La pragmática radical versus ‘El Buitre’ de Rubio
La prensa estadounidense está confundida. Hasta aquí nada nuevo. Está confundida por la presidenta interna de Venezuela, Delcy Rodríguez.
El New York Times dice que Rodríguez “pasó de ser una revolucionaria a estar en la órbita de Trump”.
Pero no. No fue así.
Rodríguez sigue atacando a Trump, tachándolo de secuestrador criminal e invasor imperialista. Pero, al mismo tiempo, dice buscar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y le ofrece decenas de millones de barriles de petróleo a Trump.
Conozco a Rodríguez desde hace años. ¿Es una belicosa izquierdista o una moderada pragmática?
La respuesta es: sí. Yo diría que Rodríguez es una pragmática radical.
Trump ha sido sensato al mantener a Rodríguez en la presidencia. ¿Acabo de asociar “Trump” y “sensato”? Sí, aunque parece que la sensación de Trump podría ser accidental. Se dice que está enfadado con la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, por aceptar el Premio Nobel de la Paz en vez de dejarlo a Trump. Y el resultado es que ha vetado su llegada al poder.
“Los intereses petroleros y financieros quieren que la “izquierdista” Rodríguez se quede. Hasta la CIA quiere que se quede”
Cabe destacar que los intereses petroleros y financieros quieren que la “izquierdista” Rodríguez se quede. Hasta la CIA quiere que se quede. Pero el secretario de Estado, Marco Rubio, y un criminal multimillonario estadounidense quieren que se vaya. ¿Quién ganará? Vamos a analizar sus posibilidades.
Trump quiere el petróleo de Venezuela… que ya teníamos
Rodríguez y Trump quieren lo mismo: enviar petróleo de Venezuela a Estados Unidos. Pero Donald, ya estaba llegándonos petróleo de Venezuela… hasta que TÚ embargaste las importaciones de su crudo.
El presidente socialista de Venezuela, Hugo Chávez, disfrutaba provocando a George W. Bush. Recuerdo cuando Chávez habló en la Asamblea General de las Naciones Unidas un día después de que hubiera hablado Bush. Chávez comenzó a decir “¡Aquí huele a azufre!”. Bush fue a por él. Su método fue un poco menos sutil que el comentario del azufre: respaldó el secuestro de Chávez en 2002. A diferencia de Trump, el plan de Bush fracasó estrepitosamente y Chávez fue devuelto por sus secuestradores, más populares que nunca.
Pero a pesar de las pullitas y el secuestro, Bush, con el respaldo de Chávez, mantuvo el flujo de petróleo de Venezuela hacia Estados Unidos, más de un millón de barriles al día.
Trump se jacta de que “vamos a sacar petróleo” de Venezuela. Señor presidente, ya estábamos sacando petróleo de Venezuela, pero usted detuvo el flujo con un embargo .
“Ahora, será casi imposible reactivar la producción de Venezuela para volver a los niveles que teníamos antes del embargo de Trump”
Ahora, será casi imposible –y costará una cantidad prohibitiva– reactivar la producción de Venezuela para volver a los niveles de flujo que teníamos antes del embargo de Trump. Porque, cuando se detuvo la extracción de petróleo superpesado de Venezuela, este cuajó, se convirtió en alquitrán y luego en asfalto. Las refinerías y las tuberías quedaron obstruidas e inservibles, una destrucción que Trump provocó al impedir que Venezuela comprara el equipo necesario para mantener las líneas. Ahora, Trump busca intimidar a las compañías petroleras estadounidenses para que inviertan hasta 100.000 millones de dólares para restaurar la infraestructura petrolera que él mismo destruyó.
Trump quiere elogios por reconstruir (a un alto costo) lo que él mismo demolió. Es como un pirómano que quiere que lo feliciten por llamar a los bomberos.
