Chile alberga una de las floras más singulares de Sudamérica, con miles de especies nativas y un elevado nivel de endemismo. Sin embargo, una nueva investigación liderada por la Universidad de Chile advierte que, pese a los avances en conservación, persisten importantes desafíos para garantizar la supervivencia de este patrimonio natural a largo plazo.
El estudio, publicado en la revista Biodiversity and Conservation y encabezado por el académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas, Federico Luebert, evaluó el grado de protección de 4.466 especies de flora vascular nativa mediante el análisis conjunto de áreas protegidas, parques nacionales, bancos de semillas y jardines botánicos.
Los resultados muestran que la red de conservación resguarda el 62,5% de las especies estudiadas y el 73,1% de la diversidad filogenética, indicador que mide la representación de las distintas ramas evolutivas de las plantas.
“El principal diagnóstico es que la diversidad filogenética, en proporción, tiende a estar mejor conservada que la riqueza, es decir, que el número de especies. Pero también hay un porcentaje significativo de especies que falta por conservar”, explicó el investigador Federico Luebert.
Más que contar especies
Uno de los aspectos centrales de la investigación fue analizar no solo la cantidad de especies protegidas, sino también su relevancia evolutiva.
La diversidad filogenética permite determinar si los esfuerzos de conservación están resguardando linajes únicos dentro del árbol de la vida. En ese contexto, la pérdida de una especie con pocos parientes cercanos representaría una disminución irreversible de biodiversidad y funciones ecológicas.
Según los autores, proteger especies evolutivamente distintas resulta fundamental para mantener la resiliencia de los ecosistemas y preservar procesos biológicos desarrollados durante millones de años.
Un sistema vulnerable ante eventos extremos
Pese a los avances observados, el estudio identifica una debilidad importante: muchas especies protegidas están presentes únicamente en una unidad de conservación.
Esto significa que incendios forestales, sequías extremas u otros eventos podrían poner en riesgo poblaciones completas que no cuentan con sitios alternativos de resguardo.
“A pesar de que el sistema es resiliente en cierto modo, es frágil en el sentido de que muchas especies están presentes solamente en una unidad de conservación. Si esa área desaparece, esa especie se pierde”, advirtió Luebert.
La investigación también detectó una importante falta de información. De las 108 áreas protegidas estatales consideradas en el análisis, solo 50 disponen de catastros florísticos completos, lo que dificulta conocer con precisión el estado de conservación de numerosas especies.
La importancia de los bancos de semillas
El estudio destaca además el papel que cumplen los sistemas de conservación fuera del hábitat natural de las especies.
Entre ellos sobresale el Banco Base de Semillas de Vicuña, perteneciente al Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), identificado como uno de los principales aportes a la conservación de la diversidad vegetal chilena.
Asimismo, el Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández aparece como un enclave clave debido a la presencia de especies únicas y altamente amenazadas.
Los investigadores subrayan que la protección efectiva de la flora chilena requiere complementar las áreas protegidas con bancos de semillas, jardines botánicos y otras estrategias que permitan contar con respaldos en distintos puntos del territorio.
Desafío en la zona central
Otro de los hallazgos relevantes es la desigual distribución de la protección vegetal en el país.
Mientras el sur concentra amplias superficies protegidas, la zona central —considerada uno de los principales hotspots de biodiversidad de Chile— presenta una menor cobertura de conservación y una presión creciente derivada de la urbanización, la agricultura y otras actividades humanas.
Por ello, los especialistas plantean que el desafío futuro no pasa únicamente por ampliar las áreas protegidas, sino también por diversificar los mecanismos de conservación para asegurar que las especies cuenten con más de un lugar seguro donde sobrevivir.
El Maipo




