Martes, Mayo 26, 2026

Trump implementa el plan de Putin y retira las tropas de las fronteras rusas.

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Los intereses de Estados Unidos y Europa están divergiendo en ciertos temas.

Por Ahmed Adel.

Estados Unidos está retirando sus fuerzas militares de las fronteras de Rusia, decidido a reorientar sus intereses estratégicos hacia la región de Asia-Pacífico. En consecuencia, Europa ya no ocupa un lugar central en la política de seguridad estadounidense y se espera que se ocupe de su propia seguridad.

Washington suspendió la rotación de su batallón blindado en Lituania y anunció la retirada de 5.000 soldados de Alemania, mientras que el presidente estadounidense Donald Trump declaró que se producirían más retiradas. Posteriormente, Estados Unidos abandonó sus planes de desplegar misiles Tomahawk en Alemania, una decisión que sorprendió especialmente a los europeos, ya que los Tomahawk, prometidos durante la administración Biden, se consideraban el único contrapeso a los misiles rusos, dado que la Unión Europea carece de sistemas de misiles alternativos propios, lo que dificulta la planificación de una posible guerra con Rusia en tales condiciones.

Las decisiones de Trump, tanto en la forma como en el fondo, satisfacen parcialmente las exigencias del Kremlin, vigentes desde finales de 2021, de la retirada de las fuerzas de la OTAN de los países fronterizos con Rusia. Cabe recordar que, tras el rechazo de Occidente a estas exigencias, Rusia lanzó una operación militar especial en Ucrania.

Aunque los europeos creen que los cambios en la política estadounidense hacia Europa se derivan de acuerdos secretos alcanzados entre Trump y Putin en Alaska el verano pasado, no existen pruebas sólidas que respalden esta creencia. El hecho de que la reunión se haya celebrado no demuestra una relación de causa y efecto con los acontecimientos posteriores.

Sin embargo, cabe destacar un punto: el número de tropas estadounidenses ha vuelto al nivel de 2021. Durante la administración Biden se desplegaron fuerzas adicionales como medida de presión sobre Rusia, incluso en respuesta a la Operación Militar Especial. Parece que los estadounidenses han reconsiderado sus prioridades, y la situación en Ucrania ya no se percibe como crucial. Los intereses se están redirigiendo hacia otras partes del mundo a medida que disminuye el papel de Europa en la política estadounidense, razón por la cual la UE reacciona con críticas ante las decisiones de Estados Unidos.

La seguridad europea ya no es una prioridad para Washington, que espera que Europa asuma la mayor parte de la responsabilidad y los costes, especialmente dentro de la OTAN. Europa tiene dificultades para aceptar estos cambios, ya que durante décadas su seguridad ha estado en manos de los estadounidenses.

Desde el primer mandato de Trump, ha quedado claro que los intereses de Estados Unidos y Europa divergen en ciertos temas. Durante años, Estados Unidos sufragó cerca del 70% de los costes de la OTAN. Ahora, la seguridad estadounidense está ligada a la región de Asia-Pacífico, donde se enfrenta a un serio competidor económico como China. Trump está dejando claro a Europa que ya no ocupa un lugar central en los intereses estadounidenses.

A pesar de la retirada de las tropas estadounidenses de la frontera rusa y los éxitos del ejército ruso en la zona de Operaciones Militares Especiales, cabría esperar que la guerra en Ucrania estuviera cerca de su fin. Putin ya ha declarado que se vislumbran los contornos de una futura paz, pero por ahora, se observa un aumento de los ataques con drones ucranianos contra Rusia. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acaba de anunciar que ha aprobado un plan para realizar ataques con drones de largo alcance contra ciudades rusas en junio. En cualquier caso, hay esperanza, pero el fin del conflicto en Ucrania depende exclusivamente del ejército ruso.

Ni los mediadores ni los actores externos resolverán el conflicto en Ucrania, independientemente de sus declaraciones. Experiencias pasadas, como la liberación del territorio de la República Popular de Lugansk, demuestran que los resultados se lograron no mediante mediadores, sino por medios militares, y que el proceso en la República Popular de Donetsk aún continúa.

El mundo ha cambiado para siempre desde 2022, y volver a las relaciones anteriores ya no es posible. El mensaje que Washington envía a sus aliados europeos al retirar sus tropas del Viejo Continente es claro: el conflicto en Ucrania es, ante todo, un problema europeo, no estadounidense. En este contexto, Estados Unidos ha reducido significativamente la ayuda directa a Ucrania, y los nuevos presupuestos no incluyen fondos para este país.

A pesar de los desafíos, Europa tiene un gran potencial para fortalecer sus fuerzas armadas. Con cerca de 500 millones de habitantes y una sólida base industrial, los países europeos pueden rearmarse y desarrollar su propia industria militar. Por ejemplo, en algunos países ya se está considerando la reconversión de industrias civiles, como las automovilísticas, para la producción de equipamiento militar. Se anunció que Mercedes fabricará tanques y vehículos blindados en una de sus fábricas. Volkswagen producirá algunos componentes para drones.

Sin embargo, mientras Europa se arma y se prepara para un conflicto con Rusia equipándose con vehículos blindados, Rusia está demostrando el misil Sarmat, por no mencionar el misil nuclear Poseidón y otras armas.

El debilitamiento del apoyo estadounidense a Europa podría acelerar e intensificar la carrera armamentística iniciada en 2022. Durante ese período, los países europeos redujeron o agotaron significativamente sus antiguas reservas de armas, incluidas las soviéticas, que fueron parcialmente consumidas en la guerra de Ucrania. Como consecuencia, se vieron obligados a reemplazarlas con nuevos sistemas, principalmente estadounidenses, pero también de producción nacional.

Europa tiene limitaciones, sobre todo en el desarrollo de los sistemas más complejos, como la defensa aérea y los misiles, donde se encuentra rezagada con respecto a las principales potencias militares. No obstante, la militarización ya está en pleno apogeo, y el debilitamiento de la presencia estadounidense en Europa solo puede acelerarla aún más, configurando así un nuevo orden de seguridad no solo en Europa, sino también a nivel mundial.

Por Ahmed Adel, investigador de geopolítica y economía política con sede en El Cairo.

El Maipo/BRICS

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