La distribución actual y futura de la güiña, el felino más pequeño de Sudamérica, estaría determinada principalmente por la disponibilidad de alimento y las precipitaciones, más que por la sola presencia humana en el territorio. Así lo plantea una reciente investigación publicada en la revista científica Conservation Biology, que actualiza los escenarios conocidos para esta especie nativa de Chile y Argentina.
Hace aproximadamente una década, proyecciones basadas en modelos climáticos advertían que la Leopardus guigna podría perder cerca del 40% de su hábitat hacia 2050 debido al cambio climático y a las transformaciones en el uso del suelo. Sin embargo, el nuevo análisis incorporó variables adicionales —como la riqueza de especies que forman parte de su dieta y la huella humana— permitiendo generar estimaciones más precisas sobre su comportamiento espacial.
El estudio concluye que las interacciones depredador-presa cumplen un rol central. Mientras existan pequeños mamíferos, como roedores y marsupiales, junto con refugios de vegetación adecuados, la güiña puede mantenerse incluso en entornos intervenidos. En ese sentido, la presencia humana no sería el único ni el principal factor que define su permanencia en un área determinada.
Para desarrollar los modelos, el equipo recopiló registros provenientes de bases de datos internacionales, literatura científica y monitoreos en terreno mediante cámaras trampa. Con esta información se construyeron distintos escenarios que integraron clima, impacto antrópico y disponibilidad de presas, identificando dos grandes zonas de idoneidad dentro de su rango histórico de distribución, que se extiende entre las regiones de Coquimbo y Aysén.
Una de estas áreas se ubica en la zona centro-sur, incluyendo sectores del matorral chileno y parte del bosque templado, mientras que la segunda se concentra en el Bosque Valdiviano del sur de Chile y territorios colindantes en Argentina. Aunque en el valle central la calidad del hábitat ha disminuido por urbanización y cambios productivos, el estudio evidencia que la especie aún logra persistir en zonas periurbanas con suficiente cobertura vegetal y alimento.
Desde el punto de vista climático, las precipitaciones cumplen un papel relevante, pero de manera indirecta. Las lluvias influyen en la abundancia de presas, algunas con ciclos poblacionales ligados a condiciones estacionales, lo que termina impactando la presencia del felino. A diferencia de otras especies más dependientes del agua, la güiña posee una mayor capacidad de desplazamiento para adaptarse a distintos paisajes.
Pese a que las nuevas proyecciones resultan menos alarmantes que las estimaciones previas, la especie continúa clasificada como vulnerable en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Entre las amenazas que persisten se encuentran la fragmentación del hábitat, los incendios forestales, la competencia con perros y gatos domésticos, los atropellos y la caza en represalia por ataques a animales de corral.
Más que modificar su categoría de conservación, los resultados invitan a redirigir los esfuerzos hacia estas presiones específicas y a fortalecer medidas como la creación de corredores biológicos, la ampliación de áreas protegidas y la promoción de la educación ambiental, claves para favorecer la coexistencia entre la fauna nativa y las comunidades humanas.
El Maipo




