Por Michelle Carrere
El huemul (Hippocamelus bisulcus) encontró durante siglos su lugar en el mundo entre los bosques y cordilleras que van desde Rancagua, en Chile central, hasta Punta Arenas, en el extremo sur de la Patagonia. Pero esa geografía se fue encogiendo con la llegada del ser humano: los cercos, el ganado, las rutas pavimentadas. Hoy, uno de los últimos reductos donde este ciervo endémico de los Andes australes todavía prospera —o intenta prosperar— es el Parque Nacional Cerro Castillo, en la región de Aysén.
Allí viven entre 118 y 120 huemules, un número que puede sonar alentador hasta que se lo pone en perspectiva: en todo Chile se estima que quedan alrededor de 1000 ejemplares. Eso significa que el 10 % de la población nacional de huemules se concentra en estas 143 503 hectáreas de montañas patagónicas. Clasificado En Peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el huemul continúa siendo extremadamente vulnerable pese a los esfuerzos de conservación. Una enfermedad contagiada por el ganado doméstico, los perros asilvestrados, las especies exóticas y la carretera que atraviesa su territorio confluyen en esta área protegida.
«En peligro de extinción quiere decir que si todo lo actual se mantiene, esa especie va a desaparecer. Y eso es lo que no logramos entender: el huemul hoy sigue con todas las amenazas», advierte Sebastián Riestra, coordinador general del Programa Vida Silvestre de la Fundación Rewilding Chile.
Para enfrentar esta crisis se inauguró el primer hospital de huemules del país.

La carretera no perdona a los huemules
La Carretera Austral, la ruta que recorre la Patagonia chilena y que cada año es visitada por turistas de todo el mundo, atraviesa el corazón del territorio del huemul. Ese cruce ha costado caro. Los atropellos son la primera causa de mortalidad en los últimos veinte años y representan el 35 % de las muertes registradas en el Parque Nacional Cerro Castillo, según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), el organismo en Chile encargado de la administración de las áreas protegidas del país.
Hace apenas dos semanas, un huemul juvenil fue atropellado de noche. Personal de CONAF, del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y de la Fundación Rewilding Chile, dueña del primer hospital de huemules, lo buscaron hasta la medianoche. Lo encontraron al día siguiente entre unos arbustos. Tenía una pata luxada con el hueso expuesto y dificultad para respirar. Llegó al hospital, pero murió a los diez minutos.
La necropsia reveló la brutalidad del impacto: el diafragma estaba roto y los intestinos habían migrado hacia la cavidad pulmonar. Era un macho juvenil de un año, sano, sin parásitos, ni bacterias. «Era un muy buen candidato para andar en la naturaleza reproduciéndose y teniendo más cría«, dice Riestra, quien participó de la necropsia.
Los vidrios rotos en el lugar sugerían que el animal, al ser golpeado, se giró y rompió el parabrisas con las patas, pero ningún accidente fue reportado.
Aunque el animal no logró sobrevivir al impacto, los esfuerzos por salvarlo se realizaron por primera vez con una tecnología de punta. “Antes lo hubieran llevado a una leñera, a un lugar donde guardan leña o a un galpón”, asegura Riestra. Habría sido complicado saber qué medicamentos darle y qué protocolos seguir. Hoy, en el centro de rescate y rehabilitación, los huemules de todo el país pueden ser atendidos de urgencia para intentar recuperarlos y frenar la disminución de sus poblaciones.

La bacteria que amenaza a los huemules
Una de las principales razones por las que Rewilding Chile decidió construir el hospital en Cerro Castillo, con la aprobación del SAG, es la confluencia de amenazas presentes en este lugar.
Los primeros casos de una extraña enfermedad en los huemules de este parque nacional fueron detectados por guardaparques alrededor de 2013 y 2014. Los animales presentaban grandes abscesos en el cuerpo. Al principio, nadie pensó que aquello fuera mortal, pero la bacteria encontró el camino hacia los órganos internos, como hígado y pulmones, provocando una falla multisistémica que los animales no logran superar. De las 39 muertes de huemules registradas en el parque, el 17.9 % está asociado a esta enfermedad, asegura el funcionario de CONAF Mario Alegría, administrador del parque.
«Al principio se creía que no causaba la muerte. Pero a medida que pasó el tiempo los casos se iban volviendo más agudos, más graves», recuerda Alegría. Las muestras enviadas al laboratorio revelaron la causa: Corynebacterium pseudotuberculosis, la bacteria responsable de la linfoadenitis caseosa, una enfermedad del ganado ovino que se transfirió a los huemules y que ahora circula entre ellos.
El mecanismo de contagio es tan simple como difícil de controlar. Por ejemplo, explica Riestra, “una oveja pasa rozando un alambre de púas, se abre una herida, el absceso supura y queda en el suelo”. Como la bacteria puede permanecer activa en el ambiente hasta ocho meses, asegura Alegría, si un huemul se echa en el mismo lugar donde estuvo la oveja, la bacteria fácilmente entrará en su cuerpo.
Uno de los casos más emblemáticos fue el de Arisco, un huemul que llegó al equipo veterinario de Rewilding con un absceso en la cara «más grande que mi mano», describe Riestra. Lo atendieron, lo operaron tres o cuatro veces, le hicieron un antibiograma para identificar antibióticos específicos, pero nada fue suficiente. La bacteria ya había llegado al pulmón.