La oferta de Chávez de 50 dólares por barril
Los votantes estadounidenses han decidido que la inflación de los precios es un verdadero fastidio. Por lo tanto, Trump ha decidido, acertadamente, que la solución es liberar el petróleo venezolano. Trump afirma sin rodeos que quiere abrir los grifos del petróleo de Venezuela para bajar el precio del crudo a 50 dólares por barril. Hoy en día, el crudo se vende a poco menos de 60 dólares por barril.
“Venezuela ya ofreció hace años limitar el precio de su petróleo a 50 dólares el barril”
Pero Venezuela ya ofreció hace años limitar el precio de su petróleo a 50 dólares el barril. En una de mis entrevistas con Chávez para la BBC, dijo que aceptaría limitar el precio del petróleo a 50 dólares el barril si Estados Unidos garantizaba que no iba a bajar de 30. Venezuela, a diferencia de Arabia Saudí, no podía permitirse otra caída a 10 dólares por barril, como ocurrió en 1998, lo que llevó a la quiebra a los miembros sudamericanos de la OPEP. Por lo tanto, Chávez apoyó con entusiasmo esta idea de una “franja” –ustedes nos dan un mínimo y nosotros les damos un máximo–, idea que fue sugerida por primera vez ni más ni menos que por el asesor de la industria Henry Kissinger.
Chávez me contó que se llevaba bien con Kissinger y George Bush padre, colega del negocio del petróleo. Y, como señaló Chávez, era “un buen jugador de ajedrez”, un as de la realpolitik, una habilidad que transmitió a su protegida Rodríguez.
En otras palabras, Trump mató a cien personas en su golpe de Estado (y es posible que vayan a morir miles más) para conseguir por la fuerza algo que podría haber conseguido por contrato.
OPEP: ¿Para tontos o de tontos?
El primer gran error de Machado, la favorita de la derecha, es su deseo declarado de vender la empresa petrolera estatal de Venezuela, Petróleos de Venezuela, S.A. (PdVSA). Lo que Machado, una neófita en economía petrolera, no entiende es que la privatización total es una amenaza directa para las grandes petroleras y la OPEP.
“Lo que Machado no entiende es que la privatización total es una amenaza directa para las grandes petroleras y la OPEP”
Ya sabemos cómo acaba este cuento. Antes de la invasión de Irak, los neoconservadores del gobierno de Bush querían privatizar las petroleras estatales iraquíes y vender los yacimientos a las grandes petroleras estadounidenses y europeas, que entonces, según el plan neoconservador, competirían para maximizar la producción, hundirían el precio del crudo y someterían a la OPEP. Ari Cohen, de la Heritage Foundation, me dijo que este plan era “para tontos”.
Pero luego hablé con Philip Carrol, expresidente de Royal Dutch Shell USA, y me dijo: “Si alguien piensa que salir de la OPEP es un buen plan, es que es tonto”. Las compañías petroleras no se dedican a extraer petróleo, sino a ganar dinero. Una caída del precio del crudo podría acabar con el poder de la OPEP para fijar los precios y ninguna compañía petrolera estadounidense quiere ver cómo se desploman sus ingresos.
También hay una cuestión legal. Venezuela no puede permanecer en la OPEP si su empresa petrolera estatal se vende a intereses estadounidenses, ya que la legislación de Estados Unidos considera delito participar en un consorcio de fijación de precios. Pero nuestro Gobierno ha creado una conveniente excepción para las empresas petroleras estatales, lo que permite a Exxon, Chevron y sus amigos aprovechar los altos precios fijados por el monopolio de la OPEP.
Rodríguez no solo es presidenta en funciones, sino que sigue siendo ministra de Hidrocarburos. Tiene un conocimiento detallado de la dura realidad de la producción petrolera. Sin embargo, también es una patriota. No permitirá el robo o la confiscación del petróleo de Venezuela, pero está claro que quiere volver a vendérnoslo. En Chevron, donde han trabajado en estrecha colaboración con Rodríguez, no podrían estar más contentos. Las compañías petroleras no quieren ser propietarias de los yacimientos petrolíferos. No es así como funciona la industria. No quieren los terrenos, quieren los beneficios. Trabajan con los países de la OPEP a través de acuerdos de reparto de beneficios. La cuestión es siempre el reparto de los ingresos, no la propiedad; y la parte que le corresponde al Estado se paga como “regalía” a efectos fiscales en Estados Unidos.
