Miércoles, Abril 1, 2026

Colaboración con EEUU no bastará para que Ecuador deje de ser “un nicho de violencia”, dice analista

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Por Samantha Arias

Al cierre del primer trimestre de 2026, el Gobierno de Daniel Noboa presentó la captura de cabecillas y la cooperación con Estados Unidos como los pilares de su victoria contra el crimen organizado.

Sin embargo, analistas en seguridad y defensa advierten que los resultados podrían ser efímeros, esto debido a que la falta de una planificación de largo plazo, sumada a una política exterior inconsistente con vecinos regionales. Lo anterior está convirtiendo la estrategia de “mano dura” en un paliativo que no ha podido desarticular las estructuras logísticas del narcotráfico.

Inteligencia operacional sin estrategia de fondo

La relación entre Quito y Washington se ha estrechado bajo la premisa de optimizar las capacidades de respuesta del Estado ecuatoriano. Para Diego Pérez, politólogo y docente de la Escuela de Seguridad y Defensa del IAEN, esta renovación de vínculos era esperada tras un periodo de debilitamiento, pero adolece de un vacío de planificación.

“Ecuador carece de una perspectiva de largo plazo. Al carecer de una planificación, de una mirada de largo plazo, la cooperación tiende a volverse ineficiente y tiende a concentrarse particularmente en problemas coyunturales”, explica Pérez a Sputnik.

Uno de los hitos más publicitados ha sido la apertura de oficinas del FBI en territorio nacional. Katherine Herrera, magíster en investigación en seguridad y consultora política, coincide en que esto fortalece el “aparataje de inteligencia táctica u operacional”, ayudando a las fuerzas del orden en acciones específicas. Sin embargo, ambos expertos advierten que la presencia de agencias externas no es una solución mágica, por lo que resulta vital no crear falsas expectativas.

“No se debe considerar que solo por esta cooperación o la apertura de estas nuevas agencias, Ecuador va a dejar de ser un nicho de violencia o el centro de operaciones en cuanto a exportación de cocaína u otros delitos propios del crimen organizado internacional”, sugiere.

Por su parte, Pérez enfatiza que, pese a la intensidad del intercambio, se debe aclarar la naturaleza de la presencia extranjera para evitar confusiones sobre la soberanía: “No hay presencia de tropas estadounidenses en el territorio ecuatoriano porque constitucionalmente está impedido esto, pero sí hay un intercambio de información que se ha intensificado”.

El “efecto globo”

La estrategia gubernamental se ha centrado en descabezar organizaciones. Si bien este enfoque genera créditos políticos inmediatos, los analistas coinciden en que no está afectando el corazón del negocio criminal. En este punto, tanto Pérez como Herrera coinciden en que las capturas de cabecillas son resultados “momentáneos” o “efímeros” que no erradican el delito.

“La estrategia se ha concentrado en la captura de objetivos de alto valor. Si esa es la medida, podríamos decir que ha sido exitosa. El problema es que las organizaciones han seguido operando sin mayor problema”, señala Pérez.

Herrera refuerza esta idea al indicar que las estructuras son resilientes porque no se ataca su base: “Esto no significa que te va a erradicar los distintos delitos de narcotráfico, minería ilegal o tráfico de armas, porque no estás atacando a la logística, no estás atacando justamente a esos aliados estratégicos que le permiten ser resiliente al crimen organizado”.

Esta dinámica desemboca en lo que Pérez denomina el “efecto globo”: cuando el Estado presiona en una zona conflictiva (como Manta o Manabí), la criminalidad simplemente se traslada a otro espacio geográfico sin detener sus operaciones. Pérez recuerda que, pese a operativos similares en 2025, ese año cerró como el más violento de la historia del país, con 50 muertes por cada 100.000 habitantes.

Cárceles, justicia y “mano dura”

Para Herrera, el problema de Ecuador es dual: por un lado, el crimen organizado transnacional y, por otro, la violencia e inseguridad interna (secuestros y extorsiones, entre otros). La analista sostiene que la “mano dura” es insuficiente si no se retoma el control real del sistema penitenciario y se realiza una depuración de las instituciones.

“Tiene que haber una limpieza total en todas las entidades de fuerza pública, fiscalía de investigación, sobre todo en aparataje de justicia, para romper ese nexo, ese vínculo que hay entre estas entidades criminales con actores públicos y privados. Actualmente, si es que tú solo te enfocas en mano dura, estás desviando estas aristas”, advierte Herrera.

Además, surge la preocupación sobre la eficacia de las detenciones masivas bajo los estados de excepción. Pérez señala que en el último periodo se detuvieron a unas 2.000 personas, provocando un crecimiento del 36% de la población carcelaria, pero cuestiona: “¿Cuántas de esas personas efectivamente estaban vinculadas a estructuras criminales y cuántas eran solamente personas que no estaban cumpliendo con el toque de queda?”.

El vacío de México y Colombia

Un punto crítico donde los expertos coinciden plenamente es en la desconexión entre la política de seguridad y la exterior. Ecuador ha priorizado su relación con el “país consumidor” (EEUU), pero ha descuidado o fracturado sus relaciones con los actores clave: Colombia y México.

“La política de seguridad no se puede pensar disociada de la política exterior. El proceso de la violencia para el Ecuador se origina en Colombia, pasa por el Ecuador, llega a México y de México llega a los Estados Unidos. Está bien que hayamos recuperado los espacios de cooperación con los Estados Unidos, pero no podemos mantenernos obviando el caso de México y el de Colombia”, dijo Diego Pérez.

Herrera añade que la diplomacia debe ser técnica y no ideológica. Al romper relaciones con México, Ecuador pierde acceso a información sobre el segundo actor más importante en la dinámica de las drogas.

¿Resultados reales o marketing político?

Al finalizar marzo de 2026, la percepción de seguridad en el ciudadano común sigue siendo frágil. Mientras el Gobierno celebra la destrucción de campamentos mineros y pistas clandestinas, Herrera advierte que el “crimen desorganizado” (secuestros y robos comunes) sigue afectando el día a día de la población, independientemente de si pertenecen a grandes bandas como “Los Lobos” o “Los Choneros”.

La conclusión de los expertos es que existe una “intención positiva” por parte de las autoridades de concentrarse en nodos logísticos y puertos, pero los resultados no terminan de “cuajar”. Sin una política exterior que reconstruya los puentes con Bogotá y Ciudad de México, y sin una planificación interna que limpie el sistema de justicia y fortalezca la inteligencia estratégica, la ayuda de Estados Unidos seguirá siendo un soporte táctico para un barco que aún navega sin rumbo a largo plazo.

El Maipo/Sputnik

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