Penco, Algarrobo y La Serena muestran las consecuencias de un litoral cada vez más expuesto a marejadas y eventos extremos. Un reportaje de Meganoticias recorrió junto a investigadores las zonas afectadas, mientras el Observatorio de la Costa advierte que más del 80% de las playas urbanas entre Arica y Chiloé presentan altos niveles de erosión.
El sistema frontal que afectó a la zona centro-sur de Chile durante julio dejó consecuencias que fueron más allá de las lluvias y las inundaciones. En distintos puntos del litoral, la combinación de marejadas, mareas altas y grandes volúmenes de agua provocó una acelerada pérdida de arena y modificó sectores completos de las playas.
Así lo mostró un reportaje realizado por Meganoticias, que recorrió distintos puntos de la costa junto a investigadores del Observatorio de la Costa de la Universidad Católica, quienes llevan años monitoreando el retroceso de las playas chilenas.
En Penco, el mar llegó hasta las calles y viviendas. En Algarrobo, investigadores constataron un fuerte retroceso de la línea de costa y la exposición de infraestructura que anteriormente permanecía cubierta por arena. Mientras que en La Serena, el temporal golpeó con fuerza el borde costero y dejó toneladas de basura, madera y escombros sobre la playa.
Para el equipo científico, lo ocurrido durante el último sistema frontal demuestra que los eventos extremos pueden acelerar procesos de erosión que ya se encontraban en desarrollo.
Penco: el mar llegó hasta las casas
En Penco, la situación fue particularmente crítica. El avance del mar alcanzó sectores urbanos y provocó la inundación de viviendas.
Durante años, investigadores han estudiado la desaparición progresiva de las playas de la zona. Sin embargo, el último evento meteorológico generó una pérdida de arena que sorprendió incluso a quienes llevan años monitoreando el litoral.
“Literalmente vimos las playas desapareciendo bajo una energía muy extrema que ha dejado unas pérdidas de volumen cuantiosas”, se plantea en el reportaje de Meganoticias.
Uno de los sectores afectados fue la playa de Clutillate. Según los registros mostrados durante el recorrido, anteriormente existían cerca de 10 metros de arena que hoy prácticamente han desaparecido.
El retroceso también es visible en otros puntos. Sectores donde las escaleras terminaban cerca de la arena ahora presentan una distancia de varios metros respecto de la playa.
Algarrobo pierde arena a un ritmo superior a dos metros por año
En Algarrobo, investigadores del Observatorio de la Costa utilizaron drones, escáneres y sistemas de medición geofísica para determinar la magnitud de la pérdida de arena.
Los resultados preliminares muestran una situación preocupante. En algunos sectores, la playa presenta un retroceso que supera los dos metros por año.
El problema se ve agravado por la presión urbana que existe sobre el borde costero.
La combinación de marejadas, mareas altas y grandes descargas de agua produjo un impacto mayor al registrado en eventos anteriores.
“Estos tres eventos los hemos visto actuando por separado, generando afectación morfológica o daño en la infraestructura costera, pero la energía potenciada en conjunto generó mucha más afectación y sacó mucha más arena”, explica el equipo científico en el reportaje.
La fuerza del mar también dejó al descubierto ductos pertenecientes a infraestructura urbana que anteriormente estaban protegidos por la arena.
Urbanización aumenta la exposición
La pérdida de playas ocurre además en sectores donde continúa la construcción de proyectos inmobiliarios.
Victoria Caro, residente de Algarrobo desde hace una década, manifestó su preocupación por el avance de las edificaciones hacia zonas expuestas a eventos extremos.
“Hay que replantear la forma de urbanizar y estos edificios están dentro de la playa”, sostuvo durante el reportaje.
La preocupación no se limita a las marejadas. La ocupación del borde costero también puede aumentar la exposición de la población frente a tsunamis e inundaciones.
Para los investigadores, la reducción de las playas implica además la pérdida de una defensa natural frente a la energía del océano.
La Caleta de Algarrobo también enfrenta las consecuencias
En el sector de La Caleta, en Algarrobo, la erosión ha avanzado durante la última década.
Desde 2015, el deterioro de la playa se ha incrementado año tras año, hasta afectar actividades económicas y espacios relevantes para la comunidad.
La desaparición de la arena no solo afecta el paisaje. También golpea directamente a quienes dependen del mar para trabajar.
Pescadores del sector explicaron a Meganoticias que las condiciones actuales han dificultado cada vez más sus actividades.
“Hoy día el efecto de la naturaleza ha complicado todo el tema pesquero, todo el borde costero, sobre todo acá en la zona central”, relató uno de los trabajadores.
La Serena: basura y escombros terminan sobre la playa
Más al norte, en La Serena, el sistema frontal también dejó una imagen preocupante.
Las marejadas golpearon el sector del Faro Monumental, mientras toneladas de basura, madera y escombros fueron arrastradas hasta la playa.
Parte de estos materiales quedó sobre la arena y la vegetación del borde costero, generando un nuevo problema ambiental.
La preocupación aumenta porque los residuos que no son retirados pueden volver al océano y terminar incorporándose nuevamente al ecosistema marino.
Vecinos y voluntarios llegaron hasta el sector para colaborar con la limpieza.
“También la playa es importante y hay harta basura que si no se recoge ahora en algún momento va a volver al mar”, explicó una de las personas que participó en estas labores, según consignó el reportaje.
Más del 80% de las playas urbanas presenta erosión
Los antecedentes recopilados por el Observatorio de la Costa muestran que el problema no corresponde únicamente a los lugares afectados por el último sistema frontal.
Según las cifras presentadas en el reportaje, más del 80% de las playas urbanas entre Arica y Chiloé presentan altos niveles de erosión.
La situación podría empeorar durante los próximos años si continúan aumentando la frecuencia e intensidad de los eventos extremos y no se adoptan medidas de protección y adaptación.
Los investigadores también advierten que al menos 10 balnearios emblemáticos del país podrían desaparecer completamente durante la próxima década si se mantiene la tendencia actual.
Cambio climático y falta de regulación
Para los especialistas, el deterioro del litoral no puede analizarse solamente como consecuencia de un temporal.
El cambio climático, el aumento de los eventos extremos y la presión inmobiliaria sobre las costas se combinan con una planificación territorial que no siempre considera la dinámica natural de las playas.
La investigadora Carolina Martínez y el equipo del Observatorio de la Costa han insistido en la necesidad de contar con mayor protección para estos ecosistemas.
“Es una responsabilidad de todos los sectores, de las comunidades, de la sociedad civil organizada, de los tomadores de decisión y nosotros desde la academia estamos poniendo esa evidencia”, planteó la investigadora.
Sin embargo, también cuestionó la falta de respuesta institucional frente a la evidencia científica acumulada.
“¿Qué hemos estado haciendo nosotros para hacer que la zona costera esté regulada, esté protegida y esté también disponible para generaciones futuras cuando se están perdiendo estos ecosistemas de manera muy rápida y parece que al Estado de Chile no le importa?”, cuestionó.
La urgencia de proteger las costas
Chile posee una de las costas más extensas del mundo, pero sus playas enfrentan una transformación acelerada.
El retroceso de la arena no significa solamente perder espacios destinados al turismo o la recreación. Las playas y dunas cumplen funciones ambientales fundamentales y actúan como barreras naturales frente a la energía del océano.
Por ello, los especialistas plantean la necesidad de avanzar hacia una ley de costas que permita una protección integral del litoral y establezca criterios de planificación acordes con la dinámica de los ecosistemas costeros.
Lo ocurrido en Penco, Algarrobo y La Serena muestra que el problema ya no pertenece únicamente al futuro. La pérdida de playas está ocurriendo ahora y los eventos extremos pueden acelerar un proceso que, según los científicos, requiere una respuesta mucho más urgente.
El Maipo




