Un componente natural y cotidiano, que muchos tienen en su cocina, podría ser la clave para resolver uno de los mayores dolores de cabeza de la industria de los alimentos funcionales: lograr que los probióticos sobrevivan el trayecto hacia el intestino y cumplan efectivamente su rol de beneficiar la salud.
Investigadores de la Universidad de La Frontera (UFRO) descubrieron que el mucílago de chía —la sustancia gelatinosa que se desprende de la semilla al hidratarse— posee propiedades excepcionales para encapsular y proteger a estas bacterias benéficas frente a las condiciones más adversas, informó Francisca Gómez Hinostroza, Doctora en Ingeniería mención Bioprocesos al portal de noticias de esta Casa de Estudios.
El enemigo invisible: la muerte bacteriana antes del intestino
Quienes consumen yogures, suplementos o alimentos con probióticos lo hacen esperando un impacto positivo en su organismo. Sin embargo, un alto porcentaje de estas bacterias no sobrevive para contarlo. El calor del procesamiento industrial, el almacenamiento prolongado en las góndolas y, finalmente, la altísima acidez del estómago humano reducen drásticamente su efectividad antes de que logren colonizar el sistema digestivo.
Para solucionar este problema, el Dr. Víctor Bascur Jara, doctor en Ciencias de la Ingeniería mención Bioprocesos de la UFRO, centró su investigación doctoral en la búsqueda de un escudo protector natural.
Resistencia extrema: hasta 80°C y 92% de supervivencia
Los resultados de laboratorio superaron las expectativas. Al utilizar el mucílago de chía como matriz de encapsulamiento, se logró una armadura biológica de alta resistencia.
“Las microcápsulas desarrolladas alcanzaron una sobrevivencia superior al 92% tras el proceso de secado industrial, mantuvieron su estabilidad durante 60 días en refrigeración y resistieron temperaturas de hasta 80°C, conservando niveles por sobre el umbral mínimo necesario para generar beneficios en el organismo”, detalló el Dr. Bascur.
Nanotecnología para una liberación controlada
La investigación dio un paso más allá en una segunda etapa al incorporar nanopartículas al sistema de encapsulación. El objetivo de esta “segunda capa de protección” es estratégico: evitar que el probiótico se libere en el estómago y asegurar que lo haga de forma controlada una vez que llega a la fase intestinal.
En términos prácticos, esta innovación garantiza que los microorganismos lleguen en un estado óptimo al órgano blanco, multiplicando su efectividad real en el cuerpo.
| Parámetro evaluado | Rendimiento con tecnología UFRO |
| Supervivencia al secado industrial | Superior al 92% |
| Resistencia térmica | Soporta hasta 80°C |
| Estabilidad en refrigeración | 60 días garantizados |
| Mecanismo de liberación | Controlado en el intestino mediante nanopartículas |
Del laboratorio a la góndola: Potencial comercial
Este avance responde a una demanda global en auge, donde el consumo de alimentos funcionales ha crecido de manera sostenida. La tecnología no solo es un hito científico, sino que tiene un camino claro hacia el mercado: gracias a estos resultados, el proyecto se adjudicó el programa Trampolín Lab-UFRO 2025, una plataforma diseñada para acelerar la transferencia tecnológica de la ciencia hacia la industria alimentaria.
Aunque la investigación sigue quemando etapas de desarrollo, el uso de compuestos naturales como la chía promete abrir una nueva era en la producción de yogures, lácteos y suplementos médicos mucho más estables, eficientes y, sobre todo, honestos con lo que prometen en su etiqueta.
El Maipo




