La Antártica enfrenta una situación inusual durante el invierno austral de 2026. En lugar de registrar la expansión habitual de su cobertura de hielo marino, el continente presenta un déficit cercano a los 650 mil kilómetros cuadrados, una superficie comparable al tamaño de Francia, según datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
La anomalía ha despertado preocupación en la comunidad científica, ya que ocurre precisamente durante la época del año en que el hielo debería aumentar impulsado por las bajas temperaturas.
Las cifras muestran que la extensión del hielo marino se encuentra cerca de un 9% por debajo del promedio registrado entre 1991 y 2020, especialmente en sectores del Mar de Bellingshausen, al oeste de la Península Antártica, donde amplias áreas permanecen libres de hielo.
Temperaturas récord en el continente más frío del planeta
El retroceso del hielo coincide con una intensa ola de calor que ha afectado a distintas zonas del continente.
Uno de los registros más llamativos ocurrió el 6 de junio, cuando la base argentina Esperanza alcanzó los 15,4°C, una temperatura excepcional para la época y cerca de 20 grados superior a los valores promedio históricos.
Durante varias semanas, distintas áreas de la Península Antártica registraron temperaturas sobre el punto de congelación, generando incluso episodios de lluvia en sectores donde normalmente las precipitaciones ocurren en forma de nieve.
Los investigadores atribuyen este fenómeno a una combinación de factores, entre ellos cambios en la circulación atmosférica y oceánica, además del calentamiento progresivo de las aguas del Océano Austral.
Consecuencias para la biodiversidad
La disminución del hielo marino tiene efectos directos sobre el ecosistema antártico.
Bajo la superficie helada se desarrollan algas microscópicas que constituyen la base de la cadena alimentaria. Estas sirven de alimento al krill, un pequeño crustáceo fundamental para numerosas especies marinas.
La reducción de esta cobertura afecta a animales como ballenas, focas y pingüinos, que dependen directa o indirectamente de estos recursos para sobrevivir.
Entre los más vulnerables figuran los pingüinos emperador, que necesitan plataformas de hielo estables para reproducirse y criar a sus polluelos. Investigaciones recientes han documentado importantes pérdidas reproductivas durante temporadas con baja cobertura helada.
El riesgo para los glaciares
Aunque el derretimiento del hielo marino flotante no eleva directamente el nivel del mar, sí cumple una función protectora para las plataformas de hielo y glaciares costeros.
Cuando esta barrera natural disminuye, las estructuras de hielo continental quedan más expuestas al impacto de las corrientes y el oleaje, aumentando el riesgo de fracturas y acelerando el desplazamiento de masas de hielo hacia el océano.
La preocupación se concentra especialmente en la Antártica Occidental, donde se ubican glaciares como el denominado “Glaciar del Juicio Final”, conocido por su potencial impacto en el nivel global de los océanos en caso de una desestabilización significativa.
Una tendencia que preocupa
Los científicos advierten que este episodio no parece ser un hecho aislado.
Desde 2016, la extensión del hielo marino antártico ha mostrado una tendencia persistente a mantenerse por debajo de los promedios históricos. Además, los cuatro mínimos estivales más bajos desde que existen registros satelitales ocurrieron entre 2022 y 2025.
Aunque la Antártica presenta una alta variabilidad natural, la repetición de eventos extremos ha fortalecido las evidencias de que el cambio climático está alterando el comportamiento de los sistemas polares.
Para los investigadores, el desafío ahora es determinar hasta qué punto estos cambios podrían acelerar transformaciones ambientales de escala global durante las próximas décadas.
El Maipo




