Lunes, Enero 12, 2026

“Populismo institucional de Pedro Sánchez”: ¿Enviará España sus tropas a Ucrania?

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Por Yarisley Urrutia

Pese a la inconcreción del anuncio de los aliados de Kiev de enviar sus tropas a Ucrania, la novedad radicó en que España se mostró partidaria de enviar un contingente. Los analistas consultados afirman que “nada en concreto” resultará de la iniciativa y que “nadie” desea resolver el conflicto de Ucrania “en el marco de la OTAN”.

El balance más llamativo de la reunión el día 6 en París de los 35 países que integran la denominada Coalición de Voluntarios, es que los países europeos buscarían desplegar sus tropas en Ucrania una vez se secunde algún tipo de acuerdo de paz o alto al fuego.

Pero antes hace falta la aprobación de los parlamentos nacionales. De ahí que lo suscrito por el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer, es apenas un memorando de intenciones para”desplegar unidades” bajo el pretexto de “apoyar la reconstrucción de las Fuerzas Armadas de Ucrania y respaldar la disuasión”. Contingentes de otras naciones europeas podrían unirse al despliegue que quieren liderar Francia y el Reino Unido. Pese a la ausencia de detalles sobre el número de integrantes de tal fuerza (el documento no se dio a conocer), Macron habló de “varios miles” de soldados, respecto a Francia.

La iniciativa no es nueva, como tampoco las reticencias de secundarla de Alemania y Polonia, por ejemplo. La novedad radica en esta ocasión en la posición de España, cuyo presidente, Pedro Sánchez, se sumó por primera vez a la idea.

Estamos dispuestos a consolidar la paz con la presencia de las Fuerzas Armadas españolas. Si lo hemos hecho en otras latitudes, ¿cómo no lo vamos a hacer en Europa?”, destacó, en alusión a misiones en el marco de la OTAN o las avaladas por la ONU.

No se aludió durante la reunión en París a la necesidad de convenir con Naciones Unidas una acción de estas características. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, incluso aventuró la posibilidad de esquivar tal aquiescencia, si bien admitió la conveniencia de implicar a la ONU “de alguna forma”.

Apoyos parlamentarios al Ejecutivo de Sánchez, como Podemos o los nacionalistas gallegos del BNG, declaran su total oposición al proyecto. Incluso su socio de coalición, Sumar, alberga serias dudas. La actual postura del Gobierno español contrasta con su anterior moderación en esta cuestión. Sánchez se verá obligado a solicitar el apoyo del opositor Partido Popular, lo cual podría conmocionar la aritmética parlamentaria y crear importantes contradicciones.

¿Por qué ahora este cambio?

Cabe preguntarse por qué Pedro Sánchez conviene ahora con una iniciativa a la que antes venía negándose, aun a riesgo de tensar la política interna del país y la propia continuidad de su Gobierno.

En expresión del politólogo y doctor en Geografía Militar Enrique Refoyo, el cambio de posición atiende al “populismo institucional de Sánchez”, un compromiso de cara a tranquilizar a “sus curadores internacionales”, pero ajeno a una voluntad real.

De todos modos, desde los años 80, desde la época de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el Partido Socialista ha sido una correa de transmisión del globalismo para el país“, subraya, en conversación con Sputnik. Y pone como ejemplo el apoyo a la “invasión y destrucción de Libia por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero”. A su juicio, España se adhiere al anuncio gracias a la vaguedad de este.

No se hará nada en concreto, solo promesas de futuro. ¿Quién va a meterse en Ucrania? ¿Qué país europeo tiene fuerzas suficientes como para enviar una primera oleada y tener varias rotaciones ya preparadas? Y con Groenlandia pasa igual. ¿Quién enviará fuerzas militares a pegarse por los hielos de Groenlandia contra EEUU? Es todo una política de gestos y declaraciones, pero no de acciones“, asegura Refoyo.

De resultas de esta política de gestos, el “efecto propagandístico” está servido. “Como sucedió con el barco de la Armada que Sánchez dijo que enviaría a proteger la Global Sumud Flotilla y que no lo hizo”, recuerda este analista, para quien la política exterior “no genera polarización” en España, al ser “mayormente ignorada”. Según él, temas como el de Venezuela “funcionan mucho mejor” a la hora de ocupar la atención internacional de la opinión pública española. “El tema de Ucrania es simplemente secundario en estas condiciones”.

Al respecto del apoyo gubernamental a la causa palestina, que sí caló entre la población, Refoyo sostiene que el Gobierno español no pudo permanecer ajeno a una causa que reactivaba al electorado de izquierda.

“Fue también una manera de vestirse de izquierdista en un momento en que el Gobierno lleva a cabo una política económica neoliberal, aceptando todo lo que le dice la UE”, conviene el sociólogo y ensayista de geopolítica Aníbal Garzón, que explica a Sputnik que España “sigue sin poner en duda” sus relaciones con EEUU, al que sigue “sin asociar con el concepto de imperialismo por sus acciones en Venezuela y Groenlandia”.

