Por Mongabay Latam
El oso andino o de anteojos, también conocido como oso frontino, ucumari o jucumari, es una de las especies más carismáticas y emblemáticas de Sudamérica. Su rol ecológico es fundamental: actúa como dispersor de semillas, contribuyendo a la regeneración natural de los bosques y al equilibrio de los ecosistemas que habita.
Sin embargo, su supervivencia está en serio riesgo debido a la fragmentación de su hábitat, la expansión de la frontera agrícola, los conflictos con actividades humanas y la cacería. Por estas amenazas, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica actualmente como Vulnerable.
Pero no todo son malas noticias. En el Día Internacional para la Protección de los Osos del Mundo, que se celebra cada 21 de febrero, presentamos una serie de imágenes que inspiran y renuevan la esperanza, mostrando cinco proyectos que demuestran que la conservación del oso andino sí es posible. Iniciativas que, desde Argentina, Colombia, Venezuela, Perú y Bolivia, están protegiendo a esta especie y restaurando su hábitat.


En Argentina, el Proyecto Juco trabaja con las poblaciones más australes de oso andino y lograron confirmar, después de muchos años de incertidumbre, que el área de distribución de esta especie llega hasta las provincias de Salta y Jujuy en el país. Uno de los principales logros del proyecto fue la inclusión del oso andino en el listado de mamíferos presentes en Argentina. Fernando Del Moral, director de Juco, y sus colegas de investigación, también han sido pioneros en el rastreo de huellas de oso valiéndose del olfato de los perros.

Marcaje de indicios odoríferos. Foto: cortesía Proyecto Juco.
En el norte del Valle del Cauca, en Colombia, comunidades cafeteras están protegiendo al oso andino a través del café. Liberaron áreas con bosques y nacederos de agua, permitiendo que el oso recupere su hábitat sin afectar los cultivos. Así nació Guardianes del Oso Andino, primer café en Sudamérica con certificación Andean Bear Friendly, un reconocimiento a su producción sostenible y en armonía con el hábitat de esta emblemática especie.

El café Guardianes del Oso Andino es cultivado por las familias y productores del norte del Valle del Cauca. Foto: Café Oso Andino / Conservamos la Vida
En Venezuela se creó un sistema interconectado de varios parques nacionales para asegurar la conservación del hábitat del oso, que va desde el Estado de Táchira hasta el Estado de Lara. “Se fueron ensamblando los parques nacionales como en un rompecabezas, y tenemos un sistema formado por 12 parques nacionales y un monumento natural que fueron creados para proteger el hábitat del oso frontino”, dice Marcos Hidalgo, director del Proyecto Oso Andino Guaracamal.


En Perú, la bióloga Ruthmery Pillco lidera el proyecto de conservación del oso andino en la estación biológica Wayqecha en Perú. Con el análisis de cámaras trampa, telemetría y ADN Ambiental, los investigadores buscan conocer los movimientos migratorios de la especie, su dieta y cómo el cambio climático podría afectarla.

Ruthmery Pillco revisando una cámara trampa. Foto: cortesía Andrew Whitworth
Desde Bolivia, la bióloga Ximena Vélez-Liendo, directora del Programa para la Conservación de Carnívoros Andinos, comenta que en el país se ha ampliado el área de distribución del oso andino. “En los últimos años hemos generado información sobre el oso andino en varios relictos de bosques seco interandino que no eran considerados su hábitat. Con esta información se ha ampliado un tercio de lo que era su área de distribución”, dice Vélez-Liendo.

El equipo liderado por Velez-Liendo coloca cámaras trampa en puntos estratégicos para fotografiar a los animales a su paso por el lugar. Foto de X. Velez -Liendo-CJ. Quiroga. Andean Carnivore Conservation Initiative.
Imagen principal: Familia de osos andinos. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia y Procat.
El Maipo/Mongabay