“Lo último que necesitan las petroleras es que Machado provoque una guerra civil por la propiedad de los yacimientos“
Lo último que necesitan las petroleras es que Machado, una fanática del libre mercado, provoque una guerra civil por la propiedad de los yacimientos que las grandes empresas quieren explotar, no poseer.
Y hay un problema práctico. A 50 dólares el barril, nadie va a perforar en la cuenca del Orinoco, donde se encuentra la mayor parte del petróleo, porque no es rentable intentar extraer el alquitrán sulfuroso que hay allí. Como diría el ingeniero petrolero Beck: It’s a loser, baby [Es una mala mano, cariño]. Por eso Trump estaba tan frustrado con los peces gordos del petróleo que se reunieron con él en la Casa Blanca. Les está diciendo que inviertan decenas de miles de millones en un pozo sin fondo, reconstruyendo lo que Trump destruyó.
Rodríguez entiende bien los límites del control en la práctica. Chávez era conocido por aumentar las regalías petroleras a Exxon, Chevron y la francesa Total, pero su entonces ministro de Petróleo me dijo, en voz baja: “Si invierten en nuestro país, les perdonamos las nuevas regalías”.
Llevo casi dos décadas siguiendo a Paul El Buitre Singer.
El Buitre se cierne
Entonces, ¿quién querría privatizar PdVSA? El Buitre, sin duda. Llevo casi dos décadas siguiendo a este pájaro, Paul Elliott Singer, primero para la BBC. Bloomberg se queda corta al calcular su patrimonio neto en 6.700 millones de dólares. (Se le conoce como El Buitre desde que este reportero lo bautizó así. Se podría decir que no es precisamente un admirador mío, e intentó que la cadena me despidiera).
“Singer es un matón cobrador de deudas internacional. Compra las deudas de naciones arruinadas por guerras, hambrunas y cólera“
Singer es un matón cobrador de deudas internacional. Compra las deudas de naciones arruinadas por guerras, hambrunas y cólera. Un funcionario de Obama lo llamó “extorsionador” después de que Singer se saliera con la suya estafando a los contribuyentes estadounidenses miles de millones de dólares.
El truco de Singer consiste en comprar las deudas impagadas de naciones desesperadas y empresas en dificultades. Luego demanda a los países exigiendo diez o incluso cien veces lo que pagó por estos títulos de deuda, un negocio brutal prohibido en varios países. Quizás recuerden las pancartas de los aficionados argentinos en la Copa del Mundo de 2014, “¡Fuera buitres!”, en referencia a la operación de embargo y apropiación liderada por Singer que puso a contra las cuerdas a la economía Argentina.
En 2018, un tribunal de Maryland aprobó provisionalmente que Elliott Management, propiedad de Singer, comprara CITGO, la filial estadounidense de PdVSA. Singer planea pagar una miseria, solo 5.900 millones de dólares por esta propiedad de Venezuela en Estados Unidos, que está valorada entre 11.000 y 18.000 millones de dólares. Como os podéis imaginar, Venezuela se opone.
El bajo precio de CITGO se calcula en base a la devaluación tras el embargo de Trump. Pero desde el secuestro de Maduro, es muy probable que el embargo se acabe. Si Singer puede cerrar la venta, podría cobrar y vender rápidamente estos activos para obtener una ganancia fácil de más de 6000 millones de dólares.
Sin embargo, Rodríguez quiere recuperar CITGO. Su nación pagó por esas refinerías y gasolineras y es difícil imaginar que permita que Singer se quede con las propiedades de su pueblo.
