Por Juan Lehmann
El riesgo país de Argentina superó los 600 puntos, su máximo desde marzo, y el Gobierno suspendió la emisión de deuda en dólares, a tres meses de un vencimiento clave de 4.300 millones de dólares. “Todo este círculo vicioso claramente también atenta contra la estrategia del Gobierno”, dijo a Sputnik un experto.
El indicador llegó el 25 de septiembre a 628 unidades, según el índice que elabora el banco estadounidense JP Morgan. El riesgo país saltó 50 puntos en una sola jornada y acumula un alza superior al 55% desde los 400 que había tocado a finales de julio, un deterioro que amenaza el programa financiero del presidente sudamericano, Javier Milei.
La escalada tuvo un efecto inmediato sobre la estrategia oficial. La Secretaría de Finanzas dejó de licitar el Bonar 2029, el bono en dólares bajo ley local con el que el Gobierno venía reuniendo divisas para pagar deuda. Hasta la suspensión, había colocado 1.179 millones de dólares sobre un cupo total de 2.000 millones, y un mes antes lo había adjudicado a una tasa de 8,39% anual.
Con el rendimiento de ese título cerca del 10% en el mercado secundario, el Ministerio de Economía argentino optó por no convalidar un costo más alto. La cautela se trasladó también a las licitaciones en pesos: el Tesoro solo ofrece letras y bonos que vencen antes de las elecciones presidenciales de octubre de 2027, para evitar la prima que los inversores exigen por el riesgo político.
El cambio contrasta con el escenario que se proyectaba hasta hace pocos meses. En 2025, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimaba que Argentina podría volver a emitir deuda en los mercados internacionales durante 2026, con un riesgo país en torno a los 500 puntos. La última colocación del país en esos mercados fue en enero de 2018, cuando el actual ministro, Luis Caputo, dirigía las Finanzas del Gobierno de Mauricio Macri (2015-2019).
El deterioro llega a poco más de tres meses de un vencimiento clave. El 9 de enero de 2027, el Tesoro debe pagar unos 4.300 millones de dólares a los tenedores de bonos. En julio, Caputo aseguró tener en caja unos 3.000 millones, por lo que restaban alrededor de 1.400 millones.
La presión se extiende a 2027, un año electoral en el que los vencimientos con acreedores privados suman 10.400 millones de dólares, a los que se agregan otros 5.900 millones con el FMI.
El proyecto de ley de Presupuesto 2027 enviado al Congreso argentino no contempla nuevas emisiones de bonos Globales bajo ley extranjera, aunque mantiene la autorización para hacerlo si mejoran las condiciones. El esquema descansa así en deuda local en dólares y en créditos de organismos multilaterales, pese a que Caputo había defendido la búsqueda de refinanciar la deuda a la tasa más baja posible.
El contexto internacional agravó el cuadro. El 16 de septiembre, la Reserva Federal de Estados Unidos subió su tasa de referencia al rango de 3,75% a 4%, la primera alza desde 2023, y anticipó otro aumento antes de fin de año. Sin embargo, la caída de los bonos argentinos fue más pronunciada que la del resto de los países de la región, lo que apunta a factores propios.
El próximo examen para el Tesoro de la nación sudamericana será el 28 de septiembre, cuando buscará renovar vencimientos por unos 8,6 billones de pesos argentinos (5.646 millones de dólares). El menú incluye una letra a tasa fija a enero de 2027, un bono ajustado por inflación a mayo y dos títulos vinculados al dólar que vencen en octubre y noviembre de este año, sin ningún instrumento en moneda dura.
La incertidumbre por delante
“Con estos niveles de riesgo país, habría que convalidar tasas superiores al 12 o 13%, algo casi impagable para Argentina. Esto aumenta la incertidumbre“, dijo a Sputnik el analista financiero Christian Buteler, sobre el costo que enfrentaría el país si hoy intentara volver al mercado internacional de crédito.
