Lunes, Mayo 25, 2026

Claves para evitar las colisiones de aves con estructuras urbanas, según una red de ciencia participativa | ENTREVISTA

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Por Astrid Arellano

En Colombia, miles de aves migratorias atraviesan cada año ciudades iluminadas, ventanales transparentes y edificios que reflejan fragmentos de cielo, árboles y humedales. Muchas no logran distinguir el paisaje real de su reflejo y terminan chocando contra el vidrio. El problema ocurre en silencio, en balcones, oficinas, conjuntos residenciales y casas comunes. Durante mucho tiempo, esas muertes parecían accidentes aislados. Hoy, gracias al trabajo de la Red de Colisión de Aves (REBECA), comienzan a entenderse como una problemática ambiental invisibilizada.

“Las aves simplemente están realizando sus actividades cotidianas como volar, buscar alimento, resguardo o pareja”, describe Jasbleady Castañeda, bióloga de la Universidad Pedagógica Nacional y cofundadora de la red. “En esas actividades terminan confundiendo el reflejo con la realidad y chocando contra un ventanal”, agrega.

Red de Colisión de Aves - REBECA - Colombia
Taller sobre colisión de aves en Cali, Colombia. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

La iniciativa nació en Bogotá hace tres años, impulsada por Castañeda y Gina Patiño, ingeniera ambiental de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Lo que comenzó como una red local rápidamente se convirtió en una plataforma nacional de ciencia participativa: ciudadanos de distintas regiones empezaron a enviar fotografías, coordenadas y registros de aves colisionadas contra estructuras urbanas. Actualmente, REBECA cuenta con cerca de 500 registros de todo el país, datos recopilados y sistematizados para identificar patrones, especies afectadas y zonas de mayor riesgo.

En Mongabay Latam conversamos con Castañeda sobre los hallazgos de la red y las soluciones que han ido construyendo para transformar la relación entre las ciudades y la biodiversidad que las atraviesa.

Red de Colisión de Aves - REBECA - Colombia
Jasbleady Castañeda (izq) y Gina Patiño (der), cocreadoras de REBECA. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿Cómo nació la idea de crear REBECA? ¿En qué momento identificaron que las colisiones de aves contra estructuras urbanas eran un problema urgente de atender en Colombia?

—Se creó inicialmente como Red Bogotana de Colisión de Aves, pensando en la capital de Colombia porque es el lugar donde residimos y porque aquí se desarrolló el trabajo de grado de maestría de Gina con relación a colisiones de aves.

También buscamos unir esfuerzos con algunas actividades que yo ya venía realizando sobre una de las especies migratorias que llega a nuestra ciudad: la tingua azul (Porphyrio martinica). Había algunos indicios de la importancia de trabajar colisiones porque muchos de los reportes que llegaban sobre esta ave provenían de choques en ventanales.

Desde ahí surge la idea de crear una red que permitiera generar estrategias pedagógicas, toma de datos y algún tipo de solución que ayudara a mitigar las colisiones. Aunque se creó para Bogotá, muy rápidamente —casi a los tres meses— personas de otros lugares de Colombia nos empezaron a escribir solicitando que también se pudiera reportar desde otros lugares y por ese motivo iniciamos a trabajar como Red Nacional de Colisión de Aves (REBECA).

Red de Colisión de Aves - REBECA - Colombia
Divulgación sobre colisiones de aves con la comunidad de Soacha, en Cundinamarca. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿En qué momento identificaron que la ciudadanía podía convertirse en una fuente clave de datos científicos sobre colisiones de aves?

—La ciencia participativa en Colombia ha venido usándose con más frecuencia. Cada vez hay más proyectos de este tipo y entendimos que recibir reportes de la ciudadanía era la forma más fácil de obtener datos, porque además podíamos hacer la curaduría de la información recibida.

Ya conocíamos la ciencia ciudadana por las actividades que cada una desarrollaba en campo: reportábamos en plataformas como iNaturalist o eBird. Entonces pensamos que algo así también nos podía funcionar. Ahora las personas reportan a través de nuestro sitio web mediante un formulario y también por redes sociales.

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Colisión de mirla buchipecosa (Catharus ustulatus), documentada en 2024. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿Qué fue lo que más les sorprendió cuando comenzaron a recibir los primeros reportes ciudadanos sobre choques de aves?

—Varias cosas. Por un lado, no pensamos que obtendríamos información tan rápido, porque creímos que tal vez no eran tantos los casos de colisiones en la ciudad y en Colombia en general. Algo que nos sorprendió bastante fue que una de las hipótesis iniciales era que la mayor cantidad de aves chocaban en edificios de gran altura y que los vidrios tipo espejo, que se están usando mucho en las ciudades, eran el gran problema. Con el tiempo nos hemos dado cuenta de que no es así.

