Un estudio internacional identifica similitudes en el diseño de embarcaciones talladas en piedra hace unos 3.000 años en el noroeste de la península ibérica y el sur de Escandinavia, lo que apunta a contactos culturales de larga distancia entre ambas regiones
Hace tres milenios, las comunidades que habitaban los extremos opuestos de Europa —el noroeste de la península ibérica y el sur de Escandinavia— podrían haber estado en contacto a través de rutas marítimas mucho más extensas de lo que se creía hasta ahora. Así lo sugiere una investigación liderada por arqueólogos de la Universidad de Durham, que ha analizado grabados rupestres de barcos en doce yacimientos de España, Portugal, Suecia y Dinamarca.
El equipo, cuyos resultados se han publicado en la revista PLOS One, buscaba determinar si existía alguna relación entre las representaciones de embarcaciones halladas en ambos extremos del continente. El resultado fue claro: las naves grabadas en la piedra comparten rasgos de diseño muy específicos, entre ellos ornamentos en la proa y la popa —como motivos de aves o formas en S—, además de aparejos, remos y elementos que recuerdan a velas.
Para los investigadores, estas coincidencias no son fruto del azar, sino la huella de un intercambio real de conocimiento técnico y simbólico entre comunidades separadas por miles de kilómetros de costa. El equipo destaca que estas embarcaciones no eran solo un medio de transporte, sino que tenían también un valor ritual y simbólico dentro de las sociedades que las representaron.

Sociedades más conectadas de lo que se pensaba
El hallazgo refuerza la idea de que las poblaciones costeras de la Edad del Bronce no vivían aisladas, sino que mantenían vínculos a larga distancia gracias a la navegación, lo que habría permitido la circulación de ideas, tecnologías y prácticas culturales por buena parte de Europa.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron escaneos de alta resolución y modelos tridimensionales de los petroglifos ibéricos, lo que les permitió estudiar con precisión sus formas y detalles. Además, cartografiaron la ubicación exacta de cada grabado y su relación con el entorno, prestando especial atención a la cercanía de costas, ríos y otras vías de agua.
Estos datos se contrastaron después con miles de grabados escandinavos ya documentados, lo que permitió datar las representaciones ibéricas entre el 1300 y el 800 antes de Cristo. Esta cronología coincide con el desarrollo de las tecnologías marítimas escandinavas conocidas para ese periodo.
Marineros locales o visitantes extranjeros
Según los autores, esta coincidencia temporal indica que las comunidades del noroeste peninsular participaban de forma activa en redes marítimas de largo alcance, ya fuera porque tripulaciones extranjeras dejaron su huella directamente en estas costas, o porque los navegantes locales adoptaron y reprodujeron tecnologías y símbolos llegados de fuera.
Un dato respalda esta hipótesis: casi todos los yacimientos ibéricos con representaciones de barcos se localizan junto a un río o cerca del mar, y varios de ellos ofrecen una visibilidad directa sobre el agua, lo que sugiere que su ubicación no fue casual, sino pensada deliberadamente en relación con el paisaje marítimo.
El Maipo




