El puma continúa habitando distintos sectores de la Región de Coquimbo, desde áreas cordilleranas hasta zonas cercanas a la costa. Sin embargo, especialistas y organismos públicos coinciden en que existe una importante brecha de información respecto al estado actual de sus poblaciones, lo que dificulta la planificación de medidas de conservación para una especie que se encuentra catalogada en peligro de extinción a nivel regional.
Desde el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) recordaron que el puma está protegido por la Ley de Caza y que su captura o persecución constituye un delito sancionado por la legislación vigente.
Además, destacaron el rol ecológico que cumple el felino dentro de los ecosistemas. Según indicaron, se trata de un depredador tope que contribuye a regular las poblaciones de distintas especies, tanto nativas como introducidas.
El organismo también explicó que el puma forma parte de la fauna histórica de la región y que puede encontrarse en diversos ambientes asociados a los cordones montañosos que conectan la cordillera con el litoral.
Falta de información actualizada
Pese a la relevancia de la especie, el SAG reconoció que actualmente no existe un catastro regional que permita determinar cuántos ejemplares habitan en la zona ni cómo ha evolucionado su población en los últimos años.
Una situación similar ocurre en la Seremi del Medio Ambiente, desde donde señalaron que tampoco cuentan con antecedentes actualizados sobre el estado poblacional del puma en la región.
Para la investigadora Alejandra Troncoso, del programa LTSER Fray Jorge, la Universidad de La Serena y el Instituto de Ecología y Biodiversidad, la generación de evidencia científica resulta clave para fortalecer la protección de la especie.
“Una de las maneras de trabajar por la protección de las especies es desarrollando investigación, realizando monitoreo de poblaciones, impulsando talleres de educación ambiental y abordando los conflictos asociados a la fauna silvestre”, explicó.
La especialista destacó que actualmente existen iniciativas de monitoreo mediante cámaras trampa, tanto en proyectos científicos como en programas asociados al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), especialmente en la Reserva Nacional Las Chinchillas y el Parque Nacional Bosque Fray Jorge.
Según Troncoso, estos registros permiten comprender mejor la distribución del puma y diseñar estrategias de conservación más efectivas.
“Esta información es muy valiosa para gestionar espacios, abordar conflictos y definir medidas de protección. Es lo que denominamos conservación basada en evidencia”, sostuvo.
Un territorio cada vez más intervenido
La doctora en Biología y Ecología Aplicada y académica de la Universidad de Atacama, Solange Vargas, advirtió que uno de los principales desafíos para la especie es la creciente fragmentación de su hábitat.
“Lo que ocurre en el norte, tanto en Atacama como en Coquimbo, es que el hábitat del puma se encuentra altamente fragmentado. En el caso de Coquimbo, además, existe una baja proporción de áreas protegidas, lo que limita los espacios donde la especie puede resguardarse”, afirmó.
La investigadora explicó que el felino comparte territorio con diversas actividades humanas y productivas, entre ellas proyectos energéticos, ganadería y sistemas tradicionales de trashumancia.
“Convive con distintos usos del suelo e infraestructura. Por ejemplo, parques solares, actividades ganaderas, crianceros y prácticas de trashumancia. Todos estos usos comparten espacio con el puma”, indicó.
Debido a que requiere amplios territorios para desplazarse, alimentarse y reproducirse, la reducción de áreas naturales incrementa los puntos de contacto con las personas y genera conflictos asociados principalmente a la actividad ganadera.
“Quienes terminan pagando las consecuencias de una planificación insuficiente y de la falta de áreas protegidas son estas especies que deben convivir con el desarrollo humano”, concluyó Vargas.
Mientras continúan los esfuerzos de monitoreo y conservación, especialistas coinciden en que la ausencia de información actualizada sobre las poblaciones de puma constituye uno de los principales obstáculos para diseñar políticas efectivas que permitan asegurar la supervivencia de uno de los grandes depredadores nativos de Chile.
El Maipo




