Un hallazgo en plena cordillera de la Región Metropolitana está abriendo nuevas preguntas sobre la fauna altoandina. Tras tres meses de monitoreo, el naturalista Bernardo Segura logró registrar al Lycalopex culpaeus —conocido como zorro culpeo— alimentándose del néctar del chagual, Puya alpestris, una planta característica de la zona central de Chile.
El seguimiento se desarrolló en distintos puntos de la cordillera de Santiago, donde Segura instaló y fue desplazando cámaras trampa a mayor altitud para acompañar el breve período de floración del chagual. La estrategia dio resultados: además de grabaciones en video, el investigador pudo observar directamente en dos ocasiones al zorro interactuando con las flores.
Una planta que funciona como microecosistema
Lejos de ser solo una especie ornamental, el chagual cumple un rol ecológico complejo. Sus hojas espinosas ofrecen refugio a pequeños animales y su abundante néctar alimenta a aves e insectos. Cada flor puede contener cerca de una cucharadita de néctar, y una inflorescencia reúne decenas de ellas, convirtiéndose en una verdadera fuente de energía en medio del paisaje cordillerano.
Incluso cuando la floración termina, la estructura seca permanece erguida durante años, sirviendo como posadero para aves rapaces, entre ellas el tucúquere (Bubo magellanicus).
Destreza entre espinas
Uno de los aspectos más llamativos del registro es la habilidad del zorro para acceder al néctar. Las hojas del chagual están cubiertas de espinas rígidas y filosas, lo que convierte la tarea en un verdadero desafío. Sin embargo, las imágenes muestran que el culpeo no solo se aproxima desde el suelo: en algunos casos trepa por la planta hasta alcanzar la parte superior de la inflorescencia. Además, parece preferir ejemplares que crecen de forma más horizontal, posiblemente porque facilitan el acceso.
¿Un nuevo polinizador?
Las grabaciones muestran al zorro con el hocico impregnado de polen tras beber el néctar, lo que sugiere que podría estar trasladándolo entre plantas. No obstante, desde el punto de vista científico, confirmar su rol como polinizador requiere estudios específicos y mediciones en terreno, algo complejo de realizar en ambientes cordilleranos.
Lo que sí queda claro es que la interacción no parece aislada: fue registrada tanto de día como de noche, lo que indica que podría tratarse de un comportamiento relativamente habitual.
Más allá de la eventual confirmación científica, el descubrimiento aporta una mirada renovada sobre las relaciones ecológicas en la zona central y evidencia que, incluso en las cercanías de una ciudad como Santiago, siguen ocurriendo procesos naturales sorprendentes.
El Maipo




