Lunes, Febrero 2, 2026

Día Mundial de los Humedales: una llamada urgente a restaurar los ecosistemas más degradados

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Por Ambientum Portal Ambiental

Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha que recuerda la firma del Convenio de Ramsar en 1971 y que, más de medio siglo después, llega marcada por una profunda crisis ecológica. Lejos de celebrar avances, organizaciones ecologistas y sociales advierten de que los humedales se han convertido en los ecosistemas más degradados del planeta, víctimas de un modelo económico que prioriza el beneficio privado frente a la protección de la vida.

Según datos del propio Convenio de Ramsar, desde el año 1700 se ha perdido cerca del 90 % de los humedales a nivel mundial, un proceso que se aceleró de forma dramática durante el siglo XX y que continúa en la actualidad. En España, la situación no es más alentadora: informes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) estiman que entre el 60 % y el 70 % del patrimonio húmedo original desapareció en la segunda mitad del siglo pasado, principalmente por su drenaje y transformación para usos agrarios e infraestructuras.

Un deterioro con causas estructurales

La degradación de los humedales no es fruto del azar ni de errores técnicos puntuales. La sobreexplotación de acuíferos, la expansión de la agroindustria intensiva, la contaminación difusa y la especulación urbanística continúan degradando y secando los ecosistemas clave. Detrás de este proceso, denuncian las organizaciones, existen intereses económicos concretos respaldados durante décadas por decisiones políticas y por la inacción de las administraciones públicas.

Este deterioro tiene además consecuencias sociales y laborales. La pérdida de humedales debilita las economías locales, destruye empleo vinculado al medio rural, a la gestión del agua y a actividades sostenibles, y agrava problemas como la precariedad y la despoblación.

Doñana, símbolo del colapso ecológico

Uno de los ejemplos más paradigmáticos de esta degradación estructural es el Espacio Natural de Doñana. La falta de control sobre las extracciones ilegales de agua y la permisividad frente a la expansión de la agricultura intensiva han llevado a este humedal emblemático al borde del colapso ecológico. Organismos como la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y la Junta de Andalucía han sido señalados por su inacción durante años, mientras grandes propietarios continúan beneficiándose del expolio del acuífero.

A pesar de las inversiones públicas anunciadas, actuaciones clave para la restauración real de la marisma, como la renaturalización del Caño Guadiamar o del Brazo de la Torre, siguen bloqueadas, lo que pone en riesgo el futuro de uno de los humedales más valiosos de Europa.

El Plan Nacional de Restauración, una oportunidad decisiva

En este contexto, organizaciones como Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Juventud por el Clima–Fridays For Future, la Fundación Global Nature, la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas, AEMS–Ríos con Vida, la Asociación Española de Educación Ambiental y la UGT reclaman que el Plan Nacional de Restauración, impulsado tras la aprobación del Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, sitúe a los humedales en el centro de sus prioridades.

Las entidades alertan de que la restauración no puede limitarse a actuaciones superficiales ni convertirse en una herramienta de greenwashing institucional. Reclaman completar de forma urgente el Inventario Nacional de Zonas Húmedas, elaborar un listado de humedales susceptibles de recuperación, garantizar la protección efectiva del dominio público hidráulico y eliminar cualquier resquicio legal que permita su desecación. Asimismo, consideran imprescindible reducir de manera drástica los impactos de la agricultura y la ganadería intensivas en las zonas de influencia de estos ecosistemas.

Restaurar humedales es restaurar el futuro

Frente a la falta de ambición política, las organizaciones recuerdan que la restauración de humedales es posible cuando se eliminan las presiones y se devuelve el agua a los ecosistemas. Iniciativas como la recuperación de la Pletera, en Girona, o la restauración del humedal de Campo de Lamas, en Galicia, demuestran que devolver la funcionalidad ecológica a estos espacios mejora la biodiversidad, la calidad del agua y la resiliencia frente a la crisis climática.

Restaurar los humedales no es solo una cuestión ambiental, sino también de justicia social. Implica apostar por una transición ecológica justa, que genere empleo digno, refuerce los servicios públicos y corrija un modelo productivo que ha socializado los costes ambientales mientras concentraba los beneficios en manos de unos pocos. Devolver el agua a los humedales es, en definitiva, restaurar el futuro.

El Maipo/Ambientum

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