Martes, Marzo 17, 2026

Conmoción en la zoología: las mariposas monarca nunca habían estado tan amenazadas y los pesticidas son la clave

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Por Adrián Villellas

Ver algo más de naranja en los árboles de California podría parecer una buena noticia. El problema es que el punto de partida era bajísimo. El recuento oficial del Western Monarch Count registró 12.260 mariposas monarca occidentales en 249 puntos durante el periodo clave de invernada, entre finales de noviembre y comienzos de diciembre de 2025. Son más que las 9.119 de la campaña anterior, sí, pero el dato sigue siendo el tercero más bajo desde que arrancó el seguimiento en 1997. Hablar de recuperación, hoy por hoy, sería ir demasiado deprisa.

La lectura de fondo no invita al optimismo. Los tres peores registros de toda la serie se han concentrado en años muy recientes, con 1.901 ejemplares en 2020, 9.119 en 2024 y 12.260 en 2025. Mientras tanto, en los años ochenta estas mariposas se contaban por millones en el oeste de Norteamérica. No es un bache puntual. Se parece mucho más a una tendencia enquistada. Y eso se nota.

¿Qué significa esto en la práctica? Que un pequeño rebote no cambia el problema de fondo. La población occidental, la que pasa el invierno sobre todo en la costa de California, sigue siendo extremadamente frágil. De hecho, el U.S. Fish and Wildlife Service mantiene que la monarca todavía no está protegida a nivel federal en Estados Unidos. La agencia propuso en diciembre de 2024 incluirla como especie amenazada y declarar hábitat crítico en parte de sus zonas de invernada, pero esa protección aún no ha entrado en vigor.

La urgencia no sale solo de un recuento malo. Sale también de los riesgos que acumula la especie. El propio servicio estadounidense señala como grandes amenazas la pérdida y degradación del hábitat, la exposición a insecticidas y los efectos del cambio climático. Su evaluación más reciente calcula además que la probabilidad de extinción de la población occidental supera el 95 por ciento de cara a 2080. No es una frase hecha. Es una advertencia muy seria.

A eso se suma otro golpe menos visible, pero clave, la pérdida de los lugares donde estas mariposas pasan el invierno. Expertos vinculados al recuento recuerdan que desde que empezó el seguimiento han desaparecido más de 60 enclaves de invernada y que, solo en el último año, varios puntos activos sufrieron daños importantes por retiradas inadecuadas de árboles. Sin refugios seguros, la migración se rompe. Así de simple.

Por eso los científicos insisten en que todavía hay margen para actuar. Reducir pesticidas, proteger los bosquetes costeros, plantar flora nativa adecuada a cada zona y apoyar la ciencia ciudadana siguen siendo medidas básicas. Emma Pelton, de Xerces, lo resumió así, «Todos pueden desempeñar un rol en la protección y restauración de su hábitat». Suena sencillo, pero va al centro del problema. La monarca necesita más espacio, menos veneno y decisiones públicas que lleguen a tiempo.

El Maipo/Ecoticias

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