En su visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos, el Papa León XIV denunció la “burocratización de la solidaridad” y la subordinación del hambre a los intereses geopolíticos, exigiendo un retorno urgente al multilateralismo.
La paradoja de una época que produce alimentos de forma sin precedentes, pero que deja con las manos vacías a los más vulnerables, resonó con fuerza en el Parco dei Medici, al suroeste de Roma. En su visita a la sede central del Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Papa León XIV lanzó una dura crítica a la configuración del orden mundial actual, lamentando la existencia de una «bulimia de conflictos» alimentados sin remordimientos, mientras el hambre se convierte en una variable de las lógicas geopolíticas.
A su llegada, el Pontífice fue recibido por las altas autoridades del organismo internacional, entre ellas Cindy McCain (quien concluyó recientemente su mandato como directora ejecutiva), el director interino Carl Skau, Carla Barroso Carneiro (presidenta del Consejo Ejecutivo) y monseñor Fernando Chica Arellano, observador permanente de la Santa Sede. Ante ellos y sus familias, el Papa agradeció la labor de «salvar vidas en contextos de conflicto y desastres naturales», un compromiso que, afirmó, sintoniza directamente con la misión de la Iglesia de salvaguardar la dignidad humana, informó el portal del Vaticano.
Las paradojas del sistema global
El Papa invitó a ir más allá de la asistencia práctica y analizar las razones por las cuales el sistema internacional «sigue generando precisamente esos problemas que luego se ve obligado a corregir». Citando su encíclica Magnifica humanitas, el Obispo de Roma advirtió sobre la crisis del multilateralismo:
- Desvío de recursos: Los Estados priorizan la seguridad nacional y la estabilidad interna, descuidando la cooperación internacional.
- Exclusión económica: Las mismas fuerzas que impulsan el crecimiento global agravan la marginación de quienes no producen un valor cuantificable.
- Mercantilización: El acceso a los alimentos se ve condicionado por estrategias económicas, volviendo invisibles a los más necesitados.
«La persona humana ha perdido su lugar central. Las formas de ayuda se ven obstaculizadas por intrincadas e incomprensibles decisiones políticas o barreras aduaneras, mientras que las armas no».
El PMA como barrera contra el colapso
León XIV advirtió que la desigualdad genera «ciclos de fragilidad» que derivan en conflictos y migraciones forzadas, afectando a toda la comunidad internacional. En este escenario, defendió que la acción humanitaria no es ajena al orden internacional, sino una expresión de responsabilidad común.
Allí donde los Estados se retiran, instituciones como el PMA actúan como el último dique de contención para evitar que las crisis humanitarias «degeneren en un colapso irreversible».
La propuesta: Simplificación y dignidad infinita
Para revertir esta tendencia, el Santo Padre propuso un retorno decidido al multilateralismo, asegurando que ningún Estado puede resolver estos desafíos en solitario. Su llamamiento incluyó peticiones concretas para los gobiernos y la comunidad internacional:
- Aumentar los recursos: Incrementar la financiación destinada a combatir el hambre y sus causas estructurales.
- Reducir la burocracia: Eliminar los obstáculos innecesarios para que la ayuda llegue con transparencia y rapidez.
- Garantizar derechos esenciales: El agua, la comida y la atención médica no pueden subordinarse a las lógicas del mercado.
Finalmente, el Papa recordó el papel de la Iglesia católica como un actor clave capaz de llegar a zonas inaccesibles para las agencias internacionales y concluyó con un mandato ético: la eficacia de la política y el futuro de la comunidad internacional se miden por su fidelidad a la “dignidad infinita” de cada ser humano, un valor arraigado en el amor de Dios que ninguna circunstancia puede borrar.
El Maipo




