El arquitecto chileno Smiljan Radic fue distinguido con el Premio Pritzker, el reconocimiento más importante de la arquitectura a nivel mundial y que con frecuencia es descrito como el “Nobel de la Arquitectura”.
El galardón, creado por la Fundación Hyatt y con más de cuatro décadas de historia, destacó la trayectoria del profesional chileno, de 60 años, cuya obra se caracteriza por una propuesta arquitectónica experimental y profundamente ligada al entorno cultural.
En el acta de deliberación, el jurado destacó el enfoque creativo de Radic y su particular manera de entender la arquitectura, señalando que “a través de una producción artística situada en la encrucijada entre la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radic prefiere la fragilidad a cualquier pretensión injustificada de certeza”. El documento agrega además que “sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados, casi a punto de desaparecer, pero proporcionan un refugio estructurado, optimista y serenamente alegre, y aceptan la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia de vida”.
Radic ha desarrollado gran parte de su carrera en Chile, aunque su trabajo también ha alcanzado reconocimiento internacional. Entre sus proyectos más conocidos se encuentran el Teatro Biobío en Concepción, la bodega de Viña Vik en Millahue y el Serpentine Pavilion 2014 instalado en los jardines de la Serpentine Gallery de Londres, una de las intervenciones arquitectónicas temporales más prestigiosas del mundo.
Su portafolio también incluye obras como la Casa Carbonero en Melipilla, la Casa Pite en Papudo, la Casa de Cobre 2 en Talca, el restaurante Mestizo en Santiago, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino, el centro de artes escénicas NAVE en la capital y diversas residencias experimentales desarrolladas en distintas zonas del país.
El impacto de su trabajo ha sido destacado por medios internacionales. En un artículo del diario estadounidense The New York Times se describe su obra señalando que “sus proyectos no son imponentes ni majestuosos, sino discretos y tranquilos, satisfechos con cumplir su función, ya sea una parada de autobús, una bodega o el estudio de un escultor”, agregando además que “aunque llamó la atención internacional con su Serpentine Pavilion de 2014, Radic, de 60 años, ha trabajado principalmente en proyectos modestos en Chile, lejos de los reflectores”.
En declaraciones enviadas por correo electrónico y citadas por el mismo medio, el arquitecto reaccionó con sorpresa al reconocimiento y explicó que “en cierto modo, crea una sensación extraña, porque este tipo de reconocimiento te hace mirar atrás y ver lo que has construido a lo largo del tiempo desde una perspectiva diferente”. El profesional añadió que “me resulta difícil hablar de mis propios edificios, siempre tengo la sensación de que los estoy sobreinterpretando”, aunque sostuvo que “si hay algo que los une a todos es que, a pesar de la diversidad de presupuestos, escalas, programas y materiales, todos intentan alcanzar una cierta austeridad”.
Con este reconocimiento, Smiljan Radic se convierte en el quinto arquitecto latinoamericano en recibir el Premio Pritzker, sumándose al mexicano Luis Barragán (1980), los brasileños Oscar Niemeyer (1988) y Paulo Mendes da Rocha (2006), y el también chileno Alejandro Aravena (2016).
El Maipo




