(Brasilia) La reforma agraria y la gobernanza justa de la tierra emergieron como temas fundamentales en la 39 Conferencia Regional de la FAO, en la cual Colombia alertó hoy en esta capital sobre profundas desigualdades.
Sin una transformación profunda será imposible erradicar el hambre en el campo, afirmó Itayosara Rojas, asesora del Ministerio colombiano de Agricultura y Desarrollo Rural.
En la última jornada de la cita de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Rojas destacó los principales resultados de la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (Icarrd+20).
Tal reunión ocurrió recientemente en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias con la presencia de delegaciones de más de 50 países, organizaciones campesinas, pueblos indígenas, académicos y entidades internacionales.
Mientras que en otras regiones del planeta las explotaciones agrícolas tienden a fragmentarse, en América Latina el tamaño promedio de las fincas ha aumentado, lo cual muestra procesos de consolidación de grandes propiedades y expansión del agronegocio, manifestó la funcionaria.
A su juicio, esa concentración no es solo un problema económico, sino también social, ambiental y político.
La desigual distribución de la tierra limita el desarrollo rural, dificulta la seguridad alimentaria y contribuye a fenómenos como la deforestación y la pérdida de biodiversidad, recalcó.
Por otra parte, manifestó que más de mil millones de personas en el mundo carecen de seguridad jurídica sobre sus territorios, situación que golpea con especial fuerza a comunidades rurales, indígenas y afrodescendientes.
Rojas también llamó la atención sobre las brechas de género existentes en el acceso a la tierra.
Ante este panorama, recordó que la Icarrd+20 aprobó una declaración que actualiza los principios de la reforma agraria y propone siete ejes orientadores.
En la iniciativa, agregó, aparecen el reconocimiento del papel de campesinos y pueblos indígenas en la producción de alimentos, la promoción de una distribución equitativa de los recursos naturales y el fortalecimiento de la agroecología.
A juicio de la asesora, la tierra no debe ser vista únicamente como un activo financiero, y sí como el fundamento material y cultural de millones de comunidades rurales y condición esencial para la justicia social, la paz y la seguridad alimentaria.
El Maipo/PL




