Durante años se pensó que las aves que habitan en zonas cordilleranas descendían en invierno únicamente para escapar de las bajas temperaturas. Sin embargo, una reciente investigación internacional propone una explicación distinta: estos desplazamientos responderían principalmente a la búsqueda de alimento y a la optimización del gasto energético.
El estudio fue desarrollado por científicos de la University of East Anglia, University College London y Yale University, y sus resultados fueron publicados en la revista Science Advances. El equipo analizó casi 11 mil poblaciones de aves pertenecientes a más de 2.600 especies en distintos sistemas montañosos del planeta.
Más recursos, menos gasto
La llamada migración altitudinal —cuando las aves suben o bajan por las laderas según la estación— fue examinada bajo dos hipótesis. La primera sostenía que los movimientos eran una adaptación evolutiva para evitar el frío. La segunda planteaba que las aves se desplazan hacia zonas donde obtener alimento requiere menor esfuerzo energético.
Tras modelaciones y análisis de grandes bases de datos, los investigadores concluyeron que la disponibilidad de recursos y la competencia entre especies explican mejor el fenómeno que la temperatura por sí sola. En otras palabras, las aves no migran simplemente porque hace frío, sino porque buscan maximizar la eficiencia con la que consiguen alimento.
Uno de los argumentos más sólidos es que en regiones tropicales —donde las variaciones térmicas son menos extremas— también se observan estos desplazamientos estacionales. Esto sugiere que el motor del movimiento no es el termómetro, sino la dinámica ecológica.
Un fenómeno presente en los Andes
La investigación incluyó cordilleras de América, Europa y Asia, con especial atención en Sudamérica. En sectores del norte argentino y la zona central de Chile, se detectó que más del 30% de las aves residentes en áreas montañosas modifican su altitud promedio en más de 200 metros entre estaciones.
Los autores advierten que la intervención humana podría alterar este delicado equilibrio. Mientras las zonas altas suelen conservar mayor integridad ecológica por su difícil acceso, los valles y sectores bajos —a donde las aves descienden en busca de alimento— enfrentan presiones por urbanización, agricultura y pérdida de hábitat.
Comprender que estos movimientos responden a la eficiencia energética y a la disponibilidad de recursos resulta clave para anticipar cómo reaccionarán las especies frente al cambio climático y la transformación de los ecosistemas andinos.
El Maipo