El juez entiende que la valoración de CITGO está cambiando, probablemente triplicándose, porque Estados Unidos está negociando el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Por lo tanto, el juez pidió al Departamento de Estado de Estados Unidos que presentara una declaración ante el tribunal sobre cómo el cambio de gobierno en Venezuela modifica el valor comercial de CITGO. El Departamento de Estado tenía que presentar el dictamen antes del 8 de enero. Pero el tribunal no recibió nada. Nada de nada.
¿Cómo es que el Departamento de Estado no respondió al tribunal, dejando sin contestar la ganancia inesperada de Singer? ¿Cómo pudo Singer irse de rositas? La pregunta debería ser ¿Quién se lo está permitiendo?
“Rubio estuvo presionando para que Trump nombrara a Machado, cuya afición por la privatización habría ayudado a Singer a sacar provecho“
Singer fue de largo el principal donante de la campaña presidencial de Marco Rubio, nuestro actual secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional. Trump solía atacar al Singer “antitrumpista”, hasta que este hizo una donación de un millón de dólares al Trump’s Inaugural Committee [Organización privada encargada de organizar los fastos tras la victoria de Trump en las elecciones]. Singer también está financiando las primarias contra el representante Thomas Massie, el congresista republicano que exigió la publicación de los archivos de Epstein.
Rubio estuvo presionando para que Trump nombrara a Machado, cuya afición por la privatización habría ayudado a Singer a sacar provecho. ¿Están la espeluznante codicia de Singer, el silencio de Rubio y la disposición de Machado a renunciar a las joyas de la corona de su nación relacionados? ¿Quién sabe? A diferencia de Pete Hegseth, Rubio no invita a periodistas a sus charlas telefónicas.
Pero mientras el Departamento de Estado dejaba al juez sin respuesta, Trump pasó por encima de Rubio y emitió una orden ejecutiva el pasado fin de semana utilizando su poder constitucional para detener cualquier acción judicial que impida la autoridad exclusiva del Poder Ejecutivo para llevar a cabo asuntos exteriores. En una sorprendente medida, Trump prohibió a las grandes petroleras estadounidenses y a otros acreedores hacerse con las reservas de efectivo de Venezuela que aún se encuentran en bancos estadounidenses. La orden de Trump es un poco confusa (nada nuevo), pero supone un peligro claro y presente para el asalto y saqueo de CITGO por parte de El Buitre.
“Trump incluso sugiere que impedirá que ExxonMobil vuelva a Venezuela porque exigen una compensación por las propiedades que la empresa abandonó“
Así es, Trump les dijo a las petroleras que aguantasen. En su conversación con Trump, ConocoPhillips se quejó de que se le debían 12.000 millones de dólares y Trump culpó a la empresa por sus pérdidas: “No vamos a fijarnos en lo que la gente perdió en el pasado porque eso es culpa suya”. (Lo cual es cierto).
Trump incluso sugiere que impedirá que ExxonMobil vuelva a Venezuela porque exigen una compensación por las propiedades que la empresa abandonó. (Cuando Exxon se marchó de Venezuela, fue en un intento de presionar a Chávez para que renunciara a sus exigencias de regalías. Aquello fracasó. Ahora, sospecho, Exxon está molesta porque Chevron va a ganar mucho dinero con Rodríguez. Exxon es como ese tío que deja a su novia y luego se pone celoso cuando la ve acurrucándose con otro).
Call of Duty, la CIA y los buitres ‘buenos’
Una semana después del ataque a Venezuela, el papa Leo se puso en plan pontífice pacífico con Trump, condenando la “diplomacia basada en la fuerza”. ¡Chúpate esa, Stephen Miller!
Singer no es normal. No todos los financieros quieren su cachito del cadáver de Venezuela. A Hans Humes, de Greylock Capital Management, a quien uno de mis colegas llama El Buitre Bueno, le gusta cerrar acuerdos con gobiernos extranjeros que no arruinen a sus naciones ni se lleven sus recursos. Conozco a Humes. Teme una guerra civil en Venezuela o “cualquier tipo de colapso del orden social” que deje sin valor a sus bonos.
