Luto en el fútbol chileno. Y es que este jueves se confirmó el sensible fallecimiento de Víctor “Pititore” Cabrera, a los 68 años. El exdelantero fue encontrado sin vida en su hogar, tras ausentarse de su trabajo como monitor deportivo para la Municipalidad de Quillota.
Un delantero de otra época, de esos que mezclaban talento, picardía y un estilo que hoy parece cada vez más lejano. El exgoleador, recordado por sus celebraciones con dobles volteretas y su carisma dentro y fuera de la cancha, partió dejando una estela de historias que forman parte del folclore del balompié nacional.
Cabrera fue protagonista de un fútbol más artesanal, donde los delanteros se abrían paso a pura intuición y personalidad. En canchas difíciles y con defensas rudas, el “Pititore” se las arreglaba para convertir y, luego, regalar al público su clásica acrobacia, una celebración que lo convirtió en un personaje inolvidable. No era solo el gol, era el espectáculo completo: el salto, la sonrisa y la cercanía con la gente.
Su nombre quedó ligado especialmente a San Luis de Quillota, donde integró una de las delanteras más recordadas de los años 80 junto a Patricio Yáñez y Jorge “Pindinga” Muñoz, un tridente ofensivo que marcó época y que los hinchas aún evocan como las “tres P” del cuadro canario. Aquella ofensiva se transformó en sinónimo de fútbol ofensivo y espectáculo, con Cabrera aportando goles y su estilo acrobático que lo diferenciaba del resto.
Pero su carrera no se limitó a Quillota. El delantero también vistió camisetas como Everton, Regional Atacama, Deportes Concepción, Deportes La Serena y Unión La Calera, además de su paso por Colo Colo en 1985, donde fue uno de los goleadores del equipo y se coronó campeón, manteniendo su sello de atacante impredecible y carismático.
Como buen personaje del fútbol antiguo, “Pititore” también dejó frases y anécdotas que reflejaban su personalidad. En una entrevista llegó a asegurar que su agilidad lo hacía distinto a otros goleadores y recordaba con orgullo su eficacia goleadora, defendiendo su lugar dentro de una época de delanteros con identidad propia. Esa mezcla de confianza, talento y cercanía con la gente lo convirtió en un jugador entrañable para los hinchas.
Con su partida, se va también un símbolo de ese fútbol antiguo, más espontáneo y humano, donde los personajes eran tan importantes como los resultados. “Pititore” Cabrera deja el recuerdo de sus goles, sus volteretas y una personalidad que convirtió cada partido en una anécdota. Un delantero distinto, de esos que el tiempo vuelve entrañables y que hoy el fútbol chileno despide con nostalgia.
El Maipo




