Domingo, Enero 11, 2026

La recuperación de la soberanía popular. Por Pablo Varas Pérez

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Una extrema precariedad de conocimiento histórico llevó a una senadora electa del Partido Partido Nacional Libertario afirmar que era posible que el gobierno de Kast no llegara al final de su mandato al existir la posibilidad de un golpe militar.

Se trata de la ciudadana Vanessa Kaiser, hermana de quien fuera candidato a presidente por la extrema derecha chilena, y vocero de la familia militar en activo y en retiro.

Los golpes de Estado son ejecutados por los militares y jamás por amor a su país. Intervienen agresivamente para defender los intereses del sector más pequeño de la sociedad, o porque están y sienten el peligro de perder sus privilegios.

Los militares chilenos rompen la institucionalidad por la presión ejercida desde los Estados Unidos. La nacionalización del cobre dejó al país del norte convertido en un gigante con pies de barro. Y la CIA junto al departamento de estado cobraron la vergüenza. Mano de gato fueron los valientes y poco dignos uniformados.

Los militares chilenos nunca han estado del lado ni aportado al progreso. Se han instalado como gatos bajo la mesa para quedarse con las migajas que les dejan caer sus amos. Políticamente se ubican en la derecha, y el más claro ejemplo son los oficiales jubilados que en el próximo periodo se pasearán ufanos por el congreso nacional como parlamentarios, que ellos mientras con música militar y con botas bien lustradas lo mantuvieron cerrado por casi veinte años.

Vanessa Kaiser elegida senadora tiene miedo, le asusta el populacho. Le causa angustia que los sencillos en ya conocidas manifestaciones no muy lejanas en el tiempo pongan en peligro lo establecido. Todos los derechos alcanzados por los trabajadores son consecuencia del ejercicio de la unidad, la huelga y las manifestaciones. Las conquistas sociales no son dádivas.

Nadie les ha regalado nada a los trabajadores, todo lo contrario. En el largo listado del ejercicio parlamentario la defensa del capital se ha convertido en letra escrita sobre piedra. Allí está el salvataje de las ISAPRES, una reforma al sistema del ahorro obligatorio para beneficio de las AFP, y todo un modelo que goza de bienestar impagable.

El ejercicio que ejercen los pueblos es su derecho a la revolución y ganarla. No estamos en los años setenta ni ochenta es verdad, los tiempos actuales necesitan nuevas lecturas donde el protagonismo sea la conquista de derechos. No son tiempos con días de plomo, sencillamente nuevas propuestas que se resisten al exterminio como son el volver a la ilusión, para que estén todos en la gráfica del pueblo como dice Zitarroza.

Ese acto digno que de tanto en tanto hace saltar las trabas de la historia para intentar construir un país esclavo en otro de hombres libres, un país con ciudadanos sin derechos a otro que asegure la continuidad de la vida en condiciones más humana.

Los golpes militares no lo provocan los hambrientos, esos son acciones de los que nadan en la abundancia. Y no es casual que para cumplir a cabalidad lo que los grupos económicos y la burguesía solicita, lleguen a asesinar a sus propios compañeros de armas.

René Schneider no fue asesinado por los comunistas, las armas y el dinero se los entregó el embajador de los Estados Unidos. El general Prat y su esposa murieron porque Pinochet los mandó a matar y sus ejecutores fue la DINA. Bernardo Leighton, cuñado del cardenal de la iglesia católica en Chile sufrió un atentado en Italia junto a su compañera también ordenado por el alto mando y antes de ellos, Patria y Libertad asesinó al capitán Arturo Araya Peeters en Santiago.

Sin absoluta duda nada de lo que ha sucedido desde 1990 hasta la elección y triunfo de la extrema derecha en Chile, hubiera sido posible si los gobiernos de la concertación hubieran tomado la justa alternativa de avanzar en el proceso de transición hacia en real sistema democrático.

Todo fue al amparo de los acuerdos, pactos y negociaciones en las cuales la voluntad de las grandes mayorías quedó marginada, irrumpió el voto útil, el mal menor, todo en la medida de lo posible. No entender aquello es la precaria lectura de las urgencias que se hicieron visible en esos días de octubre.

Quedó ya instalado que no se ganó nada, que todo sigue igual y peor cuando constatamos como se cae a pedazos una parte del Estado por la corrupción, el Poder Judicial, en aquel perverso juego entre los que desde siempre tienen las cartas marcadas.

Posiblemente Chile administrado por la extrema derecha con el beneplácito del empresariado no significará alterar el modelo que ellos han sostenido como bandera enarbolada. Aplaudido desde los Estados Unidos.

La extrema derecha sabe está al tanto que desde Punta Peuco no saldrá nadie y si así fuera, sencillamente se tratará que el tiempo de pasos más largos para acortar el tiempo.

Sin duda alguna necesariamente la soberanía popular volverá a transitar para resolver los temas que por ética y moral están lejos de un poder legislativo que no tiene en absoluto ningún valor.

Pablo Varas Pérez. Profesor de Estado Historia y Geografía. Escritor melipillano y colaborador de elmaipo.cl

El Maipo

Nota: El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de sus autores, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

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