Por Daniel Aguirre
Han pasado 35 años desde que Colo Colo derrotó a Olimpia de Paraguay en el Estadio Monumental y levantó la única Copa Libertadores obtenida por un club chileno. Tres décadas y media después, aquella conquista no solo permanece vigente en la memoria de los hinchas albos, sino que continúa siendo el mayor logro internacional del fútbol nacional.
La noche del 5 de junio de 1991 quedó grabada para siempre en la historia del deporte chileno. Más de 66 mil personas llenaron el Estadio Monumental con la esperanza de presenciar algo que parecía imposible: que un equipo chileno se coronara campeón de América.
Hasta entonces, el país había visto cómo varios clubes se acercaban al sueño continental sin lograr concretarlo. Colo Colo había perdido la final de 1973 frente a Independiente. Unión Española cayó en 1975 ante Independiente. Cobreloa estuvo a un paso en 1981 y 1982. Siempre faltaba algo.
Pero aquella noche de invierno en Santiago fue distinta. El equipo dirigido por el croata Mirko Jozić goleó 3-0 a Olimpia de Paraguay y rompió una barrera histórica para el fútbol chileno. Treinta y cinco años después, ningún otro club nacional ha podido repetir la hazaña.
Un país que buscaba su lugar en Sudamérica
A comienzos de los años noventa el fútbol chileno vivía un momento complejo. La selección nacional estaba suspendida de las competiciones internacionales tras el escándalo del “Maracanazo” protagonizado por Roberto Rojas en 1989. Chile había quedado golpeado futbolísticamente y la imagen internacional del balompié nacional estaba seriamente dañada. En ese contexto, Colo Colo asumió una responsabilidad que iba mucho más allá de representar a sus hinchas. El club más popular del país terminó convirtiéndose en el estandarte del fútbol chileno ante el continente.
“Sentíamos que no jugábamos solamente por Colo Colo. Jugábamos por Chile”, recordarían años después varios integrantes de aquel plantel.
La construcción de un equipo histórico
La campaña de 1991 no fue producto de la casualidad. Detrás del éxito hubo años de planificación impulsados por la dirigencia encabezada por Peter Dragicevic y por la visión de Mirko Jozic, un entrenador que había llegado a Chile tras conquistar el Mundial Sub-20 con Yugoslavia en 1987. El técnico implantó una filosofía poco habitual para la época. Priorizó el trabajo colectivo por sobre las individualidades, fortaleció la preparación física y construyó un equipo extremadamente competitivo.

La columna vertebral estaba conformada por Daniel Morón en el arco; Lizardo Garrido en defensa; Jaime Pizarro en el mediocampo; y Marcelo Barticciotto como principal figura ofensiva.
A ellos se sumaban Gabriel Mendoza, Rubén Martínez, Leonel Herrera, Luis Pérez, Miguel Ramírez, Ricardo Dabrowski y un plantel que terminó alcanzando un nivel excepcional.
Un camino lleno de obstáculos
La Libertadores de 1991 fue una de las más exigentes que enfrentó Colo Colo. En la fase de grupos compartió zona con Deportes Concepción y los equipos ecuatorianos Barcelona y Liga de Quito.
Tras avanzar a la ronda siguiente comenzó el verdadero desafío. Primero eliminó con dificultada Universitario de Perú. Después protagonizó una de las llaves más recordadas de la historia del club frente a Nacional de Montevideo, uno de los gigantes del continente. Con goleada incluida en Santiago
Pero la prueba de fuego llegaría en semifinales.
La batalla contra Boca Juniors
Para muchos hinchas colocolinos, la semifinal ante Boca Juniors fue incluso más difícil que la final. El equipo argentino llegaba con figuras como Diego Latorre, Gabriel Batistuta y Carlos Navarro Montoya. En la ida, disputada en Buenos Aires, Colo Colo cayó por 1-0. La revancha en Santiago terminó transformándose en uno de los partidos más emblemáticos de la historia del club. Con un Monumental repleto, el equipo chileno ganó 3-1 y clasificó a la final. La batalla campal de los jugadores xeneizes contra la policia se convirtió en una postal de esa noche imborrable.

Para muchos, aquella noche fue la confirmación de que Colo Colo estaba preparado para alcanzar la gloria.
El empate en Asunción
La final enfrentó al conjunto chileno con Olimpia de Paraguay, campeón vigente y uno de los equipos más poderosos de Sudamérica. El partido de ida se disputó en el estadio Defensores del Chaco. Olimpia intentó imponer su experiencia y jerarquía, pero se encontró con una defensa alba sólida y ordenada. El empate sin goles fue celebrado por Colo Colo como una victoria estratégica. La definición quedaba abierta para Santiago.
La noche que cambió la historia
El 5 de junio de 1991 el Estadio Monumental vivió la jornada más importante de su existencia. Las entradas se agotaron rápidamente y miles de personas siguieron el encuentro por radio y televisión en todo el país.
El ambiente era de tensión absoluta. Sin embargo, Colo Colo resolvió la final mucho antes de lo esperado. A los 13 minutos Luis Pérez abrió la cuenta. Cuatro minutos después el mismo delantero anotó el segundo gol. El Monumental explotó.

Olimpia intentó reaccionar, pero el equipo chileno mantuvo el control del partido. Cuando faltaban pocos minutos para el final, Leonel Herrera marcó el tercer tanto. La goleada era un hecho. Chile tenía por fin un campeón de América.
La celebración de todo un país
Los festejos se extendieron durante toda la madrugada. Miles de personas salieron a las calles de Santiago y de regiones para celebrar una conquista que trascendía los colores. Por primera vez un equipo chileno había alcanzado la cima del continente. Las imágenes de la copa levantada por Jaime Pizarro recorrieron Sudamérica. La prensa internacional destacó la disciplina táctica del equipo de Mirko Jozić y el alto nivel mostrado durante toda la competición.
El legado de 1991
La obtención de la Copa Libertadores no fue el final de la historia. Meses después Colo Colo conquistó la Recopa Sudamericana y la Copa Interamericana. Además, disputó la Copa Intercontinental frente al Estrella Roja de Belgrado en Tokio. Aunque perdió ese encuentro, el club consolidó el mejor ciclo internacional de un equipo chileno. Treinta y cinco años después, la conquista sigue siendo un punto de referencia obligado para cualquier análisis sobre el fútbol nacional. Universidad Católica alcanzó una final continental en 1993. Universidad de Chile ganó la Copa Sudamericana en 2011. Sin embargo, la Libertadores continúa siendo una cuenta pendiente para todos los demás clubes chilenos.
Una hazaña que el tiempo engrandece
Con el paso de los años, la campaña de Colo Colo en 1991 ha adquirido una dimensión casi mítica. No solo por haber conquistado el torneo más importante de América, sino porque sigue siendo una marca imposible de igualar para el fútbol chileno. Los protagonistas envejecieron. Algunos ya no están. Los estadios cambiaron. El fútbol se transformó en una industria multimillonaria. Pero la imagen permanece intacta Jaime Pizarro levantando la Copa Libertadores bajo el cielo de Santiago.

Una fotografía que resume el momento más glorioso que ha vivido un club chileno. Y que, 35 años después, continúa recordando que una vez Colo Colo conquistó América y escribió la página más importante de la historia del fútbol nacional.
El Maipo




