Jueves, Febrero 12, 2026

“Una olla a presión”: Milei apuesta a contener el dólar para controlar la inflación en Argentina

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Por Juan Lehmann

Al calor del “dólar barato”, el Gobierno busca llegar a las elecciones manteniendo la estabilidad en el aumento de precios, que en febrero registró una leve aceleración. De fondo, emerge la negociación con el FMI por un nuevo crédito. “El desafío principal es no devaluar hasta que llegue el préstamo”, dijo a Sputnik un experto.

En Argentina, un año impar es sinónimo de apreciación de la moneda: con las elecciones legislativas de medio término en el horizonte, el Gobierno de Javier Milei apuesta a mantener el control sobre la inflación anclando el tipo de cambio frente a cualquier presión devaluatoria.

Tras haber trazado un exitoso sendero descendente en el ritmo de aumento de precios durante su primer año de mandato, el dato de febrero posó un manto de incertidumbre: el 2,4% de inflación mensual —apenas por encima del 2,2% de enero— cortó con una tendencia que el Ejecutivo transformó en su política de bandera ante el electorado.

El leve ascenso respecto al mes previo estuvo impulsado por una fuerte suba de los servicios públicos (3,7%) —al calor de la quita de subsidios que repercute en lo que popularmente se denomina un “tarifazo”— y, sobre todo, del sector de alimentos (3,2%), con especial énfasis en la carne (10% en promedio). De hecho, el presidente Milei publicó en sus redes sociales que, “limpiando” el efecto de este último rubro, la tasa de inflación “hubiera sido del 1,8%”, la más baja de su gestión.

No obstante, el precio más importante de la economía argentina es otro: el dólar, cuya cotización oficial sigue avanzando muy por debajo de la inflación. Tras la decisión de reducir el ritmo de devaluación mensual del 2% al 1%, el tipo de cambio luce más “barato” respecto al resto de la economía, funcionando como “ancla cambiaria” para atenuar la evolución de los precios.

Si bien el control sobre el dólar en años electorales ha sido una constante de la política argentina, la particularidad del caso reside en que la Casa Rosada busca sedimentar el fenómeno registrado en 2024, cuando su moneda fue la que más se apreció a nivel mundial; el tipo de cambio subió un 25%, muy por debajo del 118% de inflación anual registrada.

Un guiño desde Washington

El margen no es infinito. Mientras avanza el año electoral, también lo hace el diálogo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el que el Ejecutivo planea firmar un nuevo acuerdo para obtener entre 10.000 y 15.000 millones de dólares y robustecer el programa económico. La complejidad del caso reside en el talón de Aquiles de las negociaciones: históricamente, el organismo ha exigido entre sus condiciones una devaluación que torne más competitivo al país.

Para sostener la estabilidad, la Administración Milei mantiene fluidos diálogos con las autoridades del organismo cuyo directorio tiene la llave para destrabar un crédito que dé aire a la gestión económica. “La visión del Gobierno apunta a aguantar lo máximo posible hasta que lleguen los desembolsos frescos del Fondo, pero lo que demora cualquier acuerdo es la resistencia a actualizar el tipo de cambio, que suele ser una exigencia fundamental del organismo”, dijo a Sputnik el economista Ramiro Tosi.

Para el especialista, “el objetivo principal del Gobierno es sostener la inflación sin devaluar. El desafío es que hoy el tipo de cambio es una olla a presión: el dólar oficial sigue subiendo apenas 1% por mes, por debajo de los precios”.

Un respaldo electoral le puede dar la sostenibilidad para devaluar nuevamente, en sintonía con las señales del mercado“, destacó.

Según el experto, la lucha contra el principal mal de la economía argentina de la última década reviste mucha complejidad: “El piso del 2% mensual no va a ser fácil de perforar, incluso intentando controlar el dólar. El rebote de febrero respecto al mes previo era esperable, incluso por temas estacionales”.

Los límites del ajuste

El consultor consideró que la “motosierra” blandida por Milei tiene sus límites. Al respecto, estimó que a fin de llegar a los comicios con una inflación a la baja, el Ejecutivo cederá en su drástico ajuste de los servicios públicos —cuya suba duplicó a la inflación del año previo—, para que este aumento no se traslade a los precios. “El Gobierno va a pisar las tarifas lo máximo posible para evitar un nuevo salto inflacionario antes de las elecciones”, apuntó.

“Es probable que haya una recuperación marginal de los ingresos. La amortiguación del incremento de tarifas apunta en ese sentido, siempre con la mirada puesta en obtener un buen resultado electoral”, enfatizó Tosi.

Sin embargo, el economista destacó que una mejora en los salarios de los empleados del sector privado que goza de la formalidad laboral —menos de la mitad de los trabajadores— puede “profundizar una situación dual: mientras que quienes tienen derechos laborales empiezan a ver una paulatina mejora del poder adquisitivo después de la fuerte caída, los más postergados aún no la sienten“, afirmó.

El Maipo/Sputnik

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