No solo en las alturas: los valles bajos de Chile son claves para salvar al gato andino, revelan monitoreos comunitarios

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El hallazgo de una familia de gato andino (Leopardus jacobita) impulsó a vecinos a instalar cámaras trampa y actividades educativas para proteger al felino más amenazado de Sudamérica. Monitoreos científicos revelan que los valles bajos son corredores clave para evitar el aislamiento genético de la especie y proteger a la vizcacha, su principal presa.

Por Barinia Montoya

Era una tarde de 2022 cuando un grupo de escaladores transitaba por la ruta del río Colorado, en el Cajón del Maipo, un extenso cañón cordillerano ubicado a solo dos horas de Santiago, la capital de Chile. A más de 2000 metros de altitud y cerca de una imponente formación rocosa conocida como el Plutón La Gloria, se encontraron con algo extraordinario. Cuatro felinos de cola larga y afelpada se desplazaban juntos en medio de la penumbra. Se trataba de una pareja adulta y dos cachorros de gato andino (Leopardus jacobita), uno de los felinos más amenazados de América del Sur, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y una especie de hábitos solitarios.

Aquel avistamiento familiar, un registro inédito para la ciencia en esta zona de Chile central —dado que históricamente se creía que la especie habitaba únicamente en el norte del país—, encendió de inmediato el interés de los habitantes locales y de los investigadores.

El hallazgo no solo demostró que este animal extremadamente evasivo —conocido popularmente como el “fantasma de los Andes”— habitaba la cordillera contigua a Santiago, sino que su presencia coincidía con un territorio rico en biodiversidad pero expuesto a presiones humanas y extractivas.

La sorpresa impulsó la creación de los Guardianes del Gato Andino del Cajón del Maipo, una agrupación de vecinos y montañistas que nació tras recibir la capacitación de Rodrigo Villalobos, veterinario y director de la ONG Seeking the Andean Wild Cats, organización que busca crear conciencia sobre la conservación de esta especie. Durante más de tres años, este equipo comunitario ha instalado cámaras trampa y monitoreado quebradas y roqueríos para documentar la vida del felino.

La labor de estos vecinos y científicos busca resguardar un ecosistema crucial para la zona central de Chile, en una carrera contra el tiempo en la que la protección efectiva del suelo resulta indispensable para la supervivencia del fantasma de los Andes.

Esa protección depende de la creación formal del Área de Conservación de Múltiples Usos (ACMU) Olivares-Colorado. El decreto que crea esta área protegida de 43 260 hectáreas ha experimentado sus propios vaivenes administrativos. Tras ser retirado temporalmente de la Contraloría General de la República en marzo de 2026 para una revisión de las nuevas autoridades ambientales, el documento fue reingresado a tramitación en mayo. Especialistas esperan que el ACMU Olivares-Colorado nazca formalmente antes de que acabe el año.

Chile: la importancia de los valles bajos para salvar al gato andino en la cordillera central
Gato andino. Foto: cortesía Seeking the Andean Wild Cats

El valor del valle

Durante décadas, la conservación en los Andes se enfocó en el resguardo de las cumbres rocosas y los glaciares. Sin embargo, el avistamiento del gato andino muestra que la protección de los picos es insuficiente si los fondos de valle quedan expuestos, es decir, las zonas más bajas y planas de la montaña por donde fluyen los ríos y crecen las vegas. Estos sirven como corredores biológicos clave para el tránsito del felino.

Los registros históricos de la especie en la zona central de Chile eran casi inexistentes. Tras las descripciones realizadas en 1891 por el naturalista alemán Rodulfo Amando Philippi, a partir de una piel de gato andino, transcurrieron 123 años sin evidencias que pudieran confirmar la presencia del felino en la cordillera de Santiago. Fue en 2014 cuando hallazgos fotográficos en Valle Nevado, confirmaron que el felino continuaba habitando la zona central del país.

Chile: la importancia de los valles bajos para salvar al gato andino en la cordillera central
Valles del Cajón del Maipo, hábitat del gato andino en la zona central de Chile. Foto: Barinia Montoya

«A partir de esos registros pasamos de considerar al gato andino como una especie esencialmente del extremo norte, a comprobar su presencia en la cordillera de Santiago”, señala Cristián Sepúlveda, ingeniero en recursos naturales, miembro del grupo de especialistas en felinos de la UICN y uno de los investigadores que participó en la confirmación de la especie en la zona central.

Pero además, advierte el especialista, el gato andino “es un animal de bajas densidades y baja detectabilidad». «Que una cámara trampa no lo detecte durante meses no significa que no esté utilizando el territorio”, afirma.

Aunque los roqueríos y la alta cordillera representan su hábitat de mayor uso, la ecología de este felino exige integrar a los fondos de valle dentro de la ecuación de conservación. Villalobos explica que calificar al gato andino únicamente como un habitante de las cumbres es un error conceptual que pone en riesgo su supervivencia a largo plazo.

«Geográficamente, dentro de su ecología es imposible que no ocupe los valles. Se trata de una especie muy sensible a la presencia humana y los valles son utilizados netamente por el gato andino para conectarse entre los roquedales y los cerros», precisa el director de la ONG Seeking the Andean Wild Cats.

Los fondos de valle funcionan como corredores biológicos indispensables. Aunque representan sectores de menor frecuencia de uso en comparación con los roqueríos altos, Villalobos advierte que desproteger estos pasos intermedios fragmenta el paisaje y condena a las poblaciones cordilleranas al aislamiento genético.

«Decir que estás protegiendo al gato andino porque proteges las altas cumbres y dejar de lado los sectores donde tiene que interconectarse entre cerros es hacer mal la ecuación. El valle es un hábitat de menor uso, pero es clave para la interconexión y la supervivencia. Si se pierden las conexiones, las poblaciones quedan aisladas, se corta el flujo genético, aumenta la endogamia y los individuos agotan los recursos en los cerros que quedaron separados», enfatiza el especialista.

Esta necesidad de desplazamiento y conectividad está estrechamente ligada a la disponibilidad de sus presas principales, especialmente la vizcacha (Lagidium viscacia), un roedor cuya dieta depende directamente de la vegetación fértil de las vegas y humedales ubicados en el fondo de los valles.

Chile: la importancia de los valles bajos para salvar al gato andino en la cordillera central
La vizcacha es una especie fundamental de la dieta del gato andino. Foto: cortesía Queremos Tupungato

“El gato andino es un especialista”, explica Nicolás Lagos, ingeniero en recursos naturales renovables y coordinador para Chile de la Alianza Gato Andino. Ello quiere decir que tiene una dieta muy limitada, por lo que “si no estás protegiendo un valle que albergue poblaciones saludables de vizcachas, por un efecto cascada se termina afectando a las poblaciones del gato andino, aunque este concentre su hábitat en las zonas más altas», detalla.

Lagos añade que el Valle de Olivares-Colorado constituye uno de los pocos corredores de la zona central que aún mantiene bajos niveles de perturbación, al estar a salvo del impacto de la gran minería o el avance inmobiliario. Protegerlo es clave para asegurar  la alimentación de la especie, así como la funcionalidad completa del ecosistema cordillerano.

Guardianes del territorio

La necesidad de proteger los fondos de valle no es solo una teoría ecológica. En el terreno, registros obtenidos en El Plutón La Gloria y en el sector del valle de Las Arenas, en el Cajón del Maipo, han mostrado a individuos de gato andino utilizando sectores bajos junto a esteros.

Frente a la falta de fiscalización directa en la alta montaña, la comunidad local asumió la tarea de documentar y cuidar esta biodiversidad. La agrupación Guardianes del Gato Andino Cajón del Maipo reúne a un equipo voluntario de siete personas —entre montañistas y vecinos del sector— que recorre quebradas de difícil acceso, entre los 2400 y 2800 metros de altitud, para instalar y revisar cerca de 10 cámaras trampa.

«Consiste en un trabajo que requiere mucha coordinación porque caminamos por terrenos cordilleranos con mucha pendiente y roqueríos. Hacemos el recambio de baterías y tarjetas de memoria unas siete u ocho veces al año para registrar la presencia del felino tanto de día como de noche», explica Hernán García, integrante de Guardianes del Gato Andino Cajón del Maipo.

Chile: la importancia de los valles bajos para salvar al gato andino en la cordillera central
Trabajo en terreno de Guardianes del Gato Andino Cajón del Maipo. Foto: cortesía Guardianes del gato andino Cajón del Maipo

A través de la capacitación otorgada por Seeking the Andean Wild Cats, el grupo transformó el fototrampeo en una herramienta de educación y sensibilización ambiental. Mediante actividades públicas y el uso de un corpóreo educativo que emula la figura del felino, difunden los hallazgos entre los habitantes de la zona.

Chile: la importancia de los valles bajos para salvar al gato andino en la cordillera central
Corpóreo educativo que emula la figura del felino para difundir los hallazgos entre los habitantes de la zona. Foto: Barinia Montoya

Para los investigadores, este involucramiento ciudadano representa el pilar fundamental de la conservación en la zona central.

Sepúlveda enfatiza la necesidad de integrar a las comunidades locales en el resguardo del ecosistema, señalando que la protección no busca aislar el territorio, sino regular sus usos para garantizar un equilibrio duradero. «Si queremos conservar al gato andino en Chile central, necesitamos proteger no solo sus refugios en la alta montaña, sino la funcionalidad del paisaje que los conecta y eso incluye necesariamente a las zonas bajas y a las personas que las habitan», concluye el especialista.

Un área protegida para blindar el territorio

García comenta que aunque la presión social logró años atrás un hito en Chile —que la gran minería desistiera de sus concesiones en la cuenca del río Olivares para dar paso al Parque Nacional—, proyectos de menor escala insisten en buscar la instalación de faenas extractivas en el sector. Por ello, la formalización del Área de Conservación de Múltiples Usos (ACMU) Olivares-Colorado resulta indispensable para regular el uso del suelo e impedir actividades incompatibles con la biodiversidad.

Desde la campaña ciudadana Queremos Tupungato —iniciativa que lleva siete años impulsando la protección de glaciares, flora, fauna y la vida arriera en el Cajón del Maipo— destacan que la formalización de un área protegida impone un resguardo social y democrático indispensable frente a estas presiones.

«Independiente de que existan pertenencias en el subsuelo, cuando un territorio se declara protegido y la ciudadanía lo ocupa y conoce, se vuelve políticamente inviable desarrollar un megaproyecto sobre él», precisa Pilar Delpiano, directora de la campaña.

Aunque el texto que crea el área protegida volvió a tramitación ante la Contraloría en mayo, desde las organizaciones sociales mantienen la cautela sobre los plazos finales del proceso administrativo. “Garantías no hay, sin embargo, que el texto haya sido reingresado en mayo fue un gran avance, pero debemos esperar la firma de la Contraloría”, explica Delpiano.

La exministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, en conversación con Mongabay Latam, enfatiza el valor estratégico de esta figura para la resiliencia ecológica de Santiago y la biodiversidad ante la crisis climática. “El Área de Conservación de Múltiples Usos Olivares-Colorado es el resultado de un trabajo técnico riguroso de varios años y responde a un anhelo histórico por proteger la principal cuenca proveedora de agua de la Región Metropolitana. Concretar la firma del decreto y asegurar su administración efectiva no solo es indispensable para garantizar la supervivencia del gato andino, sino para blindar un patrimonio natural clave”.

El gobernador de Santiago, Claudio Orrego, confirmó que el Gobierno Regional ya se encuentra planificando las acciones en terreno junto al Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) de la Región Metropolitana para la formulación final del Plan de Manejo de la zona.

“Nos encontramos elaborando un cronograma de trabajo para desarrollar durante este año en el territorio. La idea es utilizar como base los productos técnicos desarrollados con Wildlife Conservation Society (WCS) para avanzar en la formalización del Plan de Manejo de esta área, que será el primer ACMU terrestre de Chile. Nuestro objetivo es que la declaratoria se traduzca en una gestión concreta, permanente y participativa”, asegura Orrego.

Mientras el decreto aguarda la resolución final en la Contraloría, los habitantes del Cajón del Maipo continúan recorriendo las laderas rocosas con la convicción de que la formalización de esta área protegida asegurará el futuro de la cordillera.

“Una vecina nos decía que el gato andino es su vecino aunque no lo vea. Esa reconexión afectiva transforma la manera de acercarse al territorio, convocando desde lo positivo y la protección”, reflexiona García. Para los Guardianes del Cajón del Maipo, lograr la conservación definitiva del valle marcará la diferencia entre la degradación silenciosa del paisaje o la certeza de que uno de los felinos más amenazados de América seguirá teniendo un hogar a pasos de la gran ciudad.

*Imagen principal: Gato andino. Foto: cortesía Cristian Sepúlveda

El Maipo/Mongabay

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