La psicóloga e investigadora social Kathya Araujo advierte sobre el debilitamiento del vínculo entre los jóvenes y la sociedad, mientras nuevas organizaciones políticas buscan revertir esta tendencia desde las bases territoriales.
Chile atraviesa un fenómeno que la psicóloga e investigadora social Kathya Araujo denomina el “circuito del desapego” en uno de sus recientes libros publicados en 2025. Según la especialista, este proceso “debilita la adhesión de los individuos con la sociedad” como resultado de profundas transformaciones estructurales que han marcado a las nuevas generaciones.
“Han ocurrido dos cosas. Primero, ha habido mucho desencanto con la política, con las promesas políticas. No es una crítica al voto como acto ciudadano, sino al hecho de que votas, pero ¿para qué? Para que todas las cosas sigan iguales. No es un problema con el voto, sino con que no tiene consecuencias”, señala Araujo en declaraciones a Palabra Pública.
La generación de las promesas incumplidas
Los datos son elocuentes: más del 50% de los jóvenes chilenos trabaja en la informalidad y el desempleo juvenil alcanza el 22%. Esta generación creció con promesas de meritocracia y movilidad social que nunca se materializaron, generando una profunda fractura entre las expectativas y la realidad.
Este desencanto, según el análisis de Araujo, impulsó el voto de los jóvenes por la derecha radical, no como adhesión ideológica genuina, sino como un gesto de ruptura contra un sistema percibido como vacío. Para esta generación que creció en democracia —motivo por el cual dejó de ser su lucha principal—, el progresismo se volvió lenguaje burocrático y las instituciones, meros trámites.
La respuesta desde el territorio
En este contexto de desafección generalizada, surgen iniciativas que buscan contrarrestar la tendencia. En Peñaflor, Martina Farías, presidenta de la Juventud Socialista comunal, lidera junto a poco más de 30 compañeros y compañeras un esfuerzo por levantar las banderas de la organización transformadora desde los principios de la igualdad, la solidaridad, la equidad social, el feminismo y el socialismo.
“Los jóvenes no estamos alejados de la política, pero sí alejados de las estructuras partidarias por desconfianza, somos críticos, pero aún así dimos un paso decidido el año pasado al constituir la Juventud Socialista de Peñaflor, porque la política se vive a diario, y no es algo a lo cual estemos ajenos”, señala de manera enfática a elmaipo.cl la dirigenta peñaflorina.
Del centro de estudiantes a la militancia territorial
El camino de Farías refleja una trayectoria que va desde los espacios estudiantiles hacia la organización política territorial. “Desde estudiante, primero me involucré en el centro de estudiantes en mi colegio y luego continué en las organizaciones universitarias, y ya con un poco más de andar era solo dar un par de pasos y convertirme en militante del Partido Socialista, con todo lo que ello conlleva, un proceso infinito de aprendizaje”, relata.
Pero quizás lo más significativo de este proceso es la decisión consciente de abandonar los espacios de élite. “Un profundo debate y reflexión al interior de la organización nos llevó a optar por dejar los espacios de élite y confort, para volver a los orígenes del socialismo, a reaprender con las vecinas y vecinos el vivir a diario, rehabitar nuestros espacios públicos, convivir con nuestras dificultades y crecer al alero de las organizaciones de la base social”, explica la presidenta de la Juventud Socialista.
Puentes intergeneracionales y memoria histórica
Desde su constitución, la organización ha crecido hasta superar los 30 militantes, enfrentando el desafío de trabajar colaborativamente con militantes adultos. “Hemos construido importantes espacios de diálogo y crecimiento, teniendo siempre a la vista a los jóvenes mártires de nuestro Partido como Carlos Lorca y Carolina Wiff, quienes al momento de su detención y posterior asesinato tenían 31 y 30 años respectivamente”, señala Farías.
La formación política emerge como una variable fundamental en este proceso. Según la dirigenta, contribuye a tener una mayor comprensión de la sociedad y los escenarios actuales, abordando temas como pensiones, beneficios sociales, desarrollo local, productividad, salud y educación.
Un punto crítico que identifica la organización es cómo la falta de oportunidades en el territorio genera desarraigo en los jóvenes, quienes deben abandonar sus comunas por estudios u oportunidades laborales, profundizando paradójicamente el “circuito del desapego” que describe Araujo.
La experiencia de la Juventud Socialista de Peñaflor representa un intento por revertir esta tendencia desde las bases, apostando por la organización territorial y la formación política como antídotos contra la desafección que caracteriza a gran parte de la juventud chilena actual.
El Maipo