Sobre los riesgos

España es reticente a aumentar el gasto militar al 5% del PIB que dicta Trump en la OTAN. El envío de tropas a Ucrania podría ocasionar “un agujero en los presupuestos o un mayor endeudamiento del Estado”, advierte Refoyo.

“Mal asunto de cara a las elecciones de 2027”, explica, en referencia a un posible detrimento de las partidas para “sanidad y educación”. En su opinión, Pedro Sánchez podría intentar enmarcar la acción dentro de los gastos ya aprobados y decir que “ya está todo pagado”. “Así salvaría la situación interna y también la externa, pues diría a la OTAN y a la UE que España está muy comprometida con el envío de tropas”.

Para Moscú, el compromiso asumido en París se halla “muy lejos de una solución pacífica”. Según declaró la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, el despliegue de unidades militares occidentales, sus equipos e infraestructuras, se considerarán una “intervención extranjera” y una “amenaza directa” para la seguridad de Rusia y otros países. “Todas estas unidades e instalaciones serán consideradas objetivos legítimos de combate por las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia“, declaró.

“Meterse en Ucrania implica una escalada con Rusia”, recuerda Refoyo. A su juicio, tal riesgo cercena entre la población europea el entusiasmo de sumarse a la iniciativa. Una iniciativa que esquiva formalmente a la OTAN en su sentido clásico. “Porque nadie quiere resolver el conflicto en el marco de la OTAN. Absolutamente, nadie”, resalta.

No es cuestión de gasto económico, sino de descrédito social. La mayoría de los europeos no quiere ir a una guerra. La OTAN se caería. Por eso se sigue queriendo movilizar hasta las generaciones más jóvenes de ucranianos”. Un hipotético despliegue y la perspectiva de una guerra con Rusia “solo contaría con el fervor de los países bálticos, los nórdicos y habría que ver hasta qué punto Polonia“, afirma.

La contribución de España podría erosionar su propia seguridad. “Cualquier envío y pérdida de tropas españolas en un contencioso como el ucraniano significaría el descrédito político y el debilitamiento militar”, asegura este politólogo, que advierte del peligro de “abrir la puerta a un oportunismo marroquí” en tal situación. “Israel respalda a Marruecos en sus ambiciones de expansión económica, militar y territorial que amenaza las islas Canarias, Ceuta y Melilla. Y Netanyahu ya aprovechó para cargar contra el Gobierno de Sánchez por su reconocimiento al Estado de Palestina”.

Contradicciones españolas y europeas

En un contexto en que el ministro de Exteriores francés, Jean-Nöel Barrot, llama a responder a las injerencias de Washington en Groenlandia con un plan de respuestas de “represalia”, rechina que un despliegue de tropas europeas en Ucrania pudiera acometerse bajo la supervisión y garantías de los propios EEUU, tal y como se acordó durante la reunión en París.

España, que alude a la necesidad de respetar el derecho internacional con relación al ataque de EEUU contra Venezuela, obvia el cumplimiento de las resoluciones de la ONU respecto al contencioso del Sahara Occidental, donde asume el plan marroquí de autonomía para el territorio en detrimento del proceso de autodeterminación. Exactamente como marca la política estadounidense para la zona.

Pese a su mirada crítica sobre la cuestión palestina y las posiciones de EEUU, España acaba reproduciendo lo mismo que dice Washington en la cuestión del Sahara Occidental, al aceptar que el territorio sea marroquí. Y España no replica su actitud hacia Rusia con EEUU, por mucho que ahora apoye a Dinamarca frente a él“, afirma Garzón.

Al respecto del apoyo brindado a Copenhague, este analista recuerda que Madrid suele definir sus posturas en función de sus realidades nacionales. “Por ejemplo, España no acepta a Kosovo como Estado independiente no por convicción, sino para que esa realidad no le rebote en Cataluña y el País Vasco”.

En la antesala de la reunión en París, España, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido, Polonia y Dinamarca suscribieron una declaración conjunta en apoyo de esta última en la que, antes que señalar que los asuntos de Groenlandia y Dinamarca solo competen a estos países, se remarcó que la seguridad de la zona del Ártico es “prioridad clave” para Europa y “crítica” para la “seguridad transatlántica e internacional”. Sin denunciar la amenaza de EEUU, el texto recuerda la estrategia común en la zona de los miembros de la OTAN.

¿Tendrá esta declaración algún efecto práctico? “No servirá para nada. Pero le sirve a Sánchez para salvar la cara. Él únicamente trata de sortear la realidad y seguir en el cargo hasta perderlo o ser consumido por el poder”, afirma Refoyo.

Para Garzón, la actitud de España evidencia un “doble rasero” que también impregna a Occidente, “porque cuando hablan de derecho internacional, yo lo etiquetaría de derecho occidental”, explica. “No es un gobierno crítico con el imperialismo norteamericano. Pero se centra en criticar a Rusia”, concluye.

El Maipo/Sputnik

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