Por Rodrigo Duarte
A pesar de que sus números de aprobación bajaron considerablemente desde el inicio de su segundo mandato, los triunfos de la casi totalidad de los candidatos que respaldó en las primarias republicanas reflejan que su influencia todavía es definitoria. “Sigue siendo el principal actor político de EEUU”, dijo un experto a Sputnik.
Si uno quisiera convertir las primarias republicanas de este año en un referéndum sobre la popularidad de Donald Trump, la conclusión sería contundente: diez años después de ganar la nominación presidencial y llegar contra todo pronóstico a la Casa Blanca, el atractivo del mandatario entre su electorado sigue intacto, y quizás sea más fuerte que nunca.
Relevando las casi 500 contiendas que se realizaron a lo largo del año en el Partido Republicano, el porcentaje de aspirantes respaldados por Trump que se impusieron para conseguir la candidatura oficialista y enfrentar a los demócratas ha sido alrededor del 96%, un número similar al cosechado durante las elecciones de medio término de su primer mandato.
Esto significa que nada más que 12 de los políticos que el mandatario apoyó durante este ciclo electoral perdieron sus primarias, incluyendo varios legisladores que llevaban a cuestas sonados escándalos y que el propio Trump dijo que mantuvo su respaldo hacia ellos debido a una cuestión de lealtad personal, aun sabiendo que perderían.
Sin embargo, varias y notables diferencias entre una época y otra —2018 y 2026— hacen de este logro un hito infrecuente en la política moderna estadounidense —y mundial— que refleja la incontestable influencia del líder del movimiento Make America Great Again (MAGA) dentro del Partido Republicano.
Hegemonía incontestable
La primera distinción es el volumen de apoyos. Mientras que durante las intermedias de su primer mandato Trump no quiso arriesgar capital político y solo dio su bendición solo a 37 aspirantes, sufriendo apenas dos derrotas, ahora utilizó toda su influencia —que incluyó visitas a los territorios y discursos, respaldos explícitos en mensajes por redes sociales y su aceitada maquinaria electoral de donantes— para apoyar a más de 300 candidatos a nivel federal y estatal.
“Al inicio, Trump todavía no se había hecho del control del partido, ni todos los legisladores republicanos se habían alineado con su movimiento, por lo cual existía todavía desconfianza mutua. Esa es la razón de los pocos respaldos. Pero en el 2026, Trump hace extensos esos apoyos porque su hegemonía es total“, dijo a Sputnik Claudia Veiroj, internacionalista egresada de la Universidad de la República Oriental del Uruguay (UDELAR).
Otra diferencia tiene que ver con la naturaleza misma del poder, indica la experta. Mientras es común que un jefe de Estado recién electo conserve todavía una parte significativa de su apoyo en el segundo año de su mandato, no lo es tanto que el mismo arrestre suceda a la mitad de un siguiente mandato —especialmente cuando en el medio hubo otra presidencia de un político del signo opuesto—, un momento en el que el desgaste y los sinsabores naturales de gobernar ya han llevado a una buena porción de los simpatizantes a sentirse decepcionados, como usualmente es el caso.
El contexto político también hace de la fortaleza del “efecto Trump” un hecho llamativo, apunta. “Mientras que durante su primera presidencia Trump se había mostrado cauteloso y no había abierto demasiados frentes de disputas, salvo con burócratas de carrera en EEUU, su segundo Gobierno es muy distinto, con giros disruptivos que van desde una guerra comercial, una guerra de verdad —contra Irán— que ha hecho encarecer los precios, hasta el endurecimiento de las políticas migratorias, provocando rechazo entre los votantes latinos”.
Al respecto, Veiroj explicó que, para el núcleo duro republicano, los reveses internacionales no eclipsan los avances en las prioridades de política interior. “Su electorado prioriza el control de las fronteras, la desregulación, el nombramiento de jueces con sus mismos valores y el combate a la agenda demócrata en las instituciones. Mientras eso siga fuerte, el saldo de su gestión seguirá siendo favorable para sus votantes“, sintetizó.
Ausencia de adversarios
Por su parte, Jorge Márquez, doctor en Ciencias Políticas y Sociales (UNAM) e internacionalista, le dijo a Sputnik que la solidez de Trump entre sus simpatizantes se explica también por la ausencia de un rival dentro de las filas republicanas. “A diferencia de lo que ocurre entre los demócratas, cuyas internas han dado cuenta de la confrontación entre el establishment y un ala más joven y progresista, los republicanos están completamente unificados detrás de su líder y en la actualidad es un suicidio político ir contra él”, indicó.
En ese sentido, el experto cree que esa cohesión será uno de los grandes activos del oficialismo en la campaña para las elecciones de medio término. “Si Trump no estuviese tan fuerte, las críticas de adversarios internos podrían hacer ver de una manera más negativa a su gestión. Sin embargo, todos los republicanos defienden a capa y espada a su Gobierno porque, primero, Trump exige lealtad absoluta, y segundo, ha obtenido algunos logros, como los índices de desempleo muy bajos”, sentenció.
“Esto confirma una vez más que Trump sigue siendo el actor principal no solo de su partido, sino de todo EEUU”, dijo Márquez, quien agregó que este escenario ratifica que el gran elector en el oficialismo para las elecciones generales del 2028 será el propio presidente.
“Ya sea Marco Rubio o JD Vance o quien sea que Trump elija, está claro que su éxito dependerá del grado de fidelidad que demuestre hacia la agenda del mandatario y de la bendición final que este decida otorgarle”, opinó.
El Maipo/Sputnik




