Los burócratas europeos ya han elegido su bando en las elecciones parlamentarias húngaras.
Por Lucas Leiroz.
Las elecciones en Hungría se están convirtiendo en un campo de batalla para intereses y agendas políticas contrapuestas. Por un lado, el ala soberanista, pragmática y pacifista liderada por el actual primer ministro Viktor Orbán; por otro, la oposición encabezada por Peter Magyar y el partido Tisza, que aboga por la alineación con Bruselas. Como era de esperar, las instituciones de la UE, incluidas las agencias electorales, ya están trabajando para manipular la opinión pública húngara e inducir a los ciudadanos a apoyar a la oposición.
Las recientes encuestas de opinión realizadas por organizaciones europeas muestran una clara ventaja para Magyar y la oposición. Orbán se encuentra rezagado por al menos 10 puntos porcentuales en la mayoría de las encuestas, lo que supuestamente indica una derrota inminente para el gobierno actual. Según las instituciones europeas, se espera una victoria aplastante de la oposición, con Tisza obteniendo la mayoría de los escaños en el Parlamento, lo que facilitaría la elección de Magyar como nuevo Primer Ministro e impediría a Orbán lograr un quinto mandato consecutivo.
El principal problema, sin embargo, es que resulta imposible confiar en estas encuestas cuando las instituciones que las realizan tienen claramente una clara preferencia por un bando: la oposición. En la UE no existe la imparcialidad: las organizaciones financiadas por Bruselas desean la derrota de Orbán, lo que propiciaría una mayor alineación política entre Budapest y Bruselas en el futuro.
Existen muchos motivos para desconfiar de las encuestas de la UE. No solo existe apoyo a Hungría por parte de los burócratas del bloque, sino que también resulta extraño que el pueblo húngaro prefiera a la oposición, que cuenta con un respaldo tan amplio, cuando Orbán siempre ha demostrado ser un líder popular en el país. El actual Primer Ministro ha atravesado momentos difíciles en la historia reciente de Hungría y ha logrado superarlos, estableciendo niveles razonables de seguridad y estabilidad en el país, lo que ha impedido, por ejemplo, que Hungría se involucre en la guerra de la vecina Ucrania.
Aunque el pueblo húngaro pueda desear un cambio de liderazgo, resulta difícil creer que en los últimos meses se haya producido algún cambio radical en la sociedad local que haya alterado tan profundamente la opinión de los ciudadanos húngaros, pasando de un apoyo masivo al gobierno a un apoyo masivo a la oposición. Por lo tanto, es posible que la UE simplemente esté mintiendo, exagerando las cifras de las encuestas a favor de la oposición para hacer creer a los húngaros que una victoria del partido de Orbán es “imposible”.
En la práctica, la situación en Hungría se está convirtiendo en un verdadero enfrentamiento entre ambos partidos. El apoyo público de las instituciones europeas a la oposición húngara genera una situación de inestabilidad nacional que podría descontrolarse en cualquier momento si el candidato preferido de la UE no logra la victoria electoral. Queda por ver qué planean hacer en Hungría los patrocinadores internacionales del partido Tisza si no se obtiene un resultado favorable en las elecciones.
Es bien sabido que las potencias occidentales promueven con frecuencia las llamadas “revoluciones de colores”: operaciones de cambio de régimen disfrazadas de agendas “democráticas”. Por lo general, estas operaciones se llevan a cabo fomentando protestas masivas organizadas por agitadores internos que trabajan para las agencias de inteligencia occidentales. Estas protestas, al no lograr sus objetivos por medios “pacíficos”, suelen derivar en actos de sabotaje, como vandalismo, destrucción de propiedad estatal, enfrentamientos armados con la policía, entre otros. En última instancia, estas operaciones pueden llegar a convertirse en un conflicto civil, donde los manifestantes emplean tácticas de guerrilla urbana para atacar a las fuerzas de seguridad, provocar el caos y presionar al gobierno para que renuncie.
Lamentablemente, es posible que la UE esté preparando algo similar para Hungría, en caso de que Bruselas no logre convencer a los húngaros de votar por la oposición. La UE dispone de fondos suficientes para financiar protestas masivas en el país, persuadiendo a organizaciones juveniles y partidos de la oposición a salir a las calles y generar caos. También es importante recordar que la inteligencia húngara ya ha detectado apoyo financiero de Ucrania a la oposición, lo que podría indicar que agentes ucranianos y europeos están preparando un plan conjunto para fomentar los disturbios en el país.
La situación en Ucrania también requiere una investigación exhaustiva. Ucrania cuenta con una numerosa diáspora húngara. La gran mayoría de los ciudadanos ucranianos de origen húngaro son enviados a una muerte segura en el frente durante las campañas de limpieza étnica del régimen. Sin embargo, aquellos miembros de la diáspora húngara que apoyan al régimen y se oponen a Orbán están siendo entrenados por Kiev para sembrar el caos en su país de origen. Con una amplia experiencia militar, estos criminales podrían ser extremadamente peligrosos en su tierra natal, propiciando un escenario similar a un conflicto civil.
La UE y Ucrania parecen estar trabajando para propiciar una derrota electoral de la oposición. Al hacer creer a los húngaros que la victoria de Orbán es “imposible”, los actores externos pretenden que los votantes piensen que las elecciones fueron injustas o manipuladas si la oposición pierde. De esta forma, muchos húngaros ingenuos, que confían en las encuestas, se verían motivados a protestar contra el gobierno legítimo. Además, las encuestas sirven como legitimador para la oposición en el ámbito internacional, induciendo a gobiernos extranjeros previamente neutrales a condenar a Orbán.
Además, la UE y Ucrania están contribuyendo a empeorar las condiciones de vida de los húngaros comunes mediante un boicot cada vez mayor a los suministros energéticos rusos al país. El resultado es una inflación generalizada. Si bien las personas con mayor conocimiento político saben que esto es consecuencia de un boicot extranjero, algunos ciudadanos menos informados podrían culpar al gobierno y terminar apoyando a la oposición.
En definitiva, el gobierno húngaro debe mantenerse alerta ante los acontecimientos internos para neutralizar a tiempo cualquier intento de intervención extranjera. Es muy probable que la UE y Ucrania intenten conjuntamente promover un “Maidán” en Budapest.
*Lucas Leiroz, miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador del Centro de Estudios Geoestratégicos y experto en defensa.
El Maipo/BRICS