Apenas comenzaron a llegar los datos, encontramos que los choques de aves ocurrían en los primeros pisos. La mayoría de los registros que recibimos corresponden a colisiones cercanas a estructuras entre uno y cuatro pisos. Eso nos sorprendió muchísimo.

Por otro lado, los vidrios tipo espejo no resultaron ser el principal problema. Aproximadamente el 70 % de los registros provienen de vidrios comunes y transparentes, como los que tenemos casi todos en nuestras viviendas. Eso quiere decir que el problema está en los lugares más cotidianos que habitamos.

Red de Colisión de Aves - REBECA - Colombia
La mayoría de las colisiones de aves ocurren en los primeros cuatro pisos de un edificio. Infografía: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—Ustedes hablan del “efecto de continuidad de paisaje”. ¿Por qué ocurre este fenómeno?

—El fenómeno de continuidad de paisaje tiene que ver con el reflejo. Los vidrios y las superficies planas, al recibir la luz del sol o la iluminación en general, generan reflejos. Cuando hay choques de aves contra ventanales, casi siempre tiene que ver con que existe cercanía con vegetación, bosques, cuerpos de agua o reflejos del cielo. Las aves confunden ese reflejo con la realidad.

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Colisión de reinita gorjinaranja (Setophaga fusca), documentada en 2026. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—A partir de los registros, ¿qué patrones empiezan a aparecer sobre los tipos de estructuras más peligrosas para las aves?

—Hay varios patrones. Además de que muchos choques ocurren en estructuras bajas, también encontramos que en muchos casos las estructuras tienen iluminación exterior. Esa iluminación genera el mismo efecto de continuidad de paisaje durante la noche, que es justamente cuando migran muchas aves.

Además, las edificaciones contemporáneas usan muchísimo vidrio. Antes el vidrio era utilizado en pequeñas cantidades, pero actualmente hay construcciones donde prácticamente toda la pared es de ese material. Eso genera un inconveniente muy frecuente. También hemos encontrado que muchas personas están construyendo en zonas rurales o boscosas donde replican el tipo de construcción urbana. Allí también empieza a haber problemáticas que creíamos que no ocurrían tanto en las ruralidades.

Todavía es difícil hablar de construcción ecosostenible en las ciudades que pueda tener muros o techos verdes y amigables con las aves. Apenas estamos empezando a hablar de eso.

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Taller de la Escuela REBECA en El Humedal Córdoba, ubicado en el noroccidente de Bogotá. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿Han identificado ciudades o temporadas específicas del año donde las colisiones aumentan significativamente?

—Los datos aún no nos permiten hablar de puntos específicos en Colombia porque llevamos apenas tres años recogiendo información y queremos ser responsables con lo que entregamos. En Bogotá, que es donde más hemos recolectado datos, sí tenemos indicios de zonas con mayor cantidad de registros, especialmente cerca de zonas verdes, cuerpos de agua, humedales, bosques urbanos y los cerros orientales.

Pero sí hay un indicio importante que coincide con estudios realizados en otros lugares del mundo: octubre es el mes en el que más registros recibimos. Desde septiembre empiezan a aumentar, pero octubre es el pico más alto. Eso coincide con la migración boreal de aves provenientes del norte, de Estados Unidos y Alaska.

Entre 2023 y 2026 hemos obtenido casi 500 registros. Solo para octubre tenemos más de 100. Eso nos empieza a mostrar cómo está funcionando el fenómeno de las colisiones en el país.

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Talleres de divulgación de REBECA en universidades. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿Qué porcentaje de esas aves sobrevive a las colisiones?

—De esos casi 500 registros, alrededor de 300 corresponden a aves que perdieron la vida, según lo que reportan las personas en el formulario. Sin embargo, varias probablemente mueren minutos después, algo que ocurre con muchísima frecuencia.

Aunque no siempre podemos hacer una trazabilidad completa, sí nos encargamos de entregar información a las personas para que sepan qué hacer en ambos casos: si el ave quedó con vida o no. En algunos casos sabemos que las aves llegaron a centros de rehabilitación. Muchas personas buscan atención profesional cuando encuentran aves heridas.

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¿Qué hacer si un ave está herida por choque? Infografía: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿Cuáles son las especies migratorias o residentes que más colisionan en Colombia?

—Nosotras sacamos mensualmente un top de aves que colisionan y desde 2023 tenemos cinco especies principales. La primera es el vireo oliváceo (Vireo olivaceus). La segunda es el cuco americano (Coccyzus americanus). La tercera es Catharus ustulatus, conocida aquí como mirla buchipecosa. Luego está la reinita gorjinaranja (Setophaga fusca) y la tángara rojinegra (Piranga olivacea).

Las cinco son especies migratorias del norte. Esto nos habla de problemáticas relacionadas con una alta urbanización y la histórica fragmentación de ecosistemas. Son aves que tienen que atravesar ciudades que cada vez se urbanizan más rápido y con edificaciones cada vez más altas.