“Si Rubio consigue que Trump cambie de postura y les imponga a Machado a los venezolanos, será Irak 2.0. Nadie conseguirá el petróleo“
Puedo decirles que ambos bandos en Venezuela están armados hasta los dientes. Si Rubio consigue que Trump cambie de postura y les imponga a Machado a los venezolanos, será Irak 2.0. Ahí nadie conseguirá el petróleo y no se pagarán las deudas. The Wall Street Journal cita a Eric Fine, cuya empresa también posee bonos venezolanos: “Lo último que se quiere ver es que se arme un Call of Duty con un montón de soldados en las calles”.
Trump ya ha transitado este oscuro callejón. En 2019, aceptó el descabellado plan del entonces senador Marco Rubio de declarar a Juan Guaidó presidente de Venezuela. Guaidó es un hombre blanco que vivía en Washington, no en Venezuela, y que nunca se presentó a las elecciones presidenciales. Trump ha dejado claro que Guaidó le ha decepcionado y lo ha tachado de perdedor. Y ha dicho que considera a Machado como una nueva Guaidó. Dijo: “No tiene el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”. ¡Vaya!
“En 2019, Trump aceptó el descabellado plan de Rubio de declarar a Juan Guaidó presidente de Venezuela. Ahora lo tacha de perdedor”
Esa es también la posición de la CIA. En una circular filtrada, la Agencia dijo que Rodríguez tenía más posibilidades de mantener la unidad del país durante una transición. Además, aunque pronunció un discurso contundente contra la diplomacia de las cañoneras de Trump –“Jamás volveremos a ser esclavos, que jamás volveremos a ser colonia de ningún imperio”– también dijo: “Venezuela está abierta a relaciones energéticas donde todas las partes estén beneficiadas, donde la cooperación económica este muy bien determinada en contratos comerciales”.
Eso debió de ser música para los oídos de Trump, aunque no para los de Rubio. Rodríguez, abogada de 56 años formada en la Sorbona y exdiplomática en Londres, es experta en el arte de negociar. Y, a diferencia del exconductor de autobús Maduro, puede defender su postura de forma convincente en un inglés y francés impecables o en un castellano erudito.
La presidenta en funciones lo sabe, se trata del petróleo. Siempre es por el petróleo. Rodríguez declaró: “Todas las falsedades del narcotráfico, la democracia, los derechos humanos, no eran sino excusas. Porque lo que sí ha estado presente siempre es que el petróleo de Venezuela debe ser entregado al norte global”. Y la ministra de Hidrocarburos, una pragmática radical, sabe que así es como conseguirá cerrar hábilmente su acuerdo.
Porque sabe que los venezolanos no pueden beberse su petróleo, que su país necesita que las grandes empresas estadounidenses compren su producción y que la industria reconstruya sus antiguas líneas de producción. Darren Woods, el excéntrico director ejecutivo de ExxonMobil, le dijo a Trump que Venezuela sería “inviable para la inversión” a menos que hubiera estabilidad política. Rodríguez puede proporcionar eso.
Pero mientras los muchachos del petróleo hablaban de la necesidad de estabilidad en Venezuela, había un mensaje astuto dirigido a Trump. Dadas las políticas quijotescas de nuestro presidente –desde los aranceles hasta los impuestos y las aventuras militares– las grandes empresas no quieren arriesgar miles de millones a menos que haya un gobierno estable en Estados Unidos.
Greg Palast (Los Ángeles, 1952) es periodista de investigación y autor de los ensayos Armed Madhouse y The Best Democracy Money Can Buy. Ha trabajado, entre otros, para la BBC y The Guardian.
Thom Hartmann (Michigan, 1951) es presentador de radio y autor de 34 libros traducidos a 17 idiomas.
El Maipo/CTXT



