Aunque el reciente sistema frontal dejó precipitaciones en la zona central y aumentó temporalmente los caudales de ríos y esteros, especialistas y organizaciones vinculadas a la gestión del agua advierten que la situación de la cuenca del río Maipo continúa siendo delicada. La escasa acumulación de nieve en la cordillera y el prolongado déficit hídrico mantienen la preocupación sobre la disponibilidad de agua para consumo humano, agricultura y ecosistemas durante los próximos meses.
La inquietud quedó reflejada hace algunas semanas cuando la Junta de Vigilancia del Río Maipo Primera Sección (JVRM) y Aguas Andinas solicitaron a la Dirección General de Aguas (DGA) declarar zona de escasez hídrica por un año. Según explicaron ambas entidades, la medida permitiría contar con herramientas de gestión más ágiles para enfrentar un escenario marcado por la reducción sostenida de las precipitaciones, la disminución de la nieve acumulada y un menor aporte de agua proveniente del deshielo.
El río Maipo constituye la principal fuente de abastecimiento de agua potable para gran parte de la Región Metropolitana y, al mismo tiempo, sostiene una intensa actividad agrícola en comunas como Talagante, Isla de Maipo, El Monte, Peñaflor, Buin, Paine y Melipilla. Por ello, cualquier disminución prolongada en su disponibilidad tiene consecuencias ambientales, sociales y económicas para miles de personas.
A la preocupación por la disponibilidad del recurso se suma el retroceso de los glaciares de la cordillera. Entre ellos destaca el glaciar Echaurren, considerado uno de los principales indicadores del comportamiento hídrico de la cuenca, que ha perdido cerca del 65 % de su superficie en las últimas décadas como consecuencia del cambio climático. Esta situación reduce progresivamente la capacidad natural de alimentar el río durante los meses más secos del año.
Frente a este escenario, distintos actores públicos y privados impulsan proyectos orientados a fortalecer la seguridad hídrica de la cuenca. Entre ellos figura Retorno Maipo, iniciativa que busca reutilizar aguas tratadas para destinarlas al riego agrícola durante períodos de sequía extrema, permitiendo liberar agua del río para el abastecimiento de Santiago cuando las condiciones lo requieran. La propuesta forma parte de una estrategia de adaptación al cambio climático basada en la gestión integrada de la cuenca.
Especialistas coinciden en que las lluvias invernales representan un alivio momentáneo, pero no resuelven una crisis que se arrastra desde hace más de una década. Por ello, sostienen que la protección del río Maipo requiere una planificación de largo plazo, una gestión coordinada entre instituciones y un uso cada vez más eficiente del recurso hídrico para enfrentar los efectos del cambio climático.
El Maipo




