Por Sebastián Ochoa
En noviembre de 2025, cuando asumió la presidencia de Bolivia, Rodrigo Paz tenía enfrente un enorme desafío: desde hacía dos años se registraba una carencia pronunciada de dólares en el sistema financiero.
En sus primeras semanas de mandato, mantuvo reuniones con diversos organismos de crédito internacional, los cuales se mostraron dispuestos a prestarle de inmediato al país sudamericano. Hasta el momento, el nuevo Gobierno obtuvo apoyo por 8.000 millones de dólares.
En los últimos días, medios de comunicación señalaron que la nación estaba en una negociación formal con el FMI para dialogar sobre un plan de Facilidad Ampliada del Fondo (EFF). Sin embargo, esta versión fue rechazada por las autoridades locales.
Hasta el 8 de noviembre de 2025, la deuda externa de Bolivia ascendía a 14.131 millones de dólares, lo cual marcaba un récord histórico. Actualmente, sin el préstamo del FMI, ya supera los 24.000 millones de dólares. Este monto incluye los 2.200 millones de dólares recientemente viabilizados por la Asamblea Legislativa Plurinacional para créditos y proyectos de desarrollo, trancados durante la Administración de Luis Arce (2020-2025) por la falta de acuerdos políticos.
En estos tres meses de presidencia, Paz logró estabilizar la economía boliviana, asediada por el precio descontrolado del dólar en el mercado paralelo y por la falta de combustibles, fundamentalmente. El nuevo Gobierno también consiguió apoyo de varios sectores empresariales e instituciones de crédito de todo el mundo.
La pregunta que resta es: ¿podrá Paz reactivar el aparato productivo boliviano, de modo que lleguen dólares al país para honrar los compromisos con organismos de crédito internacional?
Uno de los motivos de la escasez de dólares residió en la caída en la producción de hidrocarburos, la principal fuente de ingresos de divisas al país. Hasta el momento, no hay señales de que se vaya a reactivar la explotación a gran escala en los pozos petroleros.
El vínculo con el FMI
El lazo de Paz con el FMI se inició en noviembre de 2025, días antes de que asumiera la presidencia. En ese momento, la institución de crédito había dejado en claro su interés por prestar a Bolivia, luego de dos décadas ausente por los gobiernos del Movimiento Al Socialismo (MAS), los cuales consideraban que este y otros organismos imponen condiciones a los países, lo cual socava su independencia para decidir sus programas de desarrollo económico.
En el interregno gobernado por Jeanine Áñez (2019-2020), el FMI entregó a Bolivia 327 millones de dólares, los cuales fueron devueltos por Arce en 2021.
Con la llegada de Paz, el FMI volvió a la carga. En enero, el ministro de Economía, Gabriel Espinoza, se reunió con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, en el marco del Foro de Davos, en Suiza. La economista búlgara no se ahorró elogios para destacar el trabajo del nuevo Gobierno en tan poco tiempo.
“Tuve una conversación muy enriquecedora con Gabriel Espinoza sobre los impresionantes esfuerzos del Gobierno boliviano para mejorar las condiciones de vida de todos los bolivianos. El FMI apoyará este esfuerzo histórico en cada paso del camino”, escribió Georgieva en su cuenta de X.
Espinoza contó que, dentro del organismo internacional, le expresaron su sorpresa porque, “en apenas dos meses, se ha logrado lo que muchos analistas y organismos multilaterales pensaron que nos iba a tomar entre un año y medio y dos años [conseguir], y con un costo social muchísimo más grande”, dijo a la prensa.
Con este trasfondo, se estimaba la llegada de los recursos del FMI. Pero las autoridades bolivianas rechazaron este movimiento.
El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, aclaró: “Hay una aproximación con todos los organismos, pero Bolivia no está formalmente en un proceso de negociación con el FMI, que es importante para poder dar liquidez. El programa económico [nacional] es un programa económico decidido por nosotros”.
En entrevista para Sputnik, la economista Cecilia Fernández destacó que, aunque el Gobierno señale que no hay un diálogo formal con el FMI, es posible que exista de manera no oficial, como ambas partes lo evidenciaron en los últimos meses.
“Están usando el término ‘formal’. Así se da un margen de acción para que, luego, digan que sí se llevaron a cabo reuniones y ahí está el acuerdo. Considero que quieren evitar la crispación de sectores sociales antes de iniciar las negociaciones más abiertamente. Por eso lo están negando”, analizó Fernández.
Pero, en definitiva, los rumores dispersados por los medios “representan una alerta para la población. La gente debe tener presente que se están haciendo estos acercamientos. Hay que manejar con pinzas todo lo que dice el Gobierno”, comentó.
Los créditos vigentes
Hasta el momento, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) otorgó a la nación sudamericana un préstamo de 4.500 millones de dólares. La Corporación Andina de Fomento (CAF) firmó para entregar otros 3.100 millones en un plazo de cinco años. Con los 200 millones habilitados por el Banco Mundial, más de los 2.200 millones que viabilizó la Asamblea, ya hay un total de 10.000 millones de dólares.
Sumado a los 14.000 millones de dólares de deuda que dejaron los gobiernos del MAS, ya son más de 24.000 millones de dólares adeudados.
Más allá del monto, Fernández puso el foco en “las condiciones que ponen estos organismos, que vienen con un marco político-económico. Se habla de modificar el tipo de cambio, de la reducción del Estado, pero pueden incluirse otros temas muy complicados, como la flexibilización laboral salarial y el ajuste en general, que siempre es una condición que pone el FMI”.
“¿Cuáles van a ser las condiciones de los préstamos? ¿Qué vamos a ceder? Que nos den dinero demuestra que hay intereses geopolíticos”, reflexionó.
Para la economista, el Gobierno de Estados Unidos en este contexto es un actor importante, debido a que está interesado en tener un mayor control sobre la región.
“Si bien el FMI tiene coparticipación de varios países, EEUU influye mucho en sus decisiones. Ven que es un buen momento para hacer negocios con las naciones de Sudamérica”, acotó.
En 2025, con el auge de la escasez de dólares, esta moneda llegó a cotizar en el mercado callejero a 23 pesos bolivianos, una enorme brecha con el precio oficial de 6,96 unidades, que aún se mantiene. En estos días, el dólar paralelo bajó a nueve pesos bolivianos. En el Gobierno de Paz advirtieron que, en algún momento, se deberán unificar ambas cotizaciones.
El FMI estaría recomendando al mandatario sudamericano realizar una devaluación, por lo cual se optaría por un dólar a nueve pesos bolivianos.
Medidas de este tipo “terminan repercutiendo en la calidad de vida de los más pobres, quienes no tienen condiciones para adecuarse a un contexto adverso. Los ricos no van a sentir esto, porque tienen un colchón grande de recursos para enfrentar esta situación”, dijo Fernández.
La construcción del relato
Desde la Red de Economía Política dijeron a Sputnik que, en los últimos, años varios sectores políticos “sabotearon la economía y construyeron una narrativa mediática catastrófica de ‘crisis’, de ‘desastre’, de un Estado en situación ‘terminal’. Con el argumento de ‘salvar al país de una gestión de 20 años donde no hizo nada’, ahora se debe recurrir a los organismos internacionales de crédito”.
“Han tenido que montar toda una novela dramática y apocalíptica como la mejor vía para la restauración neoliberal. El Gobierno de Arce, responsable de su propia crisis, no supo lidiar con el acecho empresarial y la propia fractura de su organización política”, sumaron.
Desde la red recordaron que Paz, durante su campaña electoral, aseguraba que no recurriría al endeudamiento internacional para subsanar las cuentas internas del país.
Y explicaron que la deuda externa que recibió Paz, de 14.131 millones de dólares, ya representaba “el 24,6% del Producto Interno Bruto (PIB), que estaría por debajo del techo del 40% recomendado”. Pero el incremento de los últimos meses puede implicar un peligro a futuro.
Por su parte, el economista Omar Velasco compartió con Sputnik su preocupación por el pago de la deuda, “porque los servicios de la deuda se han incrementado a un ritmo del 30% por año”.
“Lo más probable es que tengamos un aumento fuerte de la deuda en este 2026. Es un nivel de endeudamiento alto, un récord, y esta tendencia parece más bien agarrar impulso”, concluyó.
El Maipo/Sputnik




