Desde que la Revolución Islámica derrocó a Mohammad Reza Pahleví en 1979, EEUU e Israel han tejido una narrativa que ‘demoniza’ a Irán, colocándolo como un país al borde del colapso y con oscuras intenciones nucleares destructivas. Sin embargo, la guerra mediática no ha funcionado como quisieran y, ante ello, sólo les queda la confrontación armada.
Hasta hace apenas unas semanas, muchos medios corporativos occidentales señalaron que el Gobierno iraní estaba a punto de caer y que el ayatolá Alí Jameneí sería derrocado por su propio pueblo. Informaron que supuestamente las protestas internas estaban orientadas al derrocamiento de la República Islámica y que era cuestión de tiempo —como lo afirmó Donald Trump— para que sucediera un cambio de poder.
Sin embargo, nada de eso sucedió. Al final, el líder supremo del país persa tuvo que ser asesinado en una operación militar que no duró uno o dos días —como prometió en un inicio la Casa Blanca—, sino que se ha extendido por una semana sin resultados claros.
Todo eso es lo que a lo largo de las últimas semanas ha vendido la propaganda estadounidense e israelí a través de narrativas mediáticas que llevan décadas “demonizando” a Irán como un país aislado donde el extremismo es el pan de cada día.
“La satanización de Irán como un régimen malvado data de tiempo atrás y siempre tuvo como objetivo justificar una guerra, sobre todo, ante el electorado estadounidense”, observa en entrevista con Sputnik Alejandro Salgó Valencia, doctor en Ciencias Políticas de la UNAM con especialidad en Relaciones Internacionales.
Para el analista, las manifestaciones internas de enero pasado en Irán fueron impulsadas por el Mossad y la CIA —tal y como lo ha afirmado Teherán y varios reportes periodísticos— bajo “un esquema de guerra híbrida”, donde la propaganda juega un papel preponderante.
“Durante décadas, una parte significativa del discurso político y mediático occidental ha presentado a Irán como un actor esencialmente irracional, agresivo o permanentemente al borde de un colapso”, señala en entrevista con Sputnik Maribel Alvarado, maestra en Estudios de Asia por El Colegio de México.
En muchos casos, apunta, esta narrativa ha descrito al país persa como “una amenaza global inminente o como un régimen cuyo derrumbe sería inevitable en el corto plazo”. No obstante, puntualiza, cuando se observa la evolución real del sistema política político iraní, esas predicciones no se han materializado ni los relatos no se sostienen en los hechos.
Por ejemplo, recuerda Salgó Valencia, en la difusión de las manifestaciones como supuesta caída inminente del Gobierno de Jameneí intervino incluso Starlink, el servicio de telecomunicaciones del multimillonario Elon Musk, quien ha tenido un papel activo en otros conflictos del mundo como Ucrania o la Franja de Gaza.
“Toda esta estrategia [de propaganda occidental] estuvo mal calculada porque, finalmente, las protestas se apagaron y, de haber sido auténticas, hubieran provocado un verdadero caos dentro de Irán sin necesidad de una guerra como la que vemos ahora. De algún modo, vemos que hay un desfase para los planes de Occidente”, señala el internacionalista.
¿Una mentira diferente para cada parte del mundo?
Durante casi tres décadas, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha dicho que Irán supuestamente está a punto de construir un arsenal nuclear de alta peligrosidad para la estabilidad global. Sin embargo, sus palabras nunca han sido sostenidas por los hechos e incluso el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha señalado que “no ha visto ninguna prueba concreta” de que exista un programa activo de armas nucleares en la nación persa.
Aunque Washington y Tel Aviv mantienen desde hace años una narrativa sincronizada acerca de que Teherán representa una amenaza nuclear para Oriente Medio y el mundo entero, la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) engloba a Irán dentro de los “países no poseedores de armamento nuclear”. Israel, en cambio, aparece como poseedor de 90 armas nucleares.
🇮🇱🚀El mantra de Netanyahu año tras año: Irán está a punto de crear una bomba atómica
— Sputnik Mundo (@SputnikMundo) March 1, 2026
Los dirigentes de Israel —un país que no confirma ni niega la tenencia de armas nucleares— llevan al menos 30 años atemorizando a su pueblo y al mundo entero con la "amenaza nuclear de Irán",… pic.twitter.com/b7KFcmSyfd
De hecho, hasta Washington lo admite. En marzo de 2025, la directora de Inteligencia Nacional de EEUU, Tulsi Gabbard, presentó un informe ante el Congreso de su país en el que concluyó lo siguiente: “La Comunidad de Inteligencia de EEUU sigue evaluando que Irán no está construyendo un arma nuclear”. Sin embargo, Trump pronto minimizó la declaración de la funcionaria.
Y es que la representación de un adversario como una amenaza excepcional trata de “facilitar o legitima las políticas de presión, sanciones económicas o incluso acciones militares”, tal y como ha ocurrido con Irán, subraya Alvarado.
A propósito de esta propaganda gestada desde las élites políticas israelí y estadounidense, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, aseguró que Netanyahu recurre a alegatos diferenciados para pretender justificar la agresión de EEUU e Israel contra Irán, pensados según el público al que se dirige. A decir de Pezeshkian, la hasbará (propaganda) de Netanyahu va a tres frentes distintos para tratar de justificar la ofensiva:
- “A los iraníes, les habla de libertad”.
- “A los estadounidenses, les advierte sobre la amenaza nuclear que representa Irán”.
- “Y para la audiencia sionista, llama a los iraníes ‘amaleks’ [el enemigo de Israel]”.
La maquinaría mediática, apunta Alvarado, se articula en diferentes niveles. Primero, dice, los mensajes nacen de líderes políticos que, luego, son amplificados por una amplia red de medios de comunicación, think tanks, centros de pensamientos y analistas.
“Con el tiempo, repetir estas narrativas puede consolidar una percepción pública incluso cuando la evidencia empírica no siempre coincide plenamente con el tono de alarma del discurso político”, concluye la internacionalista, para quien la información es un “instrumento de poder” tan poderoso como una bomba en los conflictos geopolíticos.




