La idea de nombrar biministros (e incluso triministros) como respuesta a problemas coyunturales y sin que esté precedido por una reflexión global sobre cómo se dividen las tareas ministeriales, no tuvo en el pasado buenos resultados, y han sido de existencia efímera.
Evaluar un cambio de gabinete no es tarea sencilla y cabe analizar si, junto con resolver los problemas de personal político, este aborda las dificultades de fondo de la gestión gubernamental. En lo referido a la primera dimensión es evidente que la exministra de Seguridad, como afirma el rector Carlos Peña, estaba “desprovista de cualquier plan o idea razonada acerca del quehacer”. En el caso de la hasta esta semana ministra Secretaria General de Gobierno, sus vocerías no hicieron más que complicar a la administración: “Estado en quiebra”, la confusión respecto de la situación procesal de Apablaza, las vacilaciones acerca de la soberanía de Chile en el estrecho de Magallanes, el “barril de petróleo a 2 euros”, entre otras.
Respecto de si los cambios abordan los problemas de fondo, la respuesta es clara: NO. Ambas exministras son chivos expiatorios que ayudan a encubrir los problemas de fondo de la administración. Qué duda cabe que fue un error comunicacional que Trinidad Steinert reconociera que no tenía plan para enfrentar la prioridad de Kast, pero el problema de fondo era que el programa de Kast carecía de un plan que proponerle desarrollar a la ahora exministra.
De tanto descalificar al Gobierno anterior y sostener que lo que se necesitaba para combatir al crimen organizado, abordar los diferentes mercados criminales, los problemas en las cárceles, la falta de regulación de la inmigración, era “coraje” y “convicción”, Kast no hizo lo que se requería: trabajar seriamente en una política de seguridad.
En relación con la exministra Sedini, su designación siempre resultó un misterio, pero criticarla por no ser “un muro de contención frente a las controversias políticas, que evitaran que estas terminaran afectando directamente al Presidente” es simplemente abusivo y machista. La única persona que puede operar antes que una disputa entre ministros salga a la luz pública y resolverla adecuadamente es el Presidente de la República.
El que Kast haya “sido sorprendido” por la discusión entre el ministro de Vivienda y de Hacienda sobre los recortes a la política de “reconstrucción”, denota una preocupante falta de liderazgo presidencial y de claridad respecto de las orientaciones y efectos de esa política.
Ello alude a un problema tanto o más grave: la priorización de la reducción del déficit fiscal, agravado por la reducción de los impuestos a las grandes empresas y sus propietarios, vía reducción del gasto, que por su magnitud solo puede ser enfrentada con la reducción del gasto en salud, educación, pensiones, vivienda y seguridad, lo cual augura graves dificultades.
El round Poduje-Quiroz es el más visible. En el caso de Salud, la ministra ha sido más (excesivamente) cautelosa en la defensa del presupuesto. El problema radica en que el Gobierno enfrenta un dilema de proporciones. Si bien es indiscutible que es necesario y posible mejorar la gestión de la salud pública, por ejemplo, ello no significa que no sea necesario mantener el actual presupuesto, sino que incluso aumentarlo.
El candidato Kast se comprometió a bajar las listas de espera. Ello implica una mayor inversión en el sector público, ampliación de las jornadas de trabajo y/o recurrir a compras de servicios al sector privado, lo que implica mayores gastos. Esto no calza con la reducción del presupuesto de Salud. A ello se agrega el aumento de los costos como efecto de la demanda de la población por una atención de mejor calidad.
Los problemas en Educación, aunque la población estudiantil tiende a bajar por la caída de la tasa de natalidad, son también exigentes, si el objetivo es adecuar la calidad de la educación a las demandas aceleradas del cambio tecnológico y la educación cívica de la población.
En Vivienda, el déficit habitacional tiende a subir. Ello ha sido ratificado por un estudio reciente de la Universidad de los Andes, que indica que el 80% de los hogares no puede adquirir una vivienda. En seguridad, basta ver cómo ha recrudecido el crimen en las últimas semanas.
Problemas de gestión
Junto con los problemas estructurales de la política gubernamental, el Gobierno enfrenta serios problemas de gestión política. El primero se relaciona con el efecto político de intentar resolver de forma no dialogante la reducción de los impuestos y el déficit fiscal.
Más allá de que es discutible que los medios sean efectivamente conducentes, como ha dejado en evidencia el documento de los economistas de la Red de Centros de Pensamiento Progresista, titulado “Crecimiento, empleo y responsabilidad fiscal”, se trata de una modalidad no dialogante y apoyada en un pirquineo de votos, que si bien permitió aprobar en primer trámite constitucional el llamado “Proyecto de Reconstrucción”, lo cierto es que es difícil que ello se repita de la misma manera en el Senado, por lo que dejará heridas que afectarán el futuro proceso legislativo.
Más aún, el clima conflictivo se puede extender al mundo social, al implementarse el proceso de recortes.
El segundo se refiere a las tensiones entre la asesoría personal del Presidente (el Segundo Piso) y el gabinete. Si bien el cambio ministerial deja mejor posicionado al ministro del Interior, al asumir como ministro Secretario General de Gobierno (más allá de que Peña tiene razón al dudar de las capacidades comunicacionales del ministro Alvarado), no se ve un cambio en la forma en que se estructura la relación entre el Segundo Piso y el equipo ministerial.
Kast funciona con su equipo de siempre. Es indicativo que, al asumir el Gobierno, Alvarado ni los otros ministros políticos estuvieran informados del proyecto de “Reconstrucción” radicado en el Segundo Piso y Quiroz. Como ha señalado el presidente de la UDI, pese a retoques menores, Quiroz espera aprobar el proyecto de ley indicado sin cambios, cueste lo que cueste políticamente.
El tercer problema tiene que ver con que dos ministros hayan asumido una segunda cartera: el ministro del Interior la Secretaría General de Gobierno y el ministro de Transportes y Telecomunicaciones el gigantesco Ministerio de Obras Públicas.
La idea de nombrar biministros (e incluso triministros) como respuesta a problemas coyunturales y sin que está precedido por una reflexión global sobre cómo se dividen las tareas ministeriales, no tuvo en el pasado buenos resultados, y han sido de existencia efímera. Es probable, en consecuencia, que más temprano que tarde se realice un nuevo cambio de gabinete.
Columna publicada por el Mostrador el 2 de mayo de 2026
Por Eugenio Rivera U. Economista, Director Ejecutivo Casa Común y colaborador de elmaipo.cl
Nota: El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.




