Chileno es productor de cebolla en la Patagonia Argentina

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Llegó a la Argentina desde Chile a los tres años, en 1974, y creció entre los surcos del Valle de Viedma. Medio siglo después, junto a su hermano y un socio, cultiva unas 100 hectáreas de cebolla que hoy cruzan la frontera rumbo a Brasil.

Javier Novoa tiene 55 años y, aunque nació en Chile, dice sin dudar que su vida está en Río Negro. “Soy chileno, llegué en el 1974. Yo nací en el 1971, así que prácticamente tengo más años acá que en Chile”, cuenta entre risas, con la naturalidad de quien ya contó esta historia muchas veces pero sigue disfrutando hacerlo.

Una familia que cruzó la cordillera buscando una oportunidad

La decisión de dejar Chile no fue de Javier —tenía apenas tres años— sino de sus padres, que salieron en busca de un futuro mejor. El primer destino no fue directamente Viedma: la familia hizo escala en Médanos, en el sur de la provincia de Buenos Aires, antes de instalarse definitivamente en el Valle de Viedma.

Como tantas otras familias inmigrantes que llegaron a poblar la región, los Novoa no tenían tierra propia ni maquinaria. Empezaron de la manera más humilde posible: trabajando el campo de otro productor a cambio de un porcentaje de la cosecha. “Empezamos trabajando con un hombre, él nos daba un porcentaje de la producción y trabajábamos a medias”, recuerda Javier. El dueño ponía la tierra; la familia, el esfuerzo. Y lo que se cosechaba, se repartía.

“Ahí empezamos, de a poquito. Fueron muchos años. Poco a poco fuimos creciendo”, resume, en una frase que podría funcionar como epígrafe de toda su trayectoria.

De las “medias” a las 100 hectáreas propias

Con el paso de las décadas, ese trabajo sostenido permitió a la familia dejar atrás los acuerdos a medias y construir su propio emprendimiento. Hoy Javier produce junto a su hermano y comparte parte del negocio con un socio: entre tierras propias y otras bajo distintos acuerdos, manejan alrededor de 100 hectáreas de cebolla.

Para seguir creciendo, también trabajan campos de terceros, aunque ya no bajo el viejo sistema de “medias” sino pagando un porcentaje fijo de la cosecha —hoy, el 15%—. El esquema, además, ordena la rotación de los lotes: terminada la temporada de cebolla, los dueños destinan la tierra a otra actividad o la dejan descansar hasta la siguiente siembra.

El riego por goteo, el quiebre productivo

Durante años el agua llegó a los cultivos por métodos tradicionales. Hace tres campañas, la incorporación del riego por goteo cambió el escenario. “Antes sacábamos entre 2.000 y 3.000 bolsas por hectárea. Ahora sacamos más de 4.000”, detalla Novoa.

El objetivo, sin embargo, es más ambicioso: llegar a los 100.000 kilos por hectárea, cuando hoy el rinde ronda entre 70.000 y 80.000 kilos. Para lograrlo, Javier apunta a la genética de la semilla como próximo paso. Las variedades híbridas rinden mejor, pero tienen un costo muy superior a las tradicionales: “valen casi siete veces más”, señala.

Brasil, el destino que sostiene al Valle de Viedma

La mayor parte de lo que producen los Novoa —y buena parte del Valle de Viedma en general— tiene como destino Brasil, el principal comprador de la cebolla rionegrina. Incluso hay compradores brasileños que viajan hasta el propio establecimiento para cerrar operaciones directamente en el campo. Solo una porción menor se vende en el mercado interno, generalmente cuando el precio de exportación cae o cambia la demanda externa.

Hubo un tiempo, recuerda Javier, en que la cebolla de la zona también llegaba a Europa, un mercado que después se cerró. “Antes mandábamos a Europa. Se había cerrado, pero yo pienso que con el tiempo se va a abrir de vuelta”, proyecta, aunque aclara que eso depende de que reaparezcan empresas dispuestas a comprar para exportar.

Un año de recuperación después de una campaña muy dura

La temporada pasada fue de las más difíciles que Novoa recuerda, con precios que no alcanzaban a cubrir los costos: “el año pasado no valía nada, vendíamos una bolsa de cebolla a 500 pesos”. Este año el panorama cambió de manera notable: el kilo se paga entre 250 y 350 pesos, lo que ubica el valor de una bolsa en torno a los 5.000 pesos, muy por encima de la campaña anterior. La mejora en los precios trajo de vuelta el optimismo a un sector que venía golpeado.

Medio siglo de historia, en el mismo valle

Lo que antes se hacía a pura mano hoy se resuelve con maquinaria en buena parte de las tareas del establecimiento, donde largas hileras de cebolla esperan sobre el campo su turno para la clasificación, el embolsado y la carga con destino, sobre todo, a Brasil.

Javier no olvida esos primeros años trabajando a medias en tierra ajena. “Fuimos creciendo de a poquito”, repite, como si necesitara decirlo dos veces para creerlo del todo. Y cuando mira hacia atrás, más de cinco décadas después de haber llegado desde Chile, está convencido de que su historia no fue la única que cambió: junto con la suya, dice, “también cambió la producción cebollera de toda la región”.

El Maipo

Nota: esta nota fue redactada del reportaje realizado por Auribel Zuarce, para el medio argentino Río Negro

Imagenes: Pablo Leguizamon

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