En realidad, el problema de fondo es otro. La presencia tecnológica china está ganando aceleradamente posiciones en el mundo y EE.UU. le teme a su competencia. Prefiere monopolizar mercados y por ello ha impuesto el corolario Trump de la doctrina Monroe: América es sólo para los EE.UU.
Sin decisión definitiva sobre la instalación del cable submarino Chile-China, algunos personeros de derecha han optado por cuestionar la defensa de la soberanía del presidente Boric y de su Canciller. Han dicho: “nos metimos en un campo complicado”, “impropios desplantes del presidente”, “agravios infantiles al gobierno de EE.UU.”, “nos exponemos innecesariamente” (La Segunda, 23.02.2026).
Esas frases deben haber sido del agrado del embajador estadounidense y seguramente también el silencio que mantuvo el nuevo canciller de Kast, Pérez Mackenna, quien, ante el retiro de las visas a las autoridades gubernamentales, decidió no pronunciarse. Esos comportamientos revelan un alineamiento con la política colonialista que intenta imponer Trump a América Latina y que nuestro país debe rechazar.
Hacer realidad el cable submarino de fibra óptica desde Valparaíso a Hong Kong y con destino a toda el Asia es una necesidad económica, tecnológica y de soberanía nacional.
China es el primer socio comercial de Chile, con 40% de sus exportaciones (cobre, litio, salmón, cerezas y arándanos, etc.) y 25% de las importaciones, principalmente de manufacturas. Adicionalmente, las inversiones de empresas chinas en Chile alcanzan la cifra de US$ 4.250, destacándose los sectores de energía, minería y agroindustria, cifra que ha crecido en los últimos años, pero inferior a las inversiones de Estados Unidos y la Unión Europea.
Este panorama comercial e inversionista con China pone de manifiesto la política de diversificación de relaciones económicas internacionales, que ha caracterizado a nuestro país. De hecho, los Tratados de Libre Comercio (TLC), con los más variados mercados del mundo, es la expresión institucional de ello.
En consecuencia, la materialización un cable submarino directo entre Valparaíso y Hong Kong es un complemento indispensable de esa política. Permitiría una conexión directa con Asia y facilitaría el fortalecimiento digital de nuestro país, ante la hegemonía de las empresas estadounidenses. Así como nuestro comercio se encuentra diversificado, las redes de comunicación también se diversificarían.
Por tanto, dado el volumen de negocios con China, un cable submarino directo a ese país, con proyección a todo el Asia, es fundamental para el intercambio de datos y transacciones comerciales entre empresas. Ello facilitaría además el accionar de bancos, videollamadas y sistemas logísticos.
Ahora bien, sobre el tema de seguridad,que preocupa al embajador estadounidense en Chile, Brandon Judd, hay que decir lo siguiente: en los últimos 10 años se han instalados 18 cables submarinos, que conectan América Latina con el resto del mundo. Esos cables pasan por los EE.UU. y son gestionados exclusivamente por empresas estadounidenses: Google, Meta, Microsoft y Amazon.
El embajador debe saber que la Nacional Security Agency (NSA) de los EE.UU. tiene acceso a las comunicaciones de todas esas empresas, mediante un programa de vigilancia denominado Prism (BBC, 02.06.2013). Por tanto, el gobierno estadounidense recibe todas las informaciones que pasan por los cables submarinos de nuestra región, respecto de lo cual en ningún momento Chile y los países de la región han protestado.
Es cuanto a la empresa China Mobile Internacional (CMI) nuestro país no tiene antecedentes que sea un peligro para la seguridad y soberanía de Chile y la región. Por tanto, las declaraciones del embajador, los señalamientos sobre seguridad y sobre todo la suspensión de las visas para el ministro de Transportes y Comunicaciones y dos de sus funcionarios, resultan del todo inaceptables.
En realidad, el problema de fondo es otro. La presencia tecnológica china está ganando aceleradamente posiciones en el mundo y EE.UU. le teme a su competencia. Prefiere monopolizar mercados y por ello ha impuesto el corolario Trump de la doctrina Monroe: América es sólo para los EE.UU.
El cable submarino Chile-China es irrenunciable, porque nuestro país necesita proteger su economía, diversificar mercados, potenciar la tecnología digital y sobre todo jamás renunciar a su soberanía e independencia nacional.
Roberto Pizarro Hofer, Economista, ex decano de la Facultad de Economía Política de la U. de Chile, ex Ministro de Desarrollo Social y Familia, colaborador permanente de elmaipo.cl
El Maipo
Columna publicada por El Desconcierto el 2 de marzo de 2026
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