La final de la Supercopa dejó imágenes difíciles de olvidar, pero una en particular quedó grabada como símbolo del título de Coquimbo Unido: Diego “Mono” Sánchez defendiendo el arco en la tanda de penales sin guantes. Una decisión poco habitual, casi impensada en el fútbol profesional, que terminó siendo clave en la consagración pirata.
Tras un partido cerrado y sin goles ante Universidad Católica, la definición desde los doce pasos llevó el suspenso al máximo. Fue en ese momento cuando el arquero coquimbano sorprendió a todos al quitarse los guantes antes de enfrentar los remates decisivos, apostando por el contacto directo con el balón y la intuición.
Lejos de ser una excentricidad sin efecto, la elección resultó determinante. Sánchez logró intervenir remates clave durante una extensa tanda que se prolongó por diez ejecuciones por lado, aportando seguridad y confianza a un equipo que terminó imponiéndose por 8-7. Incluso, el guardameta asumió la responsabilidad de ejecutar uno de los penales, reforzando su protagonismo en la noche del título.
La escena del arquero sin guantes se transformó rápidamente en uno de los sellos de la final, reflejando carácter, personalidad y una lectura emocional del momento. En un contexto de máxima presión, el “Mono” optó por salirse del libreto y convertir un gesto inusual en una ventaja competitiva.
Más allá del trofeo, la imagen de Sánchez atajando sin protección en las manos ya forma parte del imaginario reciente del fútbol chileno. Una postal que resume una final intensa y que confirma que, en partidos decisivos, los detalles —por pequeños o extraños que parezcan— pueden inclinar la historia.
El Maipo



