maipo