Las aves migratorias cumplen funciones ecológicas fundamentales, como dispersión de semillas y control de otras especies. Por eso es un tema que nos preocupa bastante. El porcentaje de aves migratorias que hemos recibido está cerca del 70 % frente a las residentes.

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Datos de REBECA a partir de reportes participativos de 2023 a 2026. Infografía: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿Qué retos han enfrentado para convencer a arquitectos, constructoras o autoridades de que este es un problema ambiental serio?

—Hemos desarrollado estrategias pedagógicas y divulgativas. Diseñamos kits de bajo costo para instalar en ventanales y reducir choques de aves. Nos hemos acercado a facultades de arquitectura y al gremio de diseño. Contrario a lo que creíamos, no hemos encontrado resistencia, sino mucho desconocimiento sobre lo que está ocurriendo con las especies.

Uno de los retos más importantes es lograr que quienes diseñan y construyen las ciudades conozcan la ecología urbana y entiendan cómo generar construcciones más amigables y funcionales ecológicamente para generar una conexión distinta con la naturaleza.

También ha sido un reto acercarnos a públicos distintos a la comunidad ambiental. Generalmente quienes se acercan primero son ecólogos y biólogos, pero hemos tratado de conectar con otros gremios, facultades, empresas e incluso creadores de contenido para comunicar información en conjunto.

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La cartilla «¿Cómo reducir los choques de aves en ventanales?». Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿Qué medidas sencillas se pueden aplicar en hogares, oficinas o edificios para prevenir las colisiones?

—Una de las recomendaciones es apagar las luces exteriores, especialmente en época migratoria, a partir de septiembre. También recomendamos cerrar cortinas para evitar reflejos adicionales. La prevención es fundamental. Marcar los ventanales con adhesivos adecuados en tamaño, color y distancia ayuda muchísimo para que las aves perciban un obstáculo visual y eviten la colisión.

Hemos venido mejorando nuestro kit durante casi cuatro años. Incluye adhesivos para dos metros cuadrados de ventanal, un certificado de pertenencia a la Red REBECA —porque estamos tratando de ampliar una red nacional que divulgue y que reconozca la problemática de colisiones—, una plantilla guía para saber a qué distancias instalar los adhesivos y un manual de instrucciones.

Es un kit de bajo costo pensado para el contexto colombiano, al alcance de las personas. Aunque el kit genérico es de dos metros cuadrados, también ofrecemos soluciones personalizadas para ventanales más grandes.

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Kit anticolisión de aves. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—Crearon la Escuela REBECA. ¿Qué han aprendido sobre la relación entre las personas y las aves urbanas cuando trabajan directamente con comunidades?

—Colombia ha venido fortaleciendo muchísimo el conocimiento sobre las aves. Somos el país con mayor biodiversidad de aves y eso nos pone una gran responsabilidad sobre sus problemáticas. Cuando hacemos ejercicios pedagógicos y divulgativos, las personas participan muchísimo y esto se vuelve un voz a voz.

La Escuela REBECA ha sido un programa de formación donde enseñamos desde qué es un ave hasta primeros auxilios para aves colisionadas, para que las personas sepan qué hacer. Hemos entendido que generar red y acercarse a las personas es lo que permite que la problemática se conozca y se reduzca. En los talleres, muchas personas nos dicen: “Sí, yo he visto colisiones de aves”, pero no lo identificaban como un problema porque es algo tan recurrente que se volvió cotidiano, sin diferenciar que está teniendo un alto impacto en la ecología.

Ese acercamiento también permitió crear un grupo de voluntarios a nivel nacional y llegar incluso a zonas de difícil acceso, como en toda la franja amazónica de Colombia. Actualmente, tenemos 21 voluntarios a nivel nacional y 20 voluntarios en Bogotá. Desde 2023 hemos logrado llegar a casi 7000 personas mediante talleres, procesos formativos y actividades pedagógicas. Tenemos alianzas con más de diez universidades, corporaciones ambientales y empresas privadas.

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Instalación comunitaria del kit anticolisiones. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

—¿Qué mensaje les gustaría dejar?

—Conocer la biodiversidad cercana a los lugares que habitamos es parte de entender las problemáticas que esas especies pueden tener. Debemos informarnos sobre la avifauna y tomar decisiones a tiempo para prevenir.

Este es un problema global. Estamos perdiendo porcentajes muy altos de aves en el planeta. Reconocer que esto es un problema y tomar acción es lo más importante. Cada vez más entidades entienden que este tema debe estar en la agenda pública y debe formar parte de las decisiones urbanísticas. Se trata de construir juntos y de que la información sea pública y accesible para todos.

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Programa de voluntariado en Bogotá. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

*Imagen principal: taller de la Escuela REBECA en El Humedal Córdoba, ubicado en el noroccidente de Bogotá. Foto: cortesía Red de Colisión de Aves (REBECA)

El Maipo/Mongabay

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