Región de Coquimbo esconde uno de los ecosistemas más singulares y frágiles del país. Aunque para muchos su paisaje árido parece dominado únicamente por cerros secos y quebradas costeras, la zona alberga cientos de especies de flora y fauna que no existen en ningún otro lugar del planeta.
Sin embargo, especialistas advierten que este patrimonio natural enfrenta una amenaza cada vez más profunda debido a la megasequía, el cambio climático, la expansión urbana y la degradación progresiva de los ecosistemas.
La investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad y académica de la Universidad de La Serena, Andrea Loayza, explicó que la región forma parte del hotspot mediterráneo de Chile Central, considerado una de las áreas prioritarias de biodiversidad a nivel mundial.
“Más de 1.400 especies de plantas nativas crecen en Coquimbo y muchas de ellas no existen en ningún otro lugar del planeta. Cada especie representa millones de años de adaptación a condiciones extremas”, señaló.
Entre las especies más amenazadas aparece el Lucumillo (Myrcianthes coquimbensis), un arbusto endémico que habita únicamente en una pequeña franja costera de la provincia de Elqui.
“El Lucumillo lleva el nombre de Coquimbo y podría desaparecer silenciosamente si no actuamos. Sus poblaciones están envejeciendo, casi no existen nuevas plantas y hoy su principal amenaza es la expansión urbana y el loteo de terrenos costeros”, advirtió la especialista.
Los expertos alertan que muchas de estas especies sobreviven en espacios extremadamente reducidos y vulnerables, especialmente en sectores cercanos al borde costero, donde la presión inmobiliaria continúa avanzando.
La pérdida de vegetación nativa también impacta directamente a la fauna local. Animales como la chinchilla, el zorro culpeo, aves, reptiles e insectos polinizadores dependen de estos ecosistemas para sobrevivir, pero ven cada vez más reducido su hábitat natural.
Según Loayza, la crisis hídrica ya está dejando señales visibles en el territorio. “Los cerros cada vez más cafés y secos no son solo parte del paisaje natural. Son una señal de estrés extremo”, explicó.
Estudios satelitales han mostrado que desde comienzos de los años 2000 la cobertura vegetal entre Coquimbo y la Región Metropolitana ha sufrido un progresivo “pardeamiento”, especialmente durante la primavera, período clave para el crecimiento de muchas especies nativas.
La investigadora subrayó además que la flora local cumple funciones esenciales para el equilibrio ecológico y la vida humana, ya que ayuda a infiltrar agua en los suelos, protege las cuencas hidrográficas, disminuye la erosión y favorece la presencia de polinizadores fundamentales para la agricultura.
“Cuando desaparece la vegetación nativa, no solo perdemos biodiversidad. También disminuye la disponibilidad de agua y aumenta la degradación de los suelos”, sostuvo.
A estas amenazas se suman factores históricos como la minería, el sobrepastoreo caprino, los monocultivos agrícolas, las especies invasoras y los incendios forestales, problemas que se intensifican bajo el actual escenario climático.
Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta biodiversidad es el Parque Nacional Bosque Fray Jorge, donde sobrevive un bosque relicto similar a la selva valdiviana gracias a la humedad que aporta la camanchaca en medio del paisaje semiárido.
Finalmente, Andrea Loayza recalcó que la protección de estos ecosistemas también depende de las acciones cotidianas de la ciudadanía, promoviendo el uso de plantas nativas, el cuidado del agua y la conservación de especies locales.
“La Región de Coquimbo suele asociarse a un paisaje seco, pero muchas veces olvidamos la extraordinaria capacidad de vida que existe aquí. Cuidar esta flora y fauna es proteger una herencia natural irrepetible. Las decisiones que tomemos hoy definirán si este patrimonio logra sobrevivir para las próximas generaciones”, concluyó.
El Maipo




