El Festival MUDA —Música, Derechos Humanos y Arte— nace desde la convicción de que la cultura no solo refleja a la sociedad, sino que también tiene la capacidad de transformarla. Así lo plantea Marcelo Acevedo, presidente de la Corporación Estadio Nacional Memoria Nacional a elmaipo.cl, quien explica que el objetivo del encuentro es aportar a la construcción de una sociedad más consciente de su historia reciente y más comprometida con la defensa de los derechos humanos.
En esa línea, Acevedo sostiene que la memoria histórica no es un ejercicio abstracto, sino una herramienta concreta para fortalecer la convivencia democrática. “La idea principal es transformarse en una sociedad que está llena de lo que es la memoria y la protección y promocionar los derechos humanos”, señala, subrayando que el horizonte del festival apunta a una sociedad más humana y responsable con su pasado.
Memoria reciente y arte como lenguaje
MUDA se distancia deliberadamente de los actos conmemorativos tradicionales. Lejos de reproducir rituales formales, el festival apuesta por activar la memoria desde el arte y la cultura, explorando lenguajes capaces de interpelar de manera directa a la sociedad y de conectar con públicos diversos.
En ese sentido, Acevedo subraya que el arte permite transmitir la memoria histórica y los derechos humanos de una forma más cercana y comprensible. “A través del arte podemos comunicarnos de forma distinta estos dos principios fundamentales: la memoria histórica y los derechos humanos”, señala.
Bajo ese enfoque, el festival se concibe como una invitación a la reflexión colectiva. “Lo que hace este festival es un llamado, a través del arte, a reflexionar sobre estos principios que no son solo fundamentales para la democracia, sino también para la convivencia humana”, afirma.
Cultura como resistencia y educación
Acevedo sostiene que la cultura ha sido históricamente un espacio de resistencia, incluso en los momentos más duros del país. “Siempre ha sido la resistencia, no solamente en tiempos democráticos, sino también en tiempos de dictadura”, recuerda, aludiendo a expresiones culturales que lograron sostener espacios de libertad en contextos represivos.
Desde esa mirada, plantea que el arte cumple un rol pedagógico clave, especialmente para las nuevas generaciones. “Es mucho más fácil que la gente, y sobre todo los jóvenes, puedan entender lo que es la memoria histórica y los derechos humanos a través de una canción, de una obra de teatro o de un acto artístico”, afirma.
“Es complejo pararse en una sala de clases y explicar lo que es la memoria histórica”, agrega, “pero cuando se monta una obra de teatro o suena una canción, eso penetra mucho más en la fibra de las personas”.
Un festival en un momento clave
La realización de MUDA responde también a un contexto político y social específico. Para Acevedo, el festival surge luego de décadas marcadas por la instalación de discursos negacionistas y por una profunda desconexión de los jóvenes con la memoria histórica.
“Después de 35 años de discursos negacionistas que se han ido instalando, y de la desconexión profunda que existe sobre todo con los jóvenes, creemos que era necesario levantar este espacio”, explica.
En una declaración crítica sobre el escenario político actual, Acevedo sostiene que la fecha del evento tampoco es casual. “Estamos a cuatro días de un cambio de gobierno que a todas luces es más autoritario y que no le interesa ni la memoria ni los derechos humanos”, afirma, enfatizando que el festival busca marcar presencia y posicionar estos valores en el debate público.
El cruce de públicos y generaciones
La parrilla de MUDA reúne a artistas de distintas generaciones y estilos, lo que para Acevedo constituye una de las principales fortalezas del festival. “No es solamente convocar a los artistas tradicionales, sino también a artistas transversales que tienen dentro de sus valores estos dos ejes fundamentales”, señala.
Ese cruce permite que públicos diversos convivan en un mismo espacio. “Los artistas dialogan con sus propios públicos y también con públicos que quizás no los conocen”, explica, destacando que esa experiencia colectiva se construye a partir de un piso común: la memoria histórica y los derechos humanos.
El Estadio Nacional: resignificar sin olvidar
La elección del Estadio Nacional como escenario del festival tiene un profundo significado simbólico. Para Acevedo, se trata de un espacio que hoy convive entre su rol como lugar de encuentro masivo y su condición de sitio de memoria.
“El Estadio Nacional no es solo un centro deportivo, es también un gran espacio de memoria”, afirma. Resignificarlo desde la vida y la creación colectiva, sostiene, permite proyectar el futuro sin borrar el pasado.
“Tenemos el derecho y el deber de transformar nuestra vida a través de la concientización de las generaciones sobre los horrores que se cometieron en dictadura”, plantea, enfatizando que la memoria no busca anclarse en el dolor, sino contribuir a la construcción de una sociedad distinta.
Mudar como llamado al cambio
El concepto de MUDA no se limita a su significado como sigla. Para Acevedo, también remite al verbo “mudar”, entendido como un llamado a dejar atrás una sociedad individualista y mercantilizada. “Mudar significa mudarse de esta sociedad individualista, que no valora la vida humana, a una sociedad más colectiva y preocupada del otro”, explica.
Si bien reconoce que un festival no puede cambiar por sí solo la realidad, sostiene que sí puede abrir un espacio para proyectar ese cambio. “Creemos que MUDA es un primer espacio para proyectar que podemos cambiar hacia un cuerpo social más humanitario y más colectivo”, afirma.
Un acto de presencia
Para Acevedo, en un escenario marcado por el debilitamiento del consenso democrático y la reaparición de discursos negacionistas, la cultura no puede ocupar un rol secundario. “La cultura es esencial para la vida humana”, sostiene, al mismo nivel que otros derechos fundamentales que permiten la convivencia, la dignidad y el reconocimiento del otro.
Desde esa convicción, el Festival MUDA se entiende como algo más que una programación artística o un evento cultural puntual. “Este festival es un acto de resistencia para la memoria, para los derechos humanos y para la cultura”, resume Acevedo, subrayando su carácter político y simbólico en un momento histórico específico.
Así, MUDA se instala como un gesto colectivo que busca recordar, educar y convocar desde el arte, reafirmando la memoria en un contexto donde vuelve a ser cuestionada y relativizada. Un acto de presencia cultural que no pretende clausurar debates ni ofrecer respuestas definitivas, sino abrir espacios de encuentro y reflexión colectiva, en un momento en que el pasado —y su sentido democrático— vuelve a estar en disputa.
El Maipo



