Con el cambio de gobierno a la vista, las tensiones al interior del oficialismo se han recrudecido, mientras el Ejecutivo intenta impulsar una última y frenética agenda legislativa antes del 11 de marzo. La pugna entre el Socialismo Democrático y el Frente Amplio, y el acotado calendario, amenazan con dejar en el camino proyectos emblemáticos del gobierno del Presidente Gabriel Boric.
La administración saliente busca aprovechar sus últimas semanas para destrabar iniciativas clave que no lograron aprobación antes del receso parlamentario de febrero. Entre ellas destacan el nuevo financiamiento para la Educación Superior (FES), el proyecto de Sala Cuna Universal y la reforma al sistema político. Sin embargo, el tiempo es su mayor enemigo: una vez reiniciadas las sesiones en marzo, solo habrá tres días hábiles para votaciones antes del traspaso de mando.
Coordinación a contrarreloj y grietas internas
En un intento por reactivar la maquinaria, el gobierno planea un nuevo cónclave con partidos y bancadas oficialistas durante este mes. La ministra vocera, Camila Vallejo, subrayó “la necesidad de un espacio de diálogo para concretar iniciativas en la primera semana de marzo”. No obstante, ese llamado al diálogo choca con el conflicto interno que ha dificultado la coordinación política en las últimas semanas.
Desde el oficialismo admiten el escenario adverso. “Reconocieron el tiempo acotado que existe para avanzar en los proyectos”, señalaron fuentes de la coalición. Aunque hay voluntad de conversación, el espacio político se reduce rápidamente.
Senadores apelan al entendimiento, pero la oposición frena
El senador socialista Juan Luis Castro y la presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez, coincidieron en la importancia de mantener “niveles básicos de entendimiento”. Martínez, en un guiño a la unidad, afirmó: “Hemos sabido coordinarnos y trabajar juntos cada vez que ha sido necesario”. Sin embargo, cargó las tintas contra la derecha: “Hoy depende exclusivamente de la derecha avanzar en proyectos que Chile necesita… La pelota está en su cancha”.
Pero desde la oposición, que controla el Congreso y será gobierno el 11 de marzo, el mensaje es claro: los proyectos más controversiales, especialmente aquellos con impacto fiscal, deben esperar. El diputado reelecto republicano Agustín Romero y su par de la UDI, Jorge Alessandri, fueron contundentes. “Si el gobierno pretende meterle la aceleradora a proyectos que tienen gasto, yo la verdad… le recomendaría que lo deje hasta aquí nomás”, advirtió Romero. Alessandri fue más allá, calificando al proyecto de Sala Cuna como “incompleto” y de “alto costo”, y prometió que las nuevas mayorías serán “muy duras” con iniciativas como el FES.
Último cartucho: la reforma política
Ante el bloqueo frontal a las iniciativas sociales con carga presupuestaria, el gobierno parece concentrar sus esfuerzos finales en la reforma al sistema político, la que cuenta con un apoyo transversal más amplio. La ministra de la SEGPRES, Macarena Lobos, ya contactó a los diputados de la Comisión de Gobierno para activar la mesa técnica que discutirá el proyecto. Es, de todos los pendientes, el que tiene mayores probabilidades de avanzar en el estrecho margen que queda.
Lo que queda
El oficialismo enfrenta sus horas más críticas. Dividido internamente y con un cronómetro en cuenta regresa, su última carrera legislativa depende de una coordinación milimétrica y de concesiones que, hasta ahora, no han logrado materializarse.
Mientras el gobierno apela a un diálogo de última hora, la oposición ya da por cerrado el ciclo y mira hacia su propia agenda, dejando en el aire el destino de proyectos que, para la coalición de Boric, son el sello final de su gestión.
El Maipo



