Veintidós personas se sientan en el banquillo de los acusados en París por una trama de crímenes ordenados desde la logia Athanor, en la que participaron militares, policías y empresarios
Un juicio sin precedentes se abrió el pasado lunes 30 de marzo en el Tribunal de lo Criminal de París. Veintidós personas —entre ellas cuatro militares del servicio de inteligencia exterior (DGSE), tres policías, un exagente de inteligencia interior, un guardia de seguridad y dos directivos empresariales— responden ante la justicia por una serie de crímenes cometidos al amparo de la logia masónica Athanor, con sede en Puteaux, en el área metropolitana de París, y disuelta desde entonces. Trece de los acusados se enfrentan a cadena perpetua, consignó Radio France y otros medios europeos.
El caso destapó una red mafiosa que, según la investigación, operó durante años dentro de esa logia y cuyas actividades escalaron progresivamente desde delitos menores hasta el homicidio. Los cargos incluyen el asesinato del piloto de carreras Laurent Pasquali en noviembre de 2018, el intento de asesinato de la coach empresarial Marie-Hélène Dini y el de un sindicalista del movimiento de los chalecos amarillos, Hassan Touzani, además de agresiones, robos y asociación delictiva.
El detonante: un asesinato fallido
Todo comenzó el 24 de julio de 2020, cuando dos militares fueron detenidos cerca del domicilio de Dini. Los soldados declararon haber sido manipulados para creer que actuaban contra una agente del Mosad, el servicio de inteligencia israelí, por encargo del propio Estado francés. La realidad era muy distinta: detrás de la orden estaba Jean-Luc Bagur, de 69 años, coleccionista de armas y “venerable maestro” de la logia Athanor, quien habría pagado 70.000 euros para eliminar a una rival profesional.
Bagur habría encargado el trabajo a Frédéric Vaglio, otro miembro de la logia, quien actuó como intermediario entre el instigador y los ejecutores. El eslabón operativo de la cadena era Daniel Beaulieu, de 72 años, exagente jubilado de la Dirección General de Seguridad Interna (DCRI), reconvertido al mundo de la inteligencia económica privada. Según la investigación, Beaulieu llevó una doble vida durante dos décadas, coordinando desde dentro de Athanor toda clase de golpes por encargo.
Una lista de crímenes en escalada
Las llamadas “misiones” de la red fueron ganando en brutalidad con el tiempo. Lo que comenzó con acciones de intimidación —quemar un coche, lanzar ratas muertas en un jardín, robar un ordenador mediante un falso repartidor de pizzas o agredir a un cargo electo— derivó en asesinato por encargo. El primer homicidio atribuido a la red fue el del piloto Pasquali, ejecutado para cobrar deudas y confiado a Sébastien Leroy, guardia de seguridad apasionado del espionaje, quien reconoció ante la policía haber llevado a cabo la mayoría de los asaltos, robos y crímenes, alegando que Beaulieu lo había captado con la promesa de convertirlo en informante de los servicios de inteligencia.
“Las personas que deben actuar por el bien de la sociedad”
El perfil de los acusados ha causado especial consternación. La mayoría no tiene antecedentes penales y sus edades oscilan entre los 30 y los 73 años. Para el abogado de Dini, Jean William Vezinet, ese es precisamente el aspecto más perturbador del caso: su clienta encuentra aterrador que los protagonistas de esta trama sean policías, exagentes de inteligencia y masones, es decir, personas cuya función es proteger a la sociedad.
Se espera que el juicio se prolongue al menos tres meses y medio, tiempo en el que la justicia francesa deberá dilucidar el alcance real de una red criminal que supo ocultarse durante años bajo el manto de una institución centenaria.
El Maipo




