La Internacional Progresista reúne a más de 20 países en Colombia para articular una respuesta coordinada frente a la política estadounidense en la región
El Palacio de San Carlos en la capital colombiana se convirtió este sábado en epicentro de una cumbre hemisférica convocada con carácter urgente. Líderes políticos, diplomáticos, parlamentarios, sindicalistas y representantes de movimientos sociales de más de 20 países latinoamericanos se congregaron para diseñar una estrategia común frente a lo que denominan el retorno de la Doctrina Monroe bajo la administración de Donald Trump.
“Hemos visto la formulación y ejecución de esta doctrina impulsada por Donald Trump, pero aún no hemos visto una respuesta colectiva”, afirmó David Adler, coordinador de la Internacional Progresista, organización que convoca el encuentro. “Han predominado respuestas bilaterales: cada país negocia individualmente con Estados Unidos”.
Una cumbre de emergencia
La cumbre “Nuestra América”, que se extenderá hasta el domingo 25 de enero, surge en un contexto de creciente tensión hemisférica. Los organizadores señalan como detonante inmediato las recientes acciones militares estadounidenses en la región, particularmente las operaciones contra embarcaciones en aguas latinoamericanas.
Durante la apertura, la canciller colombiana Rosa Villavicencio reportó que Estados Unidos ha llevado a cabo 33 operaciones contra embarcaciones en aguas regionales, siendo la más reciente registrada el viernes pasado.
“El ataque número 33 contra una lancha, realizado bajo el pretexto de la guerra contra el narcotráfico, resultó en la muerte de al menos dos personas”, denunció la funcionaria, quien enmarcó estas acciones en un patrón histórico de intervención: “Medidas unilaterales sobre la soberanía, presión sobre sistemas judiciales, ambición sobre recursos naturales. En los últimos dos meses, pero también en los últimos dos siglos, nuestra América ha sido escenario de estos actos”.
Crítica al multilateralismo tradicional
El comunicado convocante de la cumbre expresa una crítica frontal a la ineficacia de los organismos multilaterales existentes. “La ONU está paralizada; la CELAC, estancada; UNASUR, con su sede en Quito prácticamente vacía. Hay una ausencia de mecanismos multilaterales para respuestas colectivas”, advirtió Adler.
Esta frustración con las instituciones tradicionales impulsa la búsqueda de nuevos espacios de articulación política. Durante dos jornadas, los participantes debatirán tres ejes fundamentales: un análisis compartido de la crisis regional, diálogo estratégico sobre colaboración hemisférica y opciones de acción concreta.
La posición colombiana
La canciller Villavicencio delineó los cuatro pilares de la política exterior del gobierno de Gustavo Petro: paz, independencia, orientación popular y progresismo. “Un orden nuevo empieza cuando esa costumbre se rompe”, declaró, en referencia al uso recurrente de la fuerza en las relaciones hemisféricas.
El gobierno colombiano, anfitrión del encuentro, busca posicionarse como articulador de una respuesta regional coordinada, distanciándose del enfoque bilateral que ha caracterizado las negociaciones con Washington.
Más allá de Venezuela
Aunque el caso venezolano concentra parte importante de las discusiones, los organizadores enfatizan que el análisis abarcará la influencia estadounidense en diversos países de la región, incluyendo Argentina, Honduras y la propia Colombia.
“Cuando la autodeterminación se debilita en un país, se debilita para todos. Aislados, somos vulnerables. Coordinados, somos fuertes”, planteó Adler, sintetizando el espíritu de la convocatoria.
Desde Caracas, la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez enfatizó la necesidad de procesos políticos sin injerencia externa: “Que ese diálogo tenga apellido, que sea venezolano, donde no se impongan más las órdenes desde Washington, Bogotá o Madrid”.
Hacia una declaración conjunta
El encuentro culminará en una declaración conjunta que pretende sentar las bases para un proyecto político de largo alcance. Los organizadores aspiran a que esta cumbre marque el inicio de una coordinación sostenida entre gobiernos progresistas, movimientos sociales y organizaciones políticas de la región.
La efectividad de esta iniciativa para contrarrestar la influencia estadounidense en América Latina quedará en evidencia en los próximos meses, cuando los compromisos adquiridos en Bogotá deban traducirse en acciones concretas de política exterior.
Esta es una noticia en desarrollo. Se actualizará con las conclusiones de la cumbre.
El Maipo



