Por Adrián Villellas
La prefectura japonesa de Niigata ha despejado el último gran obstáculo político para que la central de Kashiwazaki-Kariwa, la mayor del mundo por capacidad instalada, vuelva a producir electricidad por primera vez desde el accidente de Fukushima. La asamblea regional respaldó a finales de diciembre la decisión del gobernador Hideyo Hanazumi de aceptar el reinicio, un paso imprescindible para que Tokyo Electric Power Company (TEPCO) pueda culminar los trámites finales con el regulador y poner en marcha, previsiblemente en enero de 2026, el reactor 6.
La operación tiene una carga simbólica singular. Kashiwazaki-Kariwa comparte operador con Fukushima Daiichi, el complejo que en marzo de 2011 sufrió el peor accidente nuclear desde Chernóbil. Y, de concretarse, el reinicio supondría el primero de TEPCO en la era posterior a Fukushima, en un país que durante años congeló su parque nuclear mientras endurecía reglas y cultura de supervisión.
La planta está situada en la costa del mar de Japón, en las localidades de Kashiwazaki y Kariwa, y ocupa un emplazamiento de unos 4,2 kilómetros cuadrados. Dispone de siete unidades, cinco reactores BWR y dos ABWR. Según la ficha pública del regulador, las unidades 6 y 7 (ABWR) tienen una potencia de 1.356 megavatios eléctricos cada una, mientras que las unidades 1 a 5 (BWR) se sitúan en torno a 1.100 megavatios.
La vuelta al servicio se apoya en un argumento técnico y en otro económico. El primero es la cadena de inversiones y revisiones acumuladas tras años de parón, con mejoras de protección frente a riesgos externos y refuerzo de protocolos. El segundo es que la central, con una potencia total en el entorno de los 8,2 gigavatios, aliviaría la presión sobre el sistema eléctrico y sobre las importaciones de combustibles fósiles en un contexto de seguridad energética y objetivos climáticos.
El hito operativo más reciente lo marcó la propia compañía. TEPCO anunció el 21 de junio de 2025 la finalización de la carga de combustible en la unidad 6, con 872 conjuntos de combustible, un paso previo necesario antes de solicitar las confirmaciones regulatorias asociadas a la puesta en marcha.
El historial sísmico del emplazamiento es, a la vez, un aval y un recordatorio de vulnerabilidad. En julio de 2007, el terremoto de Niigataken Chuetsu-Oki obligó a detener la planta y abrió un proceso de revisión internacional. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA) realizó una misión de expertos y un seguimiento posterior, con lecciones sobre evaluación del peligro sísmico y respuesta de estructuras y sistemas, un trabajo que la organización vincula a la mejora de estándares de seguridad sísmica.
Sin embargo, el principal desafío ya no es solo tecnológico. Es social y político. Reuters y Associated Press informaron de protestas y de un clima persistente de desconfianza, con parte de la población local inquieta por la gestión de emergencias y por la credibilidad del operador, todavía asociado en el imaginario público a los fallos que derivaron en Fukushima.
El debate, además, convive con señales de que el regulador mantiene la guardia alta en materia de seguridad y gobernanza interna. En noviembre, Reuters recogió un incidente por el manejo indebido de documentos confidenciales en la central, dentro de un historial de controles reforzados sobre TEPCO en los últimos años.
La reapertura se inscribe en el giro gradual de Japón desde el cierre casi total del parque nuclear tras 2011 hacia un modelo en el que el átomo vuelve a ocupar un papel relevante. Reuters cifra en 33 los reactores considerados operables en el país y en 14 los que han regresado ya al servicio, un dato que refleja tanto el cambio de rumbo como la complejidad administrativa y social de cada reinicio.
A tener en cuenta
Lo que viene ahora es un tramo final menos vistoso pero decisivo. TEPCO debe completar inspecciones y autorizaciones de uso antes del arranque comercial del reactor 6, mientras la unidad 7 podría quedar para una fase posterior. En paralelo, el Gobierno regional y los municipios del entorno continúan exigiendo pruebas realistas de evacuación, claridad en la información pública y garantías de infraestructura, porque en Niigata el permiso político no equivale a consenso social.
Para seguir la cronología y contrastar el estado del proceso, dos referencias primarias ayudan a separar el dato verificable del ruido. Por un lado, la comunicación oficial de TEPCO sobre la carga de combustible en la unidad 6. Por otro, la ficha pública de la Autoridad Reguladora Nuclear (NRA) con el inventario de reactores y potencias del emplazamiento.
Y, como termómetro del debate en clave divulgativa y ambiental, Ecoticias ha publicado en los últimos años varias piezas que reflejan la tensión entre el retorno de la nuclear y el recelo por los riesgos asociados, con menciones a Kashiwazaki-Kariwa y al impacto persistente del precedente de Fukushima.



