Por Ana Cristina Alvarado
El 10° Informe Copernicus sobre el estado del Océano documenta el continuo calentamiento del mar, que impacta en los ecosistemas marinos y las comunidades de todo el mundo. Entre 1982 y 2025, el estrés térmico severo recurrente a lo largo del Pacífico ecuatorial y junto a las costas de Ecuador y Perú amenazó a los arrecifes de coral.
El océano se está calentando a un ritmo alarmante, con consecuencias de gran alcance para la vida marina, las costas y las comunidades de todo el mundo, de acuerdo con el 10° Informe Copernicus sobre el estado del Océano, publicado este 30 de septiembre. El documento coincide con un episodio de El Niño pronosticado como “muy fuerte” por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
“El objetivo es poner sobre la mesa las evidencias observacionales, científicas sobre cómo afecta el cambio climático a los océanos, a los ecosistemas, a las zonas costeras y a todo de lo que ello depende”, dice en conversación con Mongabay Latam Marta Marcos, profesora titular en la Universidad de las Islas Baleares, España, y una de las editoras de la publicación.
Mercator Ocean International, la entidad encargada por la Comisión Europea de implementar el Servicio Marino de Copernicus, elaboró la investigación con contribuciones de 125 científicos de Europa y del resto del mundo. La décima edición se basa en los datos satelitales de Copernicus, el Programa de Observación de la Tierra de la Unión Europea, e información obtenida in situ y de modelos numéricos.

El informe destaca cuatro indicadores clave con impacto global, los cuales han alcanzado sus valores máximos en la última década: la temperatura de la superficie marina, el contenido del calor oceánico, el aumento del nivel del mar y la acidificación del mar. Otros cambios documentados están relacionados con la salinidad del mar, el crecimiento del fitoplancton y los impactos que sufren los arrecifes de coral.
Ivonne Montes, investigadora científica del Instituto Geofísico del Perú, dice que el informe “es un aporte bastante valioso para la comunidad académica y no académica”. Destaca que los hallazgos demuestran la interconexión del sistema oceánico con los seres humanos y sus actividades socioeconómicas.
Con respecto a Latinoamérica, el documento pone en relevancia los impactos que ya sufren los pequeños Estados insulares en desarrollo y advierte sobre este episodio del Fenómeno de El Niño, que se desarrolla en un océano más caliente.
Los impactos de un océano más caliente

La temperatura de la superficie marina alcanzó su tercer nivel más alto en 2025, con 0.49 °C por encima del promedio del periodo 1981-2010. 2024 fue el año más cálido desde que existen registros, seguido por 2023. La temperatura se ha elevado en promedio 0.12 °C por década entre 1982 y 2025.
Otro indicador es el contenido del calor océanico, que mide cuánto calor es absorbido. Marcos detalla que el océano absorbe más del 90 % del calor generado por el efecto de la concentración de los gases de efecto invernadero, derivados de las actividades humanas. El contenido de calor oceánico se ha acelerado desde 1960. En 2025 alcanzó la cifra más alta desde que existen registros, con la absorción de 23 zettajulios, que equivale a aproximadamente 40 veces la energía consumida por todo el mundo en ese año.

Montes advierte que a medida que el océano se calienta, se desencadenan una serie de consecuencias: mayor frecuencia de olas de calor marinas, procesos físicoquímicos que alteran los ecosistemas marinos, elevación del nivel del mar por la expansión térmica del agua, menos oxígeno en el océano, entre otros.
“En el sistema de corrientes de Humboldt, en las costas de Perú y Chile, esto es particularmente importante porque allí ya se genera una zona mínima de oxígeno por la alta productividad en la parte superior”, alerta.
El nivel del océano aumentó unos 3.8 milímetros al año entre 1999 y 2025, pero desde 1970, el ritmo se está acelerando, de acuerdo con Marcos. Entre 2012 y 2025 el promedio fue de 4.2 milímetros al año.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM), señala Montes, ya documentó olas de calor marinas extremas en el Caribe, en el Golfo de México y frente a Chile. Además, encontró que en el Atlántico Tropical y el Caribe el nivel del mar está aumentando más rápidamente que el promedio.
Además, el océano se volvió un 17 % más ácido entre 1985 y 2025. “Igual que hay ecosistemas marinos que no soportan estrés térmico, otros son sensibles a un entorno más ácido. Va de la mano, un mar más caliente también es un mar más ácido”, releva Marcos.
La OMM también registró que el pH superficial alcanzó mínimos históricos en lugares del Pacífico y del Atlántico adyacentes a Latinoamérica.
Otros cambios a escala global que afectan a Latinoamérica

Entre 2011 y 2024, la mayoría de las regiones más salinas del océano mundial se volvieron aún más salinas. Esto incluye el Atlántico norte y sur, el Pacífico Tropical y la zona al oeste de Australia.
Mientras tanto, las regiones con menor salinidad se volvieron aún más dulces, entre ellas, el Pacífico norte, el océano índico oriental y las zonas donde el agua que sale del Amazonas y del Congo se dispersa entre el agua marina. El informe señala que la salinidad de la superficie del mar es un indicador de cómo se mueve el agua alrededor del planeta.
Durante los últimos 30 años, casi el 5 % del océano mundial ha experimentado un cambio persistente en los patrones estacionales de crecimiento del fitoplancton. Estos son organismos microscópicos que sustentan las redes alimentarias marinas y desempeñan un papel “fundamental” en la regulación de los flujos del carbono oceánico.

Estos cambios apuntan a una “reorganización continua” de los ecosistemas marinos alrededor del mundo como respuesta al cambio climático, de acuerdo con el reporte. En una gráfica se observa que en Latinoamérica, el Pacífico frente a Chile es la zona con el cambio más claro. El mar frente a Centroamérica, el Caribe, Ecuador, Perú y el Atlántico sur muestran señales de cambio, pero de forma más puntual y dispersa.
Entre enero de 2023 y septiembre de 2025, el 84.4 % de los arrecifes de coral del mundo experimentó un nivel de estrés térmico suficiente para provocar blanqueamiento. Una gráfica del tema revela que a lo largo del Pacífico ecuatorial, y junto a las costas de Ecuador y Perú, estuvieron las zonas más afectadas. Entre 1982 y 2025 hubo estrés térmico severo recurrente, lo que podría causar blanqueamiento y mortalidad de coral.
Los Estados Insulares en Desarrollo son centinelas

La relación entre los cambios oceánicos y la vulnerabilidad humana es más evidente en los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID), destaca el informe. Sus economías, infraestructuras y medios de subsistencia están estrechamente vinculados al mar. Estos Estados conforman una alianza desde 1990 con 39 miembros, 16 de ellos en el Caribe. Cuba, Guyana, Haití y República Dominicana son algunos de ellos.
Mientras son considerados guardianes del océano por proteger vastas áreas que albergan algunos de los ecosistemas marinos más ricos del planeta, también son particularmente vulnerables al cambio climático, señala el documento.
Desde 1960, todas las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) de estos Estados han experimentado calentamiento del océano, mientras que, desde 1999, el 65 % de la superficie conjunta de sus ZEE ha estado expuesta a una aceleración de la elevación del nivel del mar.

Los cambios “acumulativos y crecientes” amenazan los arrecifes de coral, ecosistemas que sustentan la pesca, el turismo y la protección costera de estos países. En algunos casos representan más del 20 % del PIB.
Cerca del 28 % de sus ZEE contienen arrecifes de coral clasificados como vulnerables, en peligro o críticamente en peligro. Alrededor del 25 % de estos arrecifes amenazados estuvieron expuestos a condiciones acumuladas de estrés térmico de nivel mortal durante al menos un mes entre 1982 y 2025.
“Los PEID son centinelas de las consecuencias del calentamiento del planeta”, concluye el informe. El documento advierte que las amenazas que estos pequeños Estados insulares enfrentan ahora son las mismas que afectarán en el futuro a zonas costeras bajas y densamente pobladas de todo el mundo.
En la Antártida, el hielo marino retrocede

Sobre las regiones polares, el reporte revela “profundos cambios” en el hielo marino, la física oceánica y los ecosistemas.
En la Antártida, donde algunos países latinoamericanos cuentan con bases científicas, los cambios en la extensión y la duración del hielo marino están afectando a especies que van desde el fitoplancton y el kril antártico hasta peces, focas, ballenas y aves marinas. Se concluye que los ecosistemas de todo el océano Austral se están transformando.
El documentó reportó que “la extensión excepcionalmente reducida” del hielo marino en 2022 coincidió con un fracaso reproductivo a “gran escala y sin precedentes” entre los pingüinos emperador (Aptenodytes forsteri). Se detalla que dado que la especie se reproduce exclusivamente sobre hielo marino estable y adherido a la costa, es especialmente vulnerable a la ruptura temprana de hielo.

En 2025 se registró el cuarto año consecutivo en el que la extensión del hielo marino alcanzó un mínimo inferior a 2 millones de kilómetros cuadrados.
“La transformación de los océanos polares no es un conjunto de tendencias aisladas”, se lee en la publicación. Se trata de una transformación interconectada de los sistemas físicos, los ecosistemas y las sociedades. “Se requieren respuestas coordinadas en materia de clima, biodiversidad y gobernanza de los océanos”, añade.
Mercator ya está preparando el siguiente informe, de acuerdo con Marcos, la editora de la publicación. El objetivo, dice, es hacer seguimiento de esas tendencias, principalmente para advertir el aceleramiento de algunas de ellas y poner a disposición de los tomadores de decisiones información que permita adoptar medidas de adaptación o mitigación.
*Imagen principal: el buque de investigación Falkor (too) en el Pacífico sur. Foto: cortesía Misha Vallejo Prut/Schmidt Ocean Institute
El Maipo/Mongabay




