Viernes, Junio 12, 2026

El Mundial 2026, en el punto de mira por su impacto ambiental récord

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Se acaba de dar pitido inicial, pero las alarmas no suenan por lo deportivo, sino por lo ambiental. El Mundial de Fútbol de 2026, que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá, se encamina a batir un récord sombrío: convertirse en el evento con mayor impacto ecológico de la historia. Pese a la magnitud de la tragedia climática que se avecina, ni los organismos internacionales ni las sedes locales han articulado medidas contundentes para mitigar sus efectos.

David García Carmona, especialista en Derecho Deportivo y docente en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), ha puesto cifras a esta amenaza en una reciente investigación. El diagnóstico es demoledor. Un ejemplo paradigmático es Ciudad de México: la capital azteca, que ya sufre crisis crónicas de desabastecimiento hídrico para su propia población, espera recibir a más de cinco millones de visitantes durante el torneo. La presión sobre los recursos básicos y el desplazamiento de residentes locales ante la escalada de precios del alojamiento —la llamada «turistificación» extrema— son solo la punta del iceberg de un conflicto social y ambiental inminente.

La huella de carbono frente al beneficio económico

El gigantismo del torneo es su principal pecado. Al pasar de 32 a 48 selecciones, el volumen de desplazamientos se ha multiplicado. Los estudios citados por García Carmona estiman en 9.000 millones de toneladas de CO2 el impacto total de la cita. Para entender la escala individual, un aficionado que vuele desde Londres para seguir a su selección generaría por sí solo el equivalente a la producción de 35.000 bolsas de plástico.

Esta «aberración climática» choca frontalmente con la bonanza financiera. Se calcula que el Mundial generará unos ingresos directos de 11.000 millones de dólares. «Se mueve tanto dinero que nadie se plantea el coste ambiental real», lamenta el profesor. Aunque la FIFA presume de objetivos de sostenibilidad y gestión de residuos, el experto denuncia que la organización delega la responsabilidad en las ciudades sedes, sin establecer mecanismos de control efectivos ni normativas vinculantes que obliguen a las distintas administraciones implicadas.

Un futuro de «aberraciones climáticas»

Si el panorama para 2026 es sombrío, las próximas citas no invitan al optimismo. García Carmona califica de «despropósito» el Mundial de 2030, cuya sede compartida entre España, Portugal y Marruecos incluirá partidos inaugurales en Argentina, Uruguay y Paraguay, obligando a cruzar el Atlántico a miles de personas en cuestión de días.

El especialista concluye que, mientras no se prioricen las normativas ambientales sobre el beneficio económico inmediato —como ocurre en proyectos aislados de eficiencia energética en estadios de nueva generación—, el fútbol seguirá perdiendo el partido contra el cambio climático. La oportunidad de utilizar estos eventos para acelerar la transición hacia energías limpias sigue, por ahora, fuera del terreno de juego.

El Maipo/Ambientum

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