Domingo, Enero 11, 2026

Centroizquierda llama a reconstruir proyecto tras derrota electoral en encuentro “Convergencia Progresista”

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En una actividad realizada en el Teatro Ictus, dirigentes, académicos y exconvencionales coincidieron en la necesidad de redefinir el proyecto socialdemócrata y progresista, en un contexto marcado por el triunfo de la derecha y la desconexión con el electorado.

La derrota de la centroizquierda en las últimas elecciones presidenciales y el avance de la derecha fueron el eje del encuentro “Convergencia Progresista”, organizado por la Fundación Socialdemócrata, la Fundación por la Democracia y la Fundación Movimiento para la Igualdad de Oportunidades, realizado este sábado en el Teatro Ictus.

La actividad reunió a analistas, dirigentes políticos y académicos, quienes coincidieron en que el revés electoral no fue solo un problema de campaña, sino una crisis más profunda del proyecto político de la centroizquierda chilena.

El presidente de la Fundación Socialdemócrata, Juan Eduardo Fábregas, abrió el encuentro señalando que el sector enfrenta una derrota “cultural, simbólica y política”, y que el resultado electoral reflejó un malestar social ligado a la inseguridad económica, la fragilidad laboral y la pérdida de expectativas de progreso. En ese marco, sostuvo que el desafío es reconstruir una propuesta que combine transformaciones estructurales con seguridad material y bienestar inmediato.

En la misma línea, Víctor Barrueto, representante de la la Fundación por la Democracia, planteó que el escenario posterior a la elección abre una oportunidad para “reconfigurar una izquierda progresista, socialdemócrata y moderna”, y advirtió que la unidad por sí sola no basta si no existe un proyecto capaz de responder al Chile actual.

Crisis de organización y fragmentación

Uno de los ejes del encuentro fue la dificultad de articular políticamente al progresismo en un escenario fragmentado. El académico Marco Moreno afirmó que la crisis del sector no es de ideas, sino de organización y coordinación. Según explicó, existe una demanda ciudadana por políticas propias de la socialdemocracia —protección social, bienestar y seguridad—, pero no una oferta política capaz de canalizarla.

Moreno expuso experiencias internacionales, como España, Portugal y Uruguay, para ilustrar distintos modelos de convergencia, y sostuvo que la unidad progresista no puede ser solo discursiva, sino que requiere reglas, prioridades y una arquitectura política clara.

“La convergencia no es un acto de fe, es una ingeniería política”, señaló, planteando que en Chile el desafío central es definir quién ordena el espacio progresista, bajo qué reglas y con qué objetivos.

Debate sobre identidad y representación

Uno de los momentos más críticos fue la intervención del escritor y ex convencional Patricio Fernández, quien cuestionó que el problema del progresismo sea solo organizativo. A su juicio, existe una crisis más profunda de sentido e identidad.

Fernández puso en duda el uso del concepto de “progresismo” en reemplazo de “izquierda” y planteó que los partidos que históricamente representaban al mundo obrero han perdido ese vínculo, lo que se refleja en el apoyo de sectores populares a candidaturas de derecha en Chile y en otros países.

También planteó interrogantes sobre si el eje del proyecto debe seguir siendo la igualdad, la democracia o una determinada forma de comunidad, y llamó a asumir que las certezas del pasado ya no operan en el escenario actual.

Críticas al gobierno y a los partidos

La politóloga Javiera Arce centró su exposición en una dura evaluación del ciclo político reciente. Atribuyó parte de la derrota al gobierno de Gabriel Boric, al que describió como marcado por voluntarismo, inexperiencia y una sobreestimación del apoyo social a las transformaciones.

Además, cuestionó el deterioro de los partidos de la centroizquierda, a los que acusó de haberse vaciado orgánicamente, depender del reparto de cargos y perder arraigo territorial. Según Arce, esto ha debilitado la identidad política del sector y ha contribuido a la desconexión con la ciudadanía.

También apuntó a la falta de recambio generacional y a una relación desigual entre parlamentarios y militancias, lo que —según dijo— ha afectado la vida interna y la representatividad de los partidos.

Democracia, socialdemocracia y crisis del sistema político

Desde una mirada más estructural, el académico Daniel Grimaldi sostuvo que la derrota de la centroizquierda debe entenderse en el marco de una crisis global de la democracia liberal. Según explicó, si bien en las encuestas la ciudadanía sigue declarando su preferencia por la democracia, en la práctica se observa un debilitamiento de los valores que la sostienen, como el respeto a los derechos humanos, el pluralismo y el Estado de derecho, frente a visiones más autoritarias que apelan directamente a la “voluntad del pueblo”.

Grimaldi vinculó este fenómeno con la erosión de la confianza en los partidos políticos, la fragmentación del sistema y el ciclo de alternancias de gobierno que ha impedido construir proyectos de largo plazo. En ese contexto, recordó que el primer proceso constituyente representó una oportunidad histórica para institucionalizar las ideas del progresismo, la que —a su juicio— fue desaprovechada.

El director ejecutivo de Fundación Chile 21 también planteó la necesidad de repensar el rol de los partidos y de la socialdemocracia en el siglo XXI, señalando que estos deben ser capaces de formar élites democráticas competentes, honestas y con capacidad de gobernar el Estado. Asimismo, llamó a disputar el concepto de socialismo desde una tradición más amplia, vinculada al liberalismo social y al Estado de bienestar, más que a sus versiones doctrinarias del siglo XX.

Desconexión territorial y agenda de seguridad

Desde una perspectiva más ligada a la gestión local, el alcalde de Temuco, Roberto Neira, puso el foco en la distancia entre la política y las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía. A partir de su experiencia municipal, relató casos concretos que, según dijo, reflejan cómo sectores populares han dejado de sentirse representados por la centroizquierda y han optado por candidaturas de derecha o antisistema.

Neira sostuvo que temas como la delincuencia, la droga, la inseguridad y el acceso a servicios básicos se han vuelto prioritarios para la población, mientras que la centroizquierda ha tendido a abordarlos de manera tardía o insuficiente. En ese sentido, afirmó que la seguridad también es una condición de la libertad, y que no puede ser abandonada como bandera política del progresismo.

El alcalde llamó a combinar el trabajo programático con una presencia real en los territorios, señalando que la reconstrucción de la centroizquierda pasa por recuperar una base social activa, salir de los círculos políticos y académicos y volver a conectar con la vida cotidiana de las personas.

Crítica al modelo de movilidad social y al vacío de representación

Desde una mirada vinculada al trabajo territorial y a la gestión social, Nicole Sáez, Académica de la USACH y exsubsecretaria del Deporte, planteó que una de las causas centrales de la crisis de la centroizquierda es la desconexión entre la política institucional y la experiencia cotidiana de amplios sectores de la población. A partir de su trabajo en el Gobierno Regional Metropolitano, sostuvo que la discusión pública suele estar muy alejada de las necesidades reales de comunas urbanas y rurales, marcadas por problemas de endeudamiento, precariedad y frustración social.

Sáez vinculó ese malestar con el agotamiento del modelo de movilidad social basado en la educación superior. Según explicó, una parte importante de quienes apostaron por ese camino terminó con estudios inconclusos o con altos niveles de endeudamiento y empleos que no permitieron mejorar su calidad de vida, lo que ha alimentado una sensación de fracaso y resentimiento hacia la élite política. En ese contexto, afirmó que ese desencanto ha sido capitalizado por liderazgos populistas y outsiders, tanto de derecha como de izquierda.

También sostuvo que la centroizquierda no fue capaz de defender ni actualizar su propio legado, lo que la dejó desplazada frente al Frente Amplio primero y frente a la derecha después. A su juicio, el sector abandonó debates clave como el crecimiento económico, la seguridad y la migración, entregando esos temas a la derecha y debilitando su capacidad de representar a las mayorías.

Sáez llamó a que la centroizquierda asuma su rol opositor como un espacio para repensar su proyecto, diferenciándose del Partido Comunista y del Frente Amplio, y construyendo una convergencia que reconozca distintas tradiciones ideológicas —como el humanismo cristiano y el comunitarismo—, con una propuesta democrática y transformadora centrada en las personas, el cuidado, la salud mental y los desafíos sociales del país.

Gumucio y la “batalla cultural” de la centroizquierda

El escritor y columnista Rafael Gumucio abordó el momento político desde una perspectiva cultural, afirmando que la centroizquierda está perdiendo la “batalla cultural”, aun cuando eventualmente podría volver a ganar elecciones. A su juicio, el problema no es solo programático o electoral, sino que tiene que ver con la pérdida de claridad moral, intelectual y simbólica del sector.

Gumucio utilizó como ejemplo la reacción de sectores de la izquierda frente a la caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, señalando que parte del progresismo prioriza el antiimperialismo por sobre la condena a las dictaduras, lo que —según dijo— los desconecta de la experiencia concreta de los migrantes y de quienes sufren esos regímenes. En ese marco, cuestionó que la centroizquierda haya perdido la capacidad de defender principios básicos como la democracia y la decencia común.

También fue crítico con la experiencia constitucional y con la falta de rigor intelectual del progresismo durante ese proceso. Afirmó que buena parte de la centroizquierda respaldó un proyecto que no comprendía ni compartía plenamente, lo que —a su juicio— profundizó la desconfianza ciudadana y debilitó la credibilidad del sector.

Finalmente, Gumucio advirtió sobre el riesgo de una política basada solo en seguir el ánimo popular sin debatir ni confrontar ideas. Si bien sostuvo que es fundamental escuchar a la ciudadanía, también afirmó que la centroizquierda debe recuperar su capacidad de discutir, persuadir y ofrecer una visión de país, en lugar de limitarse a una actitud condescendiente frente al malestar social.

Un llamado a la convergencia

El encuentro concluyó con un llamado transversal a construir una convergencia progresista que no se limite a acuerdos electorales, sino que aborde la crisis de representación, la fragmentación política y la pérdida de conexión con la ciudadanía.

Aunque no se anunciaron definiciones orgánicas ni acuerdos concretos, los organizadores destacaron la jornada como un primer paso para abrir un proceso de reflexión y coordinación de la centroizquierda, de cara al nuevo ciclo político que se inicia tras la derrota presidencial.

El Maipo

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