Por Adrián Villellas
Un volcán remoto del sureste de Irán, Taftan , al que se daba por extinto desde hace unos 710.000 años, acaba de salir de la lista de “volcanes muertos”. Un nuevo estudio ha detectado que la zona de la cumbre se ha elevado alrededor de 9 centímetros en solo diez meses, entre julio de 2023 y mayo de 2024, señal de que algo se ha puesto en marcha bajo la montaña.
La buena noticia es que no hay indicios de una erupción inminente. La mala es que Taftan ya no puede tratarse como un simple decorado geológico. Los autores del trabajo piden que se pase de la tranquilidad total a una vigilancia seria y continuada del volcán.
De un olor extraño a una señal clara desde el espacio
Para la población local, las primeras señales no llegaron en forma de gráficos científicos, sino de nariz. En 2023 empezaron a circular comentarios en redes sociales sobre un fuerte olor a azufre que se percibía desde la ciudad de Khash, a unos cincuenta kilómetros del volcán.
Imagina salir de casa y notar un tufo a “huevos podridos” que viene de una montaña que siempre se había dado por inofensiva. Ese detalle tan cotidiano fue el detonante que llevó al investigador iraní Mohammadhossein Mohammadnia a revisar de nuevo, con mucho más detalle, las imágenes de satélite de la misión Sentinel 1 de la Agencia Espacial Europea.
Con esos datos y una nueva técnica para limpiar el “ruido” atmosférico en las imágenes radar, el equipo confirmó un abombamiento localizado en la cumbre de Taftan, concentrado en una zona de fumarolas activas. El levantamiento duró unos diez meses y alcanzó tasas máximas equivalentes a unos 11 centímetros al año, antes de estabilizarse.
Qué está pasando bajo Taftan
El análisis geodésico sitúa la fuente de presión entre unos 490 y 630 metros bajo la superficie, es decir, muy por encima del gran depósito de magma del volcán, que se estima entre 3,5 y 9 kilómetros de profundidad.
Dicho de forma sencilla, la “hinchazón” no viene del corazón profundo del sistema magmático, sino de una zona mucho más superficial, ligada al sistema hidrotermal. Allí circulan aguas calientes cargadas de gases como vapor de agua, dióxido de carbono, dióxido de azufre o sulfuro de hidrógeno. Estudios previos ya habían mostrado que Taftan es un volcán que degasa de manera persistente y que puede emitir del orden de veinte toneladas diarias de dióxido de azufre, un gas clave en la contaminación atmosférica y la lluvia ácida.
El nuevo trabajo descarta que la deformación se deba a lluvias intensas o a terremotos cercanos. No se han encontrado episodios de precipitación ni sismos de la magnitud adecuada en las fechas clave, de modo que la explicación más probable apunta a procesos internos del propio volcán.
Los científicos plantean dos escenarios principales. Uno, que cambios en la permeabilidad de las rocas hayan atrapado gas en la parte alta del edificio volcánico, elevando la presión hasta deformar ligeramente el terreno y forzar la apertura de nuevas vías de escape. Otro, que una pequeña entrada de magma a mayor profundidad haya liberado volátiles que luego se acumularon en el sistema hidrotermal somero. En ambos casos el resultado es parecido en superficie una cumbre que se levanta unos centímetros y un aumento de las emisiones de gas, justo lo que se ha observado, con varios picos de degasificación registrados por los medios locales en enero, febrero y mayo de 2024.
Un “extinto” que ya no lo es
Hasta ahora Taftan se citaba como un volcán extinto. Las rocas más jóvenes datadas en sus laderas tienen unos 710.000 años y no existían registros de erupciones en época histórica. Con el nuevo episodio de inestabilidad y la fumarola persistente, los autores defienden que es más correcto considerarlo un volcán dormido, con potencial real de volver a activarse en el futuro. Otras revisiones recientes llegan a la misma conclusión y recomiendan clasificarlo como activo por su degasificación continua y su respuesta actual.
El propio Pablo González, coautor del estudio, lo resume así “De alguna manera entrará en erupción en el futuro, ya sea de forma violenta o más lenta”. Al mismo tiempo insiste en que “este estudio no pretende generar pánico en la población, sino llamar a la acción para que se destinen recursos a revisar el riesgo volcánico en la región”.
Qué significa esto para la gente y para la gestión del riesgo
Para quien vive a cientos o miles de kilómetros, Taftan puede parecer una curiosidad geológica más. Sin embargo, para las comunidades del entorno y para las autoridades iraníes, el mensaje es claro los volcanes muy antiguos también pueden sorprender y la etiqueta de extinto puede generar una falsa sensación de seguridad.
La ausencia de subsidencia después del episodio de levantamiento sugiere que la presión en el sistema hidrotermal sigue siendo elevada. Eso no quiere decir que mañana vaya a estallar, pero sí que conviene tomarse en serio los peligros asociados, desde explosiones de vapor repentinas hasta emisiones de gases que pueden afectar a pastos, cultivos o fuentes de agua cercanas.
En la práctica, lo que piden los investigadores es bastante concreto instalar redes de vigilancia sísmica y GPS, medir de forma continuada los gases en las fumarolas, elaborar o actualizar mapas de peligros volcánicos y preparar planes de emergencia adaptados a esta realidad nueva.
No es algo que vayamos a notar mañana en la factura de la luz, pero sí en la forma en que gestionamos un territorio que ya sufre sequías, olas de calor y otros impactos del cambio climático. En un mundo donde muchas zonas rurales dependen directamente del suelo que pisan, saber si ese suelo está respirando de más se convierte en una información básica para proteger vidas y medios de vida.
Durante décadas Taftan fue, para muchos, solo una montaña humeante en una esquina remota del mapa. Hoy sabemos que bajo esa cumbre se está reorganizando un sistema complejo de agua, roca y gas. El reloj geológico se ha vuelto a poner en marcha y, aunque lo hace a su ritmo, nos da tiempo de sobra para hacer los deberes si queremos adelantarnos al próximo susto.
El Maipo/Ecoticias



