Por Mongabay Latam
El impacto de las especies invasoras en América Latina es cada vez más evidente y preocupante. Expertos advierten que la introducción de fauna y flora exóticas genera graves alteraciones en los ecosistemas, afecta la biodiversidad nativa y provoca pérdidas económicas, además de riesgos para la salud humana.
De acuerdo con un informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), cerca de una quinta parte de la superficie terrestre del planeta está en riesgo de sufrir invasiones biológicas, con consecuencias ecológicas y sociales de alcance global.
En la región, los efectos ya son visibles. En Chile, la anémona plumosa coloniza el fondo marino, desplaza especies nativas y afecta la pesca. En el Caribe, la iguana verde causa severos daños ecológicos y millonarias pérdidas económicas. En Colombia, la planta Hydrilla verticillata degrada la Ciénaga Grande de Santa Marta. En Ecuador, el árbol de cedro introducido en Galápagos fragmenta hábitats y bloquea las rutas migratorias de las tortugas gigantes. En Perú, la liebre europea arrasa cultivos y desplaza especies nativas, mientras que en México la palomilla del nopal destruye cultivos esenciales, generando fuertes pérdidas agrícolas.
En Argentina y Chile, el castor ha transformado vastas zonas boscosas, inundado extensas áreas y afectado acuíferos. En Bolivia, el paiche ha provocado la desaparición local de peces nativos, alterando los ecosistemas acuáticos y la pesca tradicional.
En el marco de la Semana de Concientización sobre las Especies Invasoras, explicamos el alcance y las consecuencias de esta amenaza creciente en América Latina.


Una especie invasora indestructible amenaza los mares de Chile. Se trata de la anémona plumosa, un animal que ocupa el fondo marino y desplaza a comunidades de mariscos, moluscos y corales. Científicos señalan que su presencia afecta a la biodiversidad y a los pescadores artesanales.
Las montañas submarinas ofrecen un terreno privilegiado para las esponjas, las anémonas y los corales de agua fría. Crédito: ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute.
La iguana verde parece un reptil tranquilo, pero en el Caribe se ha convertido en una especie invasora devastadora. Liberaciones irresponsables y el comercio de mascotas han permitido que esta especie se expanda rápidamente en islas como Puerto Rico, causando graves daños como afectaciones en especies nativas, cultivos, turismo y aeropuertos.

En una nidada de una hembra pueden nacer más de 30 iguanas verdes. Foto: cortesía de Carlos Andrés Rodríguez
Un análisis satelital revela que la especie invasora llamada Hydrilla verticillata amenaza gravemente a la Ciénaga Grande de Santa Marta, el humedal costero más extenso de Colombia y altamente frágil. Comunidades de Buenavista y Nueva Venecia señalan afectaciones en la pesca, el turismo, servicios de salud y educación.

Las comunidades de Nueva Venecia y Buenavista han sido las más afectadas por la planta invasora. Foto: cortesía Jhon Cantillo y Cristian García
Sebastián y Carlitos son tortugas gigantes del Oeste de Santa Cruz, Galápagos. Cada año migran desde la zona baja y seca hasta áreas altas y húmedas en la isla. Sin embargo, el árbol de cedro, introducido en los años 40 para carpintería y cercos agropecuarios, interrumpe su camino. El Parque Nacional Galápagos realiza acciones de control y restauración de bosques, pero enfrenta limitaciones económicas y logísticas.

La liebre europea puede medir entre 55 y 68 centímetros de la punta de la nariz a la base de la cola y llega a pesar hasta 5 kilos. Foto: Wikimedia Commons.
La palomilla de nopal llegó a México en 2006. Es considerada una especie invasora capaz de terminar con una sola penca en 24 horas. Según datos oficiales, esta especie dañó los nopales que se encontraban en al menos un tercio de la Isla Mujeres: los perforó, invadió y pudrió. Las alarmas se prendieron desde entonces porque estas cactáceas son un símbolo cultural, alimento y una importante fuente de empleo para cientos de familias.

La palomilla o polilla del nopal es originaria de Argentina. (Crédito de foto: Wikimedia Commons).
Desde hace más de siete décadas, el castor ha devastado los bosques de la Isla Grande de Tierra del Fuego, entre Argentina y Chile. Considerado una especie exótica e invasora en Argentina y catalogado como “dañino” en Chile desde 1992, su impacto va más allá de los árboles: también ha alterado gravemente acuíferos y turberas, humedales clave para la retención de dióxido de carbono. En ambos países, las pérdidas por daños directos superan los 100 millones de dólares anuales.

Los árboles de la Patagonia —coihues, lengas, ñires, raulíes, entre otros— pertenecen todos al género Nothofagus que no pueden vivir en un humedal y demoran varias décadas en crecer. Foto: WCS Chile.
El paiche, un pez que puede llegar a medir más de tres metros de largo, fue introducido en Bolivia de manera accidental en 1976. Aunque no hay estudios que establezcan los daños que causa en los ríos amazónicos del país, hay lugares en donde a partir de su presencia, los peces nativos desaparecieron. El Estado boliviano aún no incluye al paiche en su listado de especies invasoras.

Foto: cortesía Aldo Echeverria
Se desconoce el verdadero impacto del paiche en la flora y fauna nativa de los ríos de la Amazonía boliviana. Foto: Faunagua.
Imagen principal: la iguana verde se distribuye naturalmente desde el sur de México hasta el centro de Sudamérica. Foto: Nikolett Tóth / iNaturalist
El Maipo/Mongabay


Una tortuga gigante del Oeste de Santa Cruz se refresca en un estanque. Foto: Carlos Espinosa