«Era un paciente con una patología crónica desde hacía mucho tiempo. Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos y no llegamos a solucionarlo», dice el veterinario.
Actualmente al menos cuatro ejemplares están registrados con abscesos activos, según Alegría, y, de acuerdo con los registros de CONAF, los casos mensuales han bajado de ocho a tres, una señal tenue pero real de que algo está funcionando. Sin embargo, la bacteria sigue ahí, en el suelo, en los alambres, en los animales que siguen cruzando los límites del parque.
El ganado no solo trae enfermedad
El ingreso ilegal de ganado al parque no solo transporta la enfermedad, sino que introduce otros elementos que perturban el hábitat de una especie silvestre que es sumamente tímida, explica Riestra. “El otro día fui a hablar con un señor que metió 50 vacas. ‘Bueno, fueron unas vaquitas no más’, me dijo. ‘Pero a la semana siguiente metiste cinco perros’», le contestó el veterinario.
Los caballos y sobre todo los perros que suelen acompañar el arreo de ganado alteran las condiciones que el huemul necesita en su hábitat.
«El huemul es tímido. Le cuesta encontrar un buen lugar calentito, con agua, sin depredadores”, señala Riestra. Para explicar mejor la perturbación que genera el ingreso de ganado al área protegida, el experto describe la siguiente escena hipotética: “Cuando el huemul finalmente encuentra el lugar ideal dice: ‘Voy a buscar una hembra’. Encuentra a la hembra y deciden tener una cría, pero de pronto aparecen 50 vacas. ¿Qué hace el huemul? Se va y no vuelve a ese lugar».
Mario Alegría reconoce que el conflicto entre la ganadería y la conservación es un problema “complicado”. “Acá está muy arraigado el tema de la producción agrícola ganadera. Antiguamente, en los años 40, los predios eran grandes extensiones de terreno. Hoy se han ido reduciendo, pero la masa ganadera aún continúa”, explica.
Por eso Alegría resalta la importancia del trabajo de socialización que CONAF y la Fundación Rewilding hacen para informar y educar acerca del impacto de los animales en las especies silvestres. Según el funcionario, “la cantidad de ganadería dentro del parque ha venido reduciendo muy paulatinamente, después del trabajo y conversaciones que hemos tenido con los predios aledaños”, pero el desafío sigue siendo grande.
Además, la lista de amenazas no termina ahí. Los perros asilvestrados matan huemules con una facilidad que estremece: el año pasado un grupo de perros mató a una hembra con su cría. Este año, otro grupo acabó con una cría en el Parque Nacional Patagonia, asegura Riestra.

A eso se suman el jabalí y el ciervo rojo, dos especies exóticas introducidas por el ser humano en la Patagonia. El ciervo rojo, con más de dos metros de altura, desplaza hacia zonas menos favorables al huemul, que apenas alcanza 1.70 metros. El jabalí, por su parte, puede matar fácilmente a una hembra de huemul.
“En el Parque Nacional Patagonia se metió un ciervo rojo y ahuyentó a todas las familias de huemules que habían. Llevamos tres, cuatro meses sin verlos. [El ciervo rojo] genera un impacto muy grande», advierte Riestra.
El primer hospital de huemules de Chile
El lugar donde se emplaza el centro de rescate y rehabilitación fue antes un predio ganadero. Hoy los cercos desaparecieron y las vacas también.
El hospital opera bajo un esquema tripartito que involucra a la Fundación Rewilding Chile, el SAG y CONAF. Solo recibe animales derivados formalmente por el SAG, lo que garantiza trazabilidad y protocolos. Está diseñado exclusivamente para huemules, con corrales, espacios veterinarios y equipamiento de alta especificidad.
«Si hay un huemul herido en Ñuble [a más de 1300 kilómetros al norte], lo tienen que mandar para acá. No hay otro hospital de huemul en Chile», subraya Sebastián Riestra.
Para Alegría, la creación del hospital es parte de un esfuerzo más amplio que incluye trabajo con ganaderos, vacunación de perros en comunidades aledañas y monitoreo permanente. «Si no hay ese trabajo, los animales van a seguir ingresando y van a seguir contagiándose de enfermedades», advierte. Sin embargo, advierte que «falta mucha investigación”. “Falta que la ciencia se involucre, poder levantar información y quizás, eventualmente, tener una vacuna», agrega.
El hospital no es una isla. Es parte del Corredor Nacional del Huemul, una iniciativa que busca conectar y proteger las poblaciones de la especie desde Ñuble hasta Punta Arenas, identificando amenazas específicas en cada territorio e interviniendo donde más se necesita.
El camino es largo. La bacteria sigue en el ambiente. La carretera sigue cruzando el parque. Los perros siguen entrando. Pero hay más ojos vigilando, más manos interviniendo, y por primera vez en la historia de Chile, hay un lugar donde llevar a un huemul herido y darle una oportunidad real.

*Imagen principal: idealmente, los huemules son atendidos en la naturaleza. Solo los casos más graves son derivados al hospital. Foto: cortesía CONAF
El Maipo/Mongabay