“Recordemos que hace unos meses no se quiso convalidar una tasa cercana al 9%”, apuntó, y agregó que, “en este momento, esa tasa se ha elevado considerablemente, lo que eleva el costo argentino a niveles importantes”.
Para el especialista, el nuevo escenario obliga a revisar la hoja de ruta oficial. “Esto hace que el 2027 es mucho más exigente, porque sí o sí habrá que arreglarse con otras fuentes de financiamiento, pero el problema de eso es que, cuando se propone comprar dólares al Banco Central, se necesita generar los pesos necesarios para hacerlo“, ponderó.
Buteler advirtió que esa alternativa choca con límites concretos en el frente fiscal y en el mercado de deuda en pesos. “El Gobierno necesitaría un superávit financiero que hoy en día se está achicando, o colocar muchos más pesos de deuda en el mercado local, lo cual, en este contexto se hace o más difícil o más caro”, sostuvo.
El economista remarcó que el deterioro no se explica solo por el frente externo. “Hay una clara divergencia entre el riesgo país de Argentina y el del resto de la región. Si bien uno puede esperar un costo más alto en los activos de la Argentina, la verdad es que se ha dado con demasiada fuerza”, explicó.
Según el analista, el origen del castigo a los bonos está en “los resultados de la economía real, que, obviamente, no solamente no está acompañando, sino que ha profundizado su caída. Todo ese conjunto de señales, de variables, con resultados negativos, hace que haya duda de qué tan viable es el programa en sí”, precisó.
En diálogo con este medio, Guido Zack, director del área de Economía del centro de estudios Fundar, matizó el impacto inmediato sobre los pagos: “la estrategia no está siendo renegociar la deuda, sino endeudarse en el mercado local“, donde “el Gobierno logra financiarse en dólares a una tasa baja (…). Mientras esto sea suficiente, el aumento del riesgo país no debería generar grandes inconvenientes”, sostuvo.
Sin embargo, el investigador advirtió que “si el aumento del riesgo país tiene la magnitud suficiente como para generar dificultades para que [la actual Administración] siga con la estrategia de colocación de deuda en dólares en el mercado local, eso sí sería un factor que podría generar problemas (…). Por el momento, no parece ser ese el escenario base”.
En este sentido, Zack detalló que, durante buena parte del año, “la parte real de la economía venía mal, la parte financiera bien, y la parte de las encuestas, bueno, ahí empatada”, y que el riesgo latente era “que la parte real de la economía contagiara la parte financiera, empeorara esa parte financiera, y, bueno, se genere un círculo vicioso en lugar del virtuoso”.
Para el economista de Fundar, ese mecanismo ya está en marcha, porque “el ajuste genera una caída en el nivel de actividad, que causa [una baja] en la recaudación y una necesidad de nuevo ajuste que vuelve a impactar sobre la actividad (…). Todo este círculo vicioso claramente también atenta contra la estrategia del Gobierno”, finalizó.
El costo oculto de la inestabilidad
Consultado por Sputnik, Moisés Solorza, economista y exsecretario de Energía de la provincia sureña de Tierra del Fuego, consideró que el salto frena las inversiones aprobadas para sectores estratégicos.
“Una cosa es el programa económico y otra cosa es el riesgo real de invertir en Argentina con un riesgo país tan elevado”, afirmó.
El exfuncionario fueguino señaló que “esas inversiones que tienen etapas distintas para poder llegar a Argentina, no se está traduciendo en la medida que se están aprobando algunos proyectos“, y recordó que el sector energético “necesita, digamos, previsibilidad, estabilidad, ingreso y egreso de divisas”. “La libre disponibilidad de ellas hace que ese riesgo aumente”, agregó.
Sobre el aporte del yacimiento hidrocarburífero de Vaca Muerta, Solorza advirtió que “la generación genuina de dólares no se está provocando simplemente por magia”, porque “la actividad, el consumo interno está paralizado”. “El modelo económico del país es el que está, evidentemente, poniendo en riesgo otras inversiones que son necesarias”, sostuvo.
El Maipo/Sputnik




